<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-99439153002901095</id><updated>2011-04-21T17:50:59.229-07:00</updated><title type='text'>Mística Ciudad de Dios 6º parte</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios6.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/99439153002901095/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios6.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-99439153002901095.post-7531157166946886623</id><published>2008-12-28T15:05:00.000-08:00</published><updated>2008-12-28T15:12:04.043-08:00</updated><title type='text'>MÍSTICA CIUDAD DE DIOS 6ª PARTE</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SVgHduT73wI/AAAAAAAAAcw/8wZUyReATxY/s1600-h/Image245.gif"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SVgHduT73wI/AAAAAAAAAcw/8wZUyReATxY/s400/Image245.gif" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5284982369948524290" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: PARTE 6&lt;br /&gt;11. Un día de éstos, para respirar un poco, clamé de lo&lt;br /&gt;profundo de mi corazón, y dije: ¡Ay de mí, que a tal&lt;br /&gt;estado he venido, y ay del alma que se viere en él! ¿A&lt;br /&gt;dónde iré, que todos los puertos de mi salud están&lt;br /&gt;cerrados? Luego me respondió una voz fuerte y suave en&lt;br /&gt;el mismo interior: ¿A dónde quieres ir fuera del mismo&lt;br /&gt;Dios? Conocí en esta respuesta que mi remedio estaba&lt;br /&gt;propicio en el Señor y con el aliento de esta luz comencé&lt;br /&gt;a levantarme de aquel confuso abatimiento en que&lt;br /&gt;estaba oprimida y sentí una fuerza que me fervorizaba en&lt;br /&gt;los deseos y en los actos de Fe, Esperanza y Caridad.&lt;br /&gt;Humilléme en la presencia del Altísimo y con segura&lt;br /&gt;confianza en su bondad infinita lloré mis culpas con&lt;br /&gt;amarga contrición, confeséme de ellas muchas veces y&lt;br /&gt;con suspiros de lo íntimo de mi alma salí a buscar mi&lt;br /&gt;antigua luz y verdad. Y como la Divina sabiduría se&lt;br /&gt;anticipa a quien la llama (Sab., 6, 17), salióme luego al&lt;br /&gt;encuentro con alegre semblante y serenó la noche de mi&lt;br /&gt;confusa y dolorosa tormenta.&lt;br /&gt;12. Amanecióme luego el claro día que yo deseaba y&lt;br /&gt;volví a la posesión de mi quietud, gozando la dulzura del&lt;br /&gt;amor y vista de mi Señor y dueño, y con ella conocí la&lt;br /&gt;razón que tenía para creer, admitir y reverenciar los&lt;br /&gt;beneficios y favores de su brazo poderoso que en mí&lt;br /&gt;obraba. Agradecílos cuanto pude, y conocí quién soy yo y&lt;br /&gt;quién es Dios y lo que puede la criatura por sí sola, que&lt;br /&gt;todo es nada, porque nada es el pecado, y lo que puede&lt;br /&gt;levantada y asistida de la Divina diestra, que sin duda es&lt;br /&gt;mucho más de lo que imagina nuestra capacidad terrena;&lt;br /&gt;y abatida en el conocimiento de estas verdades y en&lt;br /&gt;presencia de la luz inaccesible, que es grande, fuerte, sin&lt;br /&gt;engaño, ni dolo, y con esta inteligencia se deshacía mi&lt;br /&gt;corazón en afectos dulces de amor, alabanza y&lt;br /&gt;agradecimiento, porque me había guardado y defendido&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;para que en la noche de mis confusas tentaciones no se&lt;br /&gt;extinguiese mi lucerna (Prov., 31, 18), y en este&lt;br /&gt;agradecimiento me pegaba con el polvo y humillaba&lt;br /&gt;hasta la tierra.&lt;br /&gt;13. Para ratificar este beneficio tuve luego una interior&lt;br /&gt;exhortación, sin conocer con clara vista quién me la&lt;br /&gt;daba; pero a un mismo tiempo me reprendía con&lt;br /&gt;severidad mi deslealtad y mal proceder que había&lt;br /&gt;tenido y con amable majestad me amonestaba y&lt;br /&gt;alumbraba, dejándome corregida y enseñada. Diome&lt;br /&gt;nuevas inteligencias del bien y del mal, de la virtud y del&lt;br /&gt;vicio, de lo seguro, útil y de lo bueno y también de lo&lt;br /&gt;contrario; descubrióme el camino de la eternidad,&lt;br /&gt;dándome noticia de los principios, de los medios y de los&lt;br /&gt;fines, del aprecio de la vida eterna, de la infeliz miseria y&lt;br /&gt;poco advertida desdicha de la perdición sin fin.&lt;br /&gt;14. En el profundo conocimiento de estos dos extremos,&lt;br /&gt;confieso quedé enmudecida y casi turbada entre el temor&lt;br /&gt;de mi fragilidad que me desmayaba y el deseo de&lt;br /&gt;conseguir lo que no era digna porque me hallaba sin&lt;br /&gt;méritos. Alentábame la piedad y misericordia del Muy&lt;br /&gt;Alto y el temor de perderle me afligía; miraba los dos&lt;br /&gt;fines tan distantes de la criatura, de eterna gloria o&lt;br /&gt;eterna pena, y para conseguir lo uno y desviarme de lo&lt;br /&gt;otro me parecían leves todas las penas y tormentos del&lt;br /&gt;mundo, del purgatorio y del mismo infierno. Y aunque&lt;br /&gt;conocía que la criatura tiene cierto y seguro el favor&lt;br /&gt;divino si ella quiere aprovecharse de él, pero como&lt;br /&gt;también entendía en aquella luz que está la muerte y la&lt;br /&gt;vida en nuestras manos (Eclo., 15, 18) y puede nuestra&lt;br /&gt;flaqueza o malicia malograr la gracia y que el&lt;br /&gt;madero ha de quedar adonde cayere (Ecl., 11, 3) para&lt;br /&gt;una y toda la eternidad, aquí desfallecía de dolor que&lt;br /&gt;amargamente penetraba mi corazón y alma.&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;15. Aumentó sumamente esta aflicción una severísima&lt;br /&gt;respuesta o pregunta que tuve del Señor; porque, como&lt;br /&gt;yo me hallaba tan aniquilada en el conocimiento de mi&lt;br /&gt;flaqueza y peligro y de lo que había desobligado a su&lt;br /&gt;justicia, no me atrevía a levantar los ojos en su presencia,&lt;br /&gt;y en aquella mudez encaminé mis gemidos a su&lt;br /&gt;misericordia. Respondióme a ellos, y díjome: ¿Qué&lt;br /&gt;quieres, alma? ¿Qué buscas? ¿Cuál de estos caminos&lt;br /&gt;eliges? ¿Cuál es tu determinación? Esta pregunta fue una&lt;br /&gt;flecha para mi corazón; y aunque sabía de cierto que el&lt;br /&gt;Señor conocía mi deseo mejor que yo misma, con todo&lt;br /&gt;eso era de increíble dolor la dilación de la pregunta a la&lt;br /&gt;respuesta, porque yo quisiera que, si fuera posible, se&lt;br /&gt;anticipara y no se me mostrara el Señor como ignorante&lt;br /&gt;de lo que yo había de responder. Pero movida de una&lt;br /&gt;gran fuerza respondí a voces de lo íntimo del alma, y dije:&lt;br /&gt;Señor y Dios todopoderoso, la senda de la virtud, el&lt;br /&gt;camino de la eterna vida, éste quiero, éste elijo, para&lt;br /&gt;que me llevéis por él, y si no lo merezco de vuestra&lt;br /&gt;justicia apelo a vuestra misericordia y presento en mi&lt;br /&gt;favor los infinitos merecimientos de vuestro Hijo&lt;br /&gt;Santísimo y mi Redentor Jesucristo.&lt;br /&gt;16. Conocía entonces que se acordaba este sumo Juez&lt;br /&gt;de la palabra que dio a su Iglesia, que concedería todo lo&lt;br /&gt;que se le pidiese en el nombre de su Unigénito (Jn., 16,&lt;br /&gt;23) y que en Él y por Él se despachaba y concedía mi&lt;br /&gt;petición, según mi pobre deseo, y que se me intimaba&lt;br /&gt;con ciertas condiciones que me declaró una voz&lt;br /&gt;intelectual, que me dijo en el interior: Alma criada por&lt;br /&gt;mano del omnipotente Dios, si pretendes como escogida&lt;br /&gt;seguir el camino de la verdadera luz y llegar a ser&lt;br /&gt;carísima esposa del Señor que te llamó, conviénete que&lt;br /&gt;guardes las leyes y preceptos del amor que de ti quiere.&lt;br /&gt;El primero ha de ser que con efecto te niegues toda a ti&lt;br /&gt;misma y a todas tus inclinaciones terrenas, renunciando&lt;br /&gt;todo y cualquier amor de lo momentáneo, para que ni&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;ames ni admitas el amor de ninguna criatura visible, por&lt;br /&gt;más útil, hermosa, ni agradable que te parezca; de&lt;br /&gt;ninguna has de admitir especies, ni caricias, ni afectos, ni&lt;br /&gt;el de tu voluntad se ha de terminar en cosa criada más&lt;br /&gt;de en cuanto te lo mandare tu Señor y Esposo para el uso&lt;br /&gt;de la Caridad bien ordenada, o en cuanto te pueden&lt;br /&gt;ayudar para que le ames sólo a Él.&lt;br /&gt;17. Y cuando, habiendo cumplido perfectamente con&lt;br /&gt;esta negación y renunciación, quedares libre y sola,&lt;br /&gt;alejada de todo lo terreno, quiere el Señor que con alas&lt;br /&gt;de paloma levantes con velocidad el vuelo a una alta&lt;br /&gt;habitación en que su dignación quiere colocar tu espíritu,&lt;br /&gt;para que en ella vivas y asistas y tengas tu morada. Este&lt;br /&gt;gran Señor es esposo celosísimo (Ex., 20, 5) y su amor y&lt;br /&gt;emulación es fuerte como la muerte (Cant., 8, 6), y así te&lt;br /&gt;quiere guarnecer y depositar en lugar seguro para que&lt;br /&gt;no salgas de él y alejarte del que no lo estarás, ni te&lt;br /&gt;conviene a sus caricias. Quiere asimismo señalarte de su&lt;br /&gt;mano con quién has de conversar sin recelos, y ésta es&lt;br /&gt;ley justísima que deben observar las esposas de tan gran&lt;br /&gt;Rey, cuando las del mundo para ser fieles lo hacen; y es&lt;br /&gt;debido a la nobleza de tu Esposo tú guardes la&lt;br /&gt;correspondencia decente a la dignidad y título que de Él&lt;br /&gt;recibes, sin atender a cosa alguna que sea indigna de tu&lt;br /&gt;estado y te haga incapaz del adorno que te dará para&lt;br /&gt;que entres en su tálamo.&lt;br /&gt;18. Lo segundo que de ti quiere ha de ser que con&lt;br /&gt;diligencia te despojes de la vileza de tus vestiduras&lt;br /&gt;desandrajadas por tus culpas e imperfecciones,&lt;br /&gt;inmundas por los efectos del pecado y horribles por la&lt;br /&gt;inclinación de la naturaleza. Quiere Su Majestad lavar&lt;br /&gt;tus manchas y purificarte y renovarte con su hermosura,&lt;br /&gt;pero con advertencia que nunca pierdas de vista las&lt;br /&gt;vestiduras pobres y viles de que te despojan, para que,&lt;br /&gt;con la memoria de este beneficio y su conocimiento, el&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;nardo de la humildad despida olor de suavidad para&lt;br /&gt;este gran Rey (Cant., 1, 11), y que jamás pongas en&lt;br /&gt;olvido el retorno que debes al autor de tu salud, que con&lt;br /&gt;el precioso bálsamo de su sangre quiso purificarte y&lt;br /&gt;sanar tus llagas y copiosamente iluminarte.&lt;br /&gt;19. Sobre todo esto —añadió aquella voz— para que&lt;br /&gt;olvidada de todo lo terreno codicie tu hermosura el sumo&lt;br /&gt;Rey (Sal.,44,12), quiere que seas adornada de las joyas&lt;br /&gt;que te tiene prevenidas de su agrado: la vestidura que te&lt;br /&gt;cubra toda ha de ser más blanca que la nieve, más&lt;br /&gt;refulgente que el diamante, más resplandeciente que el&lt;br /&gt;sol, pero tan delicada que fácilmente la mancharás si te&lt;br /&gt;descuidas; y si lo hicieres serás aborrecible para tu&lt;br /&gt;Esposo y si la conservares en la pureza que desea serán&lt;br /&gt;tus pasos hermosísimos (Cant., 7, 1) como de la hija del&lt;br /&gt;Príncipe y Su Majestad se pagará de tus afectos y obras.&lt;br /&gt;Por ceñidor de este vestido te pone el conocimiento de su&lt;br /&gt;poder Divino y el temor santo, para que ceñidas tus&lt;br /&gt;inclinaciones te ajustes y te midas con su agrado. Las&lt;br /&gt;joyas y collar que adornen el cuello de tu humilde&lt;br /&gt;rendimiento serán las ricas piedras de la Fe, Esperanza y&lt;br /&gt;Caridad. A los cabellos altos y eminentes de tus pensamientos&lt;br /&gt;y divinas inteligencias servirá de apretador&lt;br /&gt;la sabiduría y ciencia infusa que te comunica, y toda la&lt;br /&gt;hermosura y riqueza de las virtudes será el resalte que&lt;br /&gt;adorne tu vestidura. De sandalias te servirá la diligencia&lt;br /&gt;solícita en obrar lo más perfecto, y los lazos de este&lt;br /&gt;calzado será la detención y grillos que te han de impedir&lt;br /&gt;para lo malo. Los anillos, que harán tus manos&lt;br /&gt;agradables, serán los siete dones del Divino Espíritu, y&lt;br /&gt;para resplandor de tu rostro será la participación de la&lt;br /&gt;Divinidad que por el amor santo te iluminará, y tú&lt;br /&gt;añadirás el color de la confusión de haberle ofendido,&lt;br /&gt;que te sirva de pudor para no hacerlo en adelante,&lt;br /&gt;confiriendo el grosero y torpe adorno que has dejado con&lt;br /&gt;este tan hermoso que recibes.&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;20. Y porque de tu cosecha eres mísera y pobrecilla&lt;br /&gt;para tan alto desposorio, quiere el Altísimo hacer más&lt;br /&gt;firme este contrato señalándote para dote los&lt;br /&gt;infinitos merecimientos de tu Esposo Jesucristo como&lt;br /&gt;si fueran sólo para ti, y te hace participante de su&lt;br /&gt;hacienda y tesoros, que contienen todo cuanto en los&lt;br /&gt;cielos y en la tierra está encerrado. Todo es hacienda de&lt;br /&gt;este Supremo Señor y de todo serás dueña como esposa&lt;br /&gt;para usar de ello en Él mismo y para más amarle. Pero&lt;br /&gt;advierte, alma, que para lograr tan raro beneficio quiere&lt;br /&gt;tu Señor y Esposo que te recojas toda dentro de ti misma,&lt;br /&gt;sin que jamás pierdas tu secreto; porque te aviso del&lt;br /&gt;peligro, que macularás esta hermosura con cualquiera&lt;br /&gt;pequeña imperfección; pero si como flaca la cometes,&lt;br /&gt;levántate luego como fuerte y llora como agradecida&lt;br /&gt;pesando tu pequeña culpa, como si fuera la más grave.&lt;br /&gt;21. Y para que también tengas habitación y lugar&lt;br /&gt;conveniente a tal estado, no te quiere estrechar tu Esposo&lt;br /&gt;la morada, antes gusta de señalarte, para que siempre&lt;br /&gt;habites en los espacios interminables de su Divinidad,&lt;br /&gt;que te dilates y espacies por los inmensos campos de sus&lt;br /&gt;atributos y perfecciones, donde la vista se dilata sin&lt;br /&gt;hallar término, la voluntad se deleita sin zozobra, el&lt;br /&gt;gusto se sacia sin amargura. Este es el paraíso siempre&lt;br /&gt;ameno, donde se recrean las esposas carísimas de Cristo&lt;br /&gt;y donde cogen las flores y la mirra fragantes y donde se&lt;br /&gt;halla el todo infinito por haber negado la imperfecta&lt;br /&gt;nada. Aquí será tu habitación segura, y porque a ella corresponda&lt;br /&gt;tu conversación y compañía quiere la tengas&lt;br /&gt;con los Ángeles y los tengas por amigos y compañeros y&lt;br /&gt;de su frecuente conversación y trato copies en ti misma&lt;br /&gt;sus virtudes y en ellas los imites.&lt;br /&gt;22. Advierte, alma —continuó la voz— en la largueza de&lt;br /&gt;este beneficio, porque la Madre de tu Esposo y Reina de&lt;br /&gt;los cielos de nuevo te adopta por su hija, te admite por&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;discípula y se constituye por tu Madre y Maestra; y por su&lt;br /&gt;intercesión recibes tan singulares favores y todos se te&lt;br /&gt;conceden para que escribas su Santísima Vida, y por este&lt;br /&gt;medio se te ha perdonado lo que tú no merecías y se te&lt;br /&gt;ha concedido lo que sin esta ocupación no alcanzaras.&lt;br /&gt;¿Qué fuera, alma, de ti, si no es por la Madre de Piedad?&lt;br /&gt;Ya hubieras perecido si su intercesión te faltara, y si por&lt;br /&gt;la Divina dignación no hubieras sido escogida para&lt;br /&gt;escribir esta Historia pobres e inútiles fueran tus obras,&lt;br /&gt;pero el Eterno Padre te elige por su hija, mirando a este&lt;br /&gt;fin, y por esposa de su Hijo Unigénito, y el Hijo te admite&lt;br /&gt;para que participes de sus estrechos abrazos, el Espíritu&lt;br /&gt;Santo para sus iluminaciones. La escritura de este&lt;br /&gt;contrato y desposorio se estampa e imprime en el papel&lt;br /&gt;blanco de la pureza de María Santísima, escríbela el&lt;br /&gt;dedo del Altísimo y su poder, la tinta es la Sangre del&lt;br /&gt;Cordero, el ejecutor el Padre Eterno, el vínculo que te&lt;br /&gt;unirá con Cristo es el divino Espíritu y el fiador serán los&lt;br /&gt;méritos del mismo Jesucristo y de su Madre, pues tú eres&lt;br /&gt;un vil gusanillo y nada tienes que ofrecer, y sólo se te&lt;br /&gt;pide la voluntad.&lt;br /&gt;23. Hasta aquí llegó la voz y amonestación que se me&lt;br /&gt;dio. Y aunque juzgaba ser de ángel, pero entonces no le&lt;br /&gt;conocí tan claro, porque no le veía como otras veces;&lt;br /&gt;que en manifestarse o encubrirse se acomodan estos&lt;br /&gt;beneficios a la disposición que tiene el alma para&lt;br /&gt;recibirlos, como sucedió a los discípulos de Emaús (Lc.,&lt;br /&gt;24, 16). Otros muchos sucesos se me ofrecieron para&lt;br /&gt;vencer la contradicción de la serpiente en escribir esta&lt;br /&gt;divina Historia, que sería alargar demasiado el discurso&lt;br /&gt;referirlos ahora; pero continué algunos días la oración,&lt;br /&gt;pidiendo al Señor me gobernase y enseñase para no&lt;br /&gt;errar, representándole mi insuficiencia y encogimiento.&lt;br /&gt;Respondióme siempre Su Majestad que ordenase mi vida&lt;br /&gt;con toda pureza y grande perfección y continuase lo&lt;br /&gt;comenzado, y especialmente la Reina de los Ángeles&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;muchas veces me intimó su voluntad con gran dulzura y&lt;br /&gt;caricia, mandándome que como hija la obedeciese en&lt;br /&gt;escribir su Vida santísima como había comenzado.&lt;br /&gt;24. A todo esto quise juntar la seguridad de la&lt;br /&gt;obediencia, y sin manifestar lo que entendía del Señor y&lt;br /&gt;de su Madre Santísima, pregunté a mi prelado y confesor&lt;br /&gt;lo que me ordenaba hiciese en esta materia.&lt;br /&gt;Respondióme mandándome por obediencia que&lt;br /&gt;escribiese, continuando esta segunda parte. Hallándome&lt;br /&gt;ya compelida del Señor y de la obediencia, volví de&lt;br /&gt;nuevo a la presencia del Altísimo, donde un día fui&lt;br /&gt;presentada en la oración y desnudándome de todo afecto&lt;br /&gt;mío, conociendo mi poquedad y peligro de errar,&lt;br /&gt;postrada ante el tribunal Divino, dije a Su Majestad:&lt;br /&gt;Señor mío, Señor mío, ¿qué queréis hacer de mí? Y a esta&lt;br /&gt;proposición tuve la inteligencia siguiente:&lt;br /&gt;25. Parecióme que la Divina luz de la Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad me manifestaba pobre y llena de defectos y&lt;br /&gt;reprendiéndome por ellos con severidad me amonestaba,&lt;br /&gt;dándome altísima doctrina y documentos saludables para&lt;br /&gt;la perfección de vida; y para esto me purificaron y me&lt;br /&gt;iluminaron de nuevo. Conocí que la Madre de la gracia&lt;br /&gt;María Santísima, estando presente al trono de la&lt;br /&gt;Divinidad, intercedía y pedía por mí. Con aquel amparo&lt;br /&gt;alenté mi confianza y, valiéndome de la clemencia de tal&lt;br /&gt;Madre, me volví a ella y la dije solas estas palabras:&lt;br /&gt;Señora mía y mi refugio, atended como Madre verdadera&lt;br /&gt;a la pobreza de vuestra esclava. Parecióme que oía mi&lt;br /&gt;petición y que hablando con el Altísimo le decía: Señor&lt;br /&gt;mío, a esta inútil y pobre criatura quiero admitir de nuevo&lt;br /&gt;por hija y adoptarla para mí. ¡Acción de Reina&lt;br /&gt;liberalísima y poderosa! Pero respondióla el Altísimo:&lt;br /&gt;Esposa mía, para tan gran favor como ése, ¿qué alega&lt;br /&gt;esa alma de su parte, pues ella no lo merece, que es&lt;br /&gt;gusanillo inútil y pobre, desagradecida a nuestros dones?&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;26. ¡Oh fuerza incomparable de la Divina palabra! ¿Cómo&lt;br /&gt;diré yo los efectos que causó en mí esta respuesta del&lt;br /&gt;Todopoderoso? Humillóme hasta mi nada y conocí la&lt;br /&gt;miseria de la criatura y mis ingratitudes para con Dios, y&lt;br /&gt;deshacíase mi corazón entre el dolor de mis culpas y el&lt;br /&gt;deseo de conseguir aquella no merecida y gran dicha de&lt;br /&gt;ser hija de esta soberana Señora. Alzaba con temor los&lt;br /&gt;ojos al trono del Muy Alto y mi rostro se mudaba con la&lt;br /&gt;turbación y la esperanza; convertíame a mi intercesora y,&lt;br /&gt;deseando me admitiese por esclava, pues no merecía el&lt;br /&gt;título de hija, hablaba con lo íntimo del alma sin formar&lt;br /&gt;palabras, y entendía que le decía la gran Señora al&lt;br /&gt;Altísimo:&lt;br /&gt;27. Divino Rey y Dios mío, verdad es que no tiene de su&lt;br /&gt;parte esta pobre criatura qué ofrecer a vuestra justicia;&lt;br /&gt;mas yo por ella presento los merecimientos y la sangre&lt;br /&gt;que por ella derramó mi Hijo Santísimo y con ellos&lt;br /&gt;presento la dignidad de Madre de vuestro Unigénito, que&lt;br /&gt;recibí de vuestra inefable piedad, todas las obras que&lt;br /&gt;hice en su servicio y haberle traído en mis entrañas y&lt;br /&gt;alimentado con la leche de mis pechos y sobre todo os&lt;br /&gt;presento vuestra misma divinidad y bondad; y os suplico&lt;br /&gt;tengáis por bien que esta criatura quede ya adoptada&lt;br /&gt;por mi hija y mi discípula, que yo la fío. Con mi&lt;br /&gt;enseñanza enmendará sus faltas y perfeccionará sus&lt;br /&gt;obras a vuestro beneplácito.&lt;br /&gt;28. Concedió el Altísimo esta petición —¡ sea&lt;br /&gt;eternamente alabado, que oyó a la gran Reina&lt;br /&gt;intercediendo por la menor de las criaturas!— y luego&lt;br /&gt;sentí grandes efectos con júbilo de mi alma, los cuales no&lt;br /&gt;es posible explicar; pero con todo afecto me convertí a&lt;br /&gt;todas las criaturas del cielo y de la tierra y sin poder&lt;br /&gt;contener el alborozo las convidé a todas para que por mí&lt;br /&gt;y conmigo alabasen al autor de la gracia. Paréceme que&lt;br /&gt;a voces les decía: ¡Oh moradores y cortesanos del cielo&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;y todas las criaturas vivientes, formadas por la mano del&lt;br /&gt;Muy Alto, mirad esta maravilla de su liberal misericordia,&lt;br /&gt;y por ella le bendecid y alabad eternamente, pues a la&lt;br /&gt;más vil del universo ha levantado del polvo, a la más&lt;br /&gt;pobre ha enriquecido, a la más indigna ha honrado como&lt;br /&gt;sumo Dios y poderoso Rey! Y si vosotros, hijos de Adán,&lt;br /&gt;veis a la más huérfana amparada, a la más pecadora&lt;br /&gt;perdonada, salid ya de vuestra ignorancia, levantaos de&lt;br /&gt;vuestro desaliento y animad vuestra esperanza; que si a&lt;br /&gt;mí el brazo poderoso me ha favorecido, si me ha llamado&lt;br /&gt;y perdonado, todos podéis esperar vuestra salud; y si la&lt;br /&gt;queréis tener segura, buscad, buscad el amparo de&lt;br /&gt;María Santísima, solicitad su intercesión y la sentiréis&lt;br /&gt;Madre de inefable misericordia y clemencia.&lt;br /&gt;29. Convertíme también a esta poderosísima Reina, y la&lt;br /&gt;dije: Ea, Señora mía, ya no me llamaré huérfana, pues&lt;br /&gt;tengo madre, y madre Reina de todo lo criado; ya no seré&lt;br /&gt;ignorante, si no por mi culpa, pues tengo maestra de la&lt;br /&gt;divina sabiduría; no pobre, pues tengo dueña que lo es&lt;br /&gt;de todos los tesoros del cielo y tierra; ya tengo madre&lt;br /&gt;que me ampare, maestra que me enseñe y me corrija,&lt;br /&gt;señora que me mande y me gobierne. Bendita sois entre&lt;br /&gt;todas las mujeres, maravillosa entre las criaturas,&lt;br /&gt;admirable en los cielos y en la tierra, y todos confiesen&lt;br /&gt;vuestra grandeza con eternas alabanzas. No es fácil ni&lt;br /&gt;posible que la menor de las criaturas, el más vil gusano&lt;br /&gt;de la tierra, os dé el retorno; recibidle de la Divina diestra&lt;br /&gt;y a la vista beatífica donde estáis en Dios gozándoos&lt;br /&gt;por todas las eternidades. Yo quedaré reconocida y&lt;br /&gt;obligada esclava, alabando al Todopoderoso lo que la&lt;br /&gt;vida me durare; porque me favoreció su liberal&lt;br /&gt;misericordia, dándome a vos, Reina mía, por Madre y&lt;br /&gt;Maestra. Mi silencio afectuoso os alabe, que mi lengua&lt;br /&gt;no tiene razones ni términos adecuados para hacerlo;&lt;br /&gt;todos son coartados y limitados.&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;30. No es posible explicar lo que siente el alma en tales&lt;br /&gt;misterios y beneficios. Este fue de grandes bienes para la&lt;br /&gt;mía, porque luego se me intimó una perfección de vida y&lt;br /&gt;de obras, que me faltan términos para decirla como la&lt;br /&gt;entendí; pero todo esto —me dijo el Altísimo— se me&lt;br /&gt;concedía por María Santísima, y para que escribiese su&lt;br /&gt;Vida. Y conocí que confirmando el Eterno Padre este&lt;br /&gt;beneficio, me elegía para que manifestase los&lt;br /&gt;sacramentos de su Hija, y el Espíritu Santo para que con&lt;br /&gt;su influencia y luz declarase los ocultos dones de su&lt;br /&gt;Esposa, y el Hijo Santísimo me destinaba para que&lt;br /&gt;abriese los misterios de su Madre Purísima María. Y para&lt;br /&gt;disponerme en esta obra, conocí que la Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad iluminaba y bañaba mi espíritu con especial luz&lt;br /&gt;de la Divinidad y que el poder divino tocaba mis&lt;br /&gt;potencias como con un pincel y las iluminaba con nuevos&lt;br /&gt;hábitos para las operaciones perfectas en esta materia.&lt;br /&gt;31. Mandóme también el Altísimo que con todo mi&lt;br /&gt;desvelo procurase imitar, según mis flacas fuerzas&lt;br /&gt;alcanzasen, todo lo que entendiese y escribiese de las&lt;br /&gt;virtudes heroicas y operaciones santísimas de la Reina&lt;br /&gt;divina, ajustando mi vida con este ejemplar. Y&lt;br /&gt;reconociéndome yo tan inepta como soy para cumplir con&lt;br /&gt;esta obligación, la misma Reina clementísima me ofreció&lt;br /&gt;de nuevo su favor y enseñanza para todo lo que el&lt;br /&gt;Altísimo me mandaba y destinaba. Luego pedí la&lt;br /&gt;bendición a la Santísima Trinidad, para dar principio a la&lt;br /&gt;segunda parte de esta divina Historia y conocí que todas&lt;br /&gt;tres personas me la daban como singularmente cada&lt;br /&gt;una; y saliendo de esta visión procuré lavar mi alma con&lt;br /&gt;los sacramentos y contrición de mis culpas y en el nombre&lt;br /&gt;del Señor y de la obediencia puse las manos en esta&lt;br /&gt;obra, para gloria del Altísimo y de su Madre Santísima y&lt;br /&gt;siempre inmaculada Virgen María.&lt;br /&gt;32. Esta segunda parte comprende la vida de la Reina&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;desde el misterio de la Encarnación hasta la subida de&lt;br /&gt;Cristo nuestro Señor a los cielos inclusive, que es lo más y&lt;br /&gt;lo principal de esta divina Historia, porque abraza toda&lt;br /&gt;la vida y misterios del mismo Señor con su pasión y&lt;br /&gt;muerte santísima. Y sólo quiero advertir aquí que los&lt;br /&gt;beneficios y gracias concedidas a María Santísima, para&lt;br /&gt;prevenirla al misterio de la Encarnación, tomaron la&lt;br /&gt;corrida desde el instante de su Inmaculada Concepción,&lt;br /&gt;porque entonces en la mente y decreto del mismo Dios&lt;br /&gt;era ya Madre del Verbo Eterno. Pero como se iba&lt;br /&gt;acercando al efecto de la Encarnación, iban creciendo&lt;br /&gt;los dones y favores de la gracia, y aunque parecen todos&lt;br /&gt;de una misma especie o género desde el principio, pero&lt;br /&gt;íbanse aumentando y creciendo; y yo no tengo términos&lt;br /&gt;nuevos y diferentes que adecúen a estos aumentos y&lt;br /&gt;nuevos favores, y así es necesario en toda esta Historia&lt;br /&gt;remitirnos al poder infinito del Señor, que dando mucho&lt;br /&gt;le queda infinito que dar de nuevo, y la capacidad del&lt;br /&gt;alma, y más en la Reina del Cielo, tiene su género de&lt;br /&gt;infinidad para recibir más y más, como sucedió, hasta&lt;br /&gt;llegar al colmo de santidad y participación de la&lt;br /&gt;Divinidad, que ninguna otra criatura pura ha llegado ni&lt;br /&gt;llegará eternamente. El mismo Señor me ilustre para que&lt;br /&gt;en esta obra prosiga con su Divino beneplácito. Amén.&lt;br /&gt;LIBRO III&lt;br /&gt;ONTIENE LA ALTÍSIMA DISPOSICIÓN QUE EL&lt;br /&gt;TODOPODEROSO OBRÓ EN MARÍA SANTÍSIMA&lt;br /&gt;PARA LA ENCARNACIÓN DEL VERBO, LO TOCANTE&lt;br /&gt;A ESTE MISTERIO, EL EMINENTÍSIMO ESTADO EN QUE&lt;br /&gt;QUEDÓ LA FELIZ MADRE, LA VISITACIÓN A SANTA ISABEL&lt;br /&gt;Y SANTIFICACIÓN DEL BAUTISTA, LA VUELTA A NAZARET&lt;br /&gt;Y UNA MEMORABLE BATALLA QUE TUVO CON LUCIFER.&lt;br /&gt;C&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;CAPITULO 1&lt;br /&gt;Comienza el Altísimo a disponer en María Santísima&lt;br /&gt;el misterio de la Encarnación y su ejecución por nueve&lt;br /&gt;días antecedentes. Declárese lo que sucedió en el&lt;br /&gt;primero.&lt;br /&gt;1. Puso el Muy Alto a nuestra Reina y Señora en las&lt;br /&gt;obligaciones de esposa del Santo José y en ocasión de&lt;br /&gt;conversar más con los prójimos, para que su vida&lt;br /&gt;inculpable fuese a todos ejemplar de suma santidad.&lt;br /&gt;Hallándose la divina Señora en este nuevo estado, pensó&lt;br /&gt;y discurrió tan altamente y ordenó las operaciones de su&lt;br /&gt;vida con tal sabiduría, que fue admirable emulación&lt;br /&gt;para la angélica naturaleza y magisterio nunca visto&lt;br /&gt;para la humana. Pocos la conocían, y menos la&lt;br /&gt;comunicaban; pero éstos, más dichosos, recibían todos&lt;br /&gt;tan divinos influjos de aquel cielo de María, que con&lt;br /&gt;admirable júbilo y conceptos peregrinos querían dar&lt;br /&gt;voces y publicar la lumbre que les encendía los&lt;br /&gt;corazones, conociendo se derivaba de la presencia de&lt;br /&gt;María Purísima. No ignoraba la Prudentísima Reina estos&lt;br /&gt;efectos de la mano del Altísimo, pero ni era tiempo de&lt;br /&gt;fiárselos al mundo, ni su profundísima humildad lo&lt;br /&gt;consentía. Pedía al Señor continuamente la ocultase de&lt;br /&gt;los hombres y que todos los favores de su diestra&lt;br /&gt;redundasen en sola su alabanza y permitiese que fuese&lt;br /&gt;ella ignorada y despreciada de todos los mortales,&lt;br /&gt;porque no fuese ofendida su bondad infinita.&lt;br /&gt;2. Estas peticiones de su Esposa admitía el Señor en&lt;br /&gt;grande parte y disponía su providencia que la misma luz&lt;br /&gt;enmudeciese a los que con ella se inclinaban a&lt;br /&gt;engrandecerla, y movidos de la virtud Divina se dejaban&lt;br /&gt;y se convertían al interior, alabando al Señor por la luz&lt;br /&gt;que en él sentían, y con una preñez de admiración&lt;br /&gt;suspendían el juicio y dejando la criatura se volvían al&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;Criador. Muchos salían de pecado sólo con haberla&lt;br /&gt;mirado y otros mejoraban sus vidas y todos se componían&lt;br /&gt;a su vista, porque recibían celestiales influencias en sus&lt;br /&gt;almas; pero luego se olvidaban del mismo original de&lt;br /&gt;donde se copiaba, porque si le tuvieran presente o&lt;br /&gt;conservaran su imagen, nadie sufriera el alejarse de ella&lt;br /&gt;y todos la buscaran desalados, si Dios no lo impidiera con&lt;br /&gt;misterio.&lt;br /&gt;3. En obras de donde tales frutos se cogían y en&lt;br /&gt;aumentar los méritos y gracias de donde todo procedía,&lt;br /&gt;se ocupó nuestra Reina, esposa de José, por seis meses y&lt;br /&gt;diecisiete días, que pasaron de su desposorio hasta la&lt;br /&gt;Encarnación del Verbo. Y no puedo detenerme en referir&lt;br /&gt;por menor los actos tan heroicos como hizo de todas las&lt;br /&gt;virtudes interiores y exteriores, de caridad, humildad,&lt;br /&gt;religión, limosnas, beneficios y otras obras de&lt;br /&gt;misericordia; porque todo esto excede a la pluma y a la&lt;br /&gt;capacidad. Con lo que más se manifestará es con decir&lt;br /&gt;que halló el Altísimo en María Santísima la plenitud de su&lt;br /&gt;agrado y el lleno de su deseo y la correspondencia de&lt;br /&gt;pura criatura debida a su Criador. Con esta santidad y&lt;br /&gt;merecimientos se halló Dios como obligado y, a nuestro&lt;br /&gt;entender, compelido, para apresurar el paso y extender&lt;br /&gt;el brazo de su omnipotencia a la mayor de las maravillas&lt;br /&gt;que antes ni después se conocerá, tomando carne&lt;br /&gt;humana el Unigénito del Padre en las entrañas virginales&lt;br /&gt;de esta Señora.&lt;br /&gt;4. Para ejecutar esta obra con la decencia digna del&lt;br /&gt;mismo Dios, previno singularmente a María Santísima por&lt;br /&gt;nueve días que inmediatamente precedieron al misterio,&lt;br /&gt;y soltando el ímpetu del río (Sal., 45, 5) de la Divinidad,&lt;br /&gt;para que inundase con sus influjos a esta Ciudad de Dios,&lt;br /&gt;comunicóle tantos dones, gracias y favores, que yo enmudezco&lt;br /&gt;en el conocimiento que de esta maravilla se me ha&lt;br /&gt;dado y se acobarda mi bajeza para referir lo que&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;entiendo; porque la lengua, la pluma y todas las&lt;br /&gt;potencias de las criaturas son instrumentos&lt;br /&gt;improporcionados para revelar tan encumbrados&lt;br /&gt;sacramentos. Y así quiero que se entienda que cuanto&lt;br /&gt;aquí dijere es una oscura sombra de la menor parte de&lt;br /&gt;esta maravilla y prodigio inexplicable, que no se ha de&lt;br /&gt;medir con nuestros limitados términos, mas con el poder&lt;br /&gt;Divino que no los tiene.&lt;br /&gt;5. El primero día de esta felicísima novena sucedió que&lt;br /&gt;la divina princesa María, después de algún pequeño&lt;br /&gt;alivio que recibía, se levantó a media noche a imitación&lt;br /&gt;de su padre (Santo Rey) David (Sal., 118, 62) —que éste&lt;br /&gt;era el orden y concierto que le había dado el Señor— y&lt;br /&gt;postrada en la presencia del Altísimo comenzó su&lt;br /&gt;acostumbrada oración y santos ejercicios. Habláronla los&lt;br /&gt;Santos Ángeles que la asistían, y la dijeron: Esposa de&lt;br /&gt;nuestro Rey y Señor, levantaos, que Su Majestad os&lt;br /&gt;llama. Levantóse con fervoroso afecto, y respondió: El&lt;br /&gt;Señor manda que del polvo se levante el polvo. Y&lt;br /&gt;convertida a la cara del mismo Señor que la llamaba,&lt;br /&gt;continuó diciendo: Altísimo y poderoso Dueño mío, ¿qué&lt;br /&gt;queréis hacer de mí? En estas palabras su alma santísima&lt;br /&gt;fue en espíritu elevada a otra nueva y más alta habitación,&lt;br /&gt;más inmedita al mismo Señor y más remota de&lt;br /&gt;todo lo terreno y momentáneo.&lt;br /&gt;6. Sintió luego que allí la disponían con aquellas&lt;br /&gt;iluminaciones y purificaciones que recibía otras veces&lt;br /&gt;para alguna más alta visión de la Divinidad. Y no me&lt;br /&gt;detengo en referirlas, porque lo hice en la primera parte&lt;br /&gt;(Cf. supra p. I n. 623-629, 632). Con esto se le manifestó la&lt;br /&gt;Divinidad por visión, no intuitiva, sino abstractiva; pero&lt;br /&gt;con tanta evidencia y claridad, que de aquel objeto&lt;br /&gt;incomprensible comprendió más esta Señora por este&lt;br /&gt;modo que los bienaventurados con el que intuitivamente&lt;br /&gt;le conocen y le gozan. Fue esta visión más alta y más&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;profunda que otras de este género; porque cada día la&lt;br /&gt;divina Señora se hacía más idónea y unos beneficios,&lt;br /&gt;usando tan perfectamente de ellos, la disponían para&lt;br /&gt;otros y las repetidas noticias y visiones de la Divinidad la&lt;br /&gt;hacían más robusta para obrar con mayor fuerza cerca&lt;br /&gt;de aquel objeto infinito.&lt;br /&gt;7. Conoció en esta visión nuestra princesa María&lt;br /&gt;altísimos secretos de la Divinidad y de sus perfecciones, y&lt;br /&gt;especialmente de su comunicación ad extra por la obra&lt;br /&gt;de la creación; y cómo procedió de la bondad y&lt;br /&gt;liberalidad de Dios y cómo para su ser Divino y su infinita&lt;br /&gt;gloria no había menester las criaturas, porque sin ellas&lt;br /&gt;estaba glorioso en sus interminables eternidades, antes&lt;br /&gt;de la creación del mundo. Muchos sacramentos y&lt;br /&gt;secretos se le comunicaron a nuestra Reina que ni se&lt;br /&gt;pueden ni deben manifestar a todos, porque sola ella fue&lt;br /&gt;la única y electa (Cant., 6, 8) para estas delicias (Cant.,&lt;br /&gt;7,6) del sumo Rey y Señor de lo criado. Pero conociendo&lt;br /&gt;Su Alteza en esta visión aquel peso e inclinación de la&lt;br /&gt;Divinidad para comunicarse ad extra, mayor que le&lt;br /&gt;tienen todos los elementos cada uno a su centro, y como&lt;br /&gt;estaba tan entrañada en la esfera de aquel fuego del&lt;br /&gt;divino amor, enardecida en él pidió al Padre Eterno&lt;br /&gt;enviase al mundo a su Unigénito y diese a los hombres su&lt;br /&gt;remedio y a su misma Divinidad y perfecciones diese —a&lt;br /&gt;nuestro entender— la satisfacción y ejecución que&lt;br /&gt;pedían.&lt;br /&gt;8. Eran para el Señor muy dulces estas palabras de su&lt;br /&gt;Esposa, eran la purpúrea venda (Cant., 4, 3) con que&lt;br /&gt;ligaba y compelía su amor. Y para venir a la ejecución de&lt;br /&gt;sus deseos, quiso prevenir de cerca el tabernáculo o el&lt;br /&gt;templo a donde quería descender desde el pecho de su&lt;br /&gt;Eterno Padre. Determinó darle a su amada y escogida&lt;br /&gt;para madre noticia clara de todas las obras ad extra,&lt;br /&gt;como las había su omnipotencia fabricado. Y este día en&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;la misma visión le manifestó todo lo que hizo en el día&lt;br /&gt;primero de la creación del mundo, que se refiere en el&lt;br /&gt;Génesis (Gén., 1, 1-5) y las conoció todas con más&lt;br /&gt;claridad y comprensión que si las tuviera presentes a los&lt;br /&gt;ojos corporales, porque las conoció primero en el mismo&lt;br /&gt;Dios y después en sí mismas.&lt;br /&gt;9. Entendió y conoció cómo en el principio crió el Señor&lt;br /&gt;el cielo y la tierra, cuánto y cómo estuvo vacía y las&lt;br /&gt;tinieblas sobre la cara del abismo, cómo el espíritu del&lt;br /&gt;Señor era llevado sobre las aguas y cómo al Divino&lt;br /&gt;mandato fue hecha la luz y su condición, y que dividiendo&lt;br /&gt;las tinieblas, ellas se llamaron noche y la luz día; y en&lt;br /&gt;esto se gastó el primero. Conoció la grandeza de la&lt;br /&gt;tierra, su longitud, latitud y profundidad, sus cavernas,&lt;br /&gt;infierno, limbo y purgatorio con sus habitadores, las&lt;br /&gt;regiones, climas, meridianos y división en las cuatro&lt;br /&gt;partes del mundo y todos los que las ocupan y habitan.&lt;br /&gt;Conoció con la misma claridad los orbes inferiores y cielo&lt;br /&gt;empíreo, y cuándo fueron criados los ángeles en el día&lt;br /&gt;primero, y entendió su naturaleza y condiciones,&lt;br /&gt;diferencias, jerarquías, oficios, grados y virtudes. Fuele&lt;br /&gt;manifestada la rebeldía de los ángeles malos y su caída,&lt;br /&gt;con las causas y ocasiones que tuvo —ocultábale siempre&lt;br /&gt;el Señor lo que a ella le tocaba—. Entendió el castigo y&lt;br /&gt;efectos del pecado en los demonios, conociéndolos&lt;br /&gt;como ellos en sí mismos son; y para fin de este favor del&lt;br /&gt;primer día le manifestó de nuevo el Señor, cómo ella era&lt;br /&gt;formada de aquella baja materia de la tierra y de la&lt;br /&gt;naturaleza de todos los que se convierten en polvo; y no&lt;br /&gt;le dijo que sería ella convertida en él, pero diole tan alto&lt;br /&gt;conocimiento del ser terreno, que se humilló la gran&lt;br /&gt;Reina hasta el profundo de la nada y siendo inculpable&lt;br /&gt;se abatió más que todos los hijos de Adán juntos y&lt;br /&gt;llenos de miserias.&lt;br /&gt;10. Toda esta visión y sus efectos ordenaba el Altísimo&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;para abrir en el corazón de María las zanjas tan&lt;br /&gt;profundas como pedía el edificio que en ella quería&lt;br /&gt;edificar, que tocase hasta la unión sustancial e&lt;br /&gt;hipostática de la misma Divinidad. Y como la dignidad de&lt;br /&gt;Madre de Dios era sin término y de alguna infinidad,&lt;br /&gt;convenía que se fundase en una humildad proporcionada&lt;br /&gt;y que fuese ilimitada sin pasar los límites de la razón;&lt;br /&gt;pero llegando a lo supremo de la virtud, tanto se humilló&lt;br /&gt;la bendita entre las mujeres que la Santísima Trinidad&lt;br /&gt;quedó como pagada y satisfecha y —a nuestro modo de&lt;br /&gt;entender— obligada a levantarla al grado y dignidad&lt;br /&gt;más eminente entre las criaturas y más inmediato a la&lt;br /&gt;Divinidad; y con este beneplácito la habló Su Majestad y&lt;br /&gt;la dijo:&lt;br /&gt;11. Esposa y paloma mía, grandes son mis deseos de&lt;br /&gt;redimir al hombre del pecado, y mi piedad inmensa está&lt;br /&gt;como violentada mientras no desciendo a reparar el&lt;br /&gt;mundo; pídeme continuamente estos días con grande&lt;br /&gt;afecto la ejecución de estos deseos y, postrada en mi&lt;br /&gt;real presencia, no cesen tus peticiones y clamores, para&lt;br /&gt;que con efecto descienda el Unigénito del Padre a unirse&lt;br /&gt;con la humana naturaleza.—A este mandato respondió la&lt;br /&gt;divina Princesa, y dijo: Señor y Dios eterno, cuyo es todo&lt;br /&gt;el poder y sabiduría, a cuya voluntad nadie puede&lt;br /&gt;resistir (Est., 13, 9), ¿quién impide vuestra&lt;br /&gt;omnipotencia?, ¿quién detiene el corriente impetuoso de&lt;br /&gt;vuestra Divinidad, para no ejecutar vuestro beneplácito&lt;br /&gt;en beneficio de todo el linaje humano? Si acaso, amado&lt;br /&gt;mió, soy yo el óbice de este impedimento para beneficio&lt;br /&gt;tan inmenso, muera primero que yo resista a vuestro&lt;br /&gt;gusto; no puede caer este favor en merecimiento de&lt;br /&gt;ninguna criatura, pues no queráis, Dueño y Señor mío,&lt;br /&gt;aguardar a que más lo vengamos a desmerecer. Los&lt;br /&gt;pecados de los hombres se multiplican y crecen más&lt;br /&gt;Vuestras ofensas, pues ¿cómo llegaremos a merecer el&lt;br /&gt;mismo bien de que nos hacemos cada día más indignos?&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;En vos mismo está, Señor mío, la razón y el motivo de&lt;br /&gt;nuestro remedio: vuestra bondad infinita, Vuestras&lt;br /&gt;misericordias sin número os obligan, los gemidos de los&lt;br /&gt;profetas y padres de vuestro pueblo os solicitan, los&lt;br /&gt;santos os desean, los pecadores aguardan y todos juntos&lt;br /&gt;claman; y si yo vil gusanillo no desmerezco Vuestra&lt;br /&gt;dignación con mis ingratitudes, os suplico con lo íntimo&lt;br /&gt;de mi alma aceleréis el paso y lleguéis a nuestro remedio&lt;br /&gt;por Vuestra misma gloria.&lt;br /&gt;12. Acabó esta oración la Princesa del cielo y volvió&lt;br /&gt;luego a su ordinario y más natural estado; pero con el&lt;br /&gt;nuevo mandato que tenía del Señor fue continuando todo&lt;br /&gt;aquel día las peticiones por la Encarnación del Verbo y&lt;br /&gt;con profundísima humildad repitió los ejercicios de&lt;br /&gt;postrarse en la tierra y orar en forma de cruz; porque el&lt;br /&gt;Espíritu Santo que la gobernaba le había enseñado esta&lt;br /&gt;postura, de que tanto se había de complacer la Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad, y como si de su real trono en el cuerpo de la&lt;br /&gt;futura Madre del Verbo mirara crucificada la persona de&lt;br /&gt;Cristo, así recibía aquel matutino sacrificio de la Purísima&lt;br /&gt;Virgen, en que prevenía el de su Hijo Santísimo.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina del cielo.&lt;br /&gt;13. Hija mía, no son capaces los mortales para&lt;br /&gt;entender las obras indecibles que el brazo de la&lt;br /&gt;Omnipotencia obró en mí, disponiéndome para la&lt;br /&gt;Encarnación del Verbo Eterno; señaladamente los nueve&lt;br /&gt;días que precedieron a tan alto sacramento fue mi espíritu&lt;br /&gt;elevado y unido con el ser inmutable de la Divinidad&lt;br /&gt;y quedó anegado en aquel piélago de infinitas&lt;br /&gt;perfecciones, participando de todas ellas eminentes y&lt;br /&gt;divinos efectos que no pueden venir en corazón humano.&lt;br /&gt;La ciencia que me comunicó de las criaturas penetraba&lt;br /&gt;hasta lo íntimo de todas ellas, con mayor claridad y&lt;br /&gt;privilegios que la de todos los espíritus angélicos, siendo&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;ellos tan admirables en este conocimiento de todo lo&lt;br /&gt;criado, después de ver a Dios, y las especies de todo lo&lt;br /&gt;que entendí me quedaron impresas, para usar de ellas&lt;br /&gt;después a mi voluntad.&lt;br /&gt;14. Lo que de ti quiero ahora ha de ser que, atenta a lo&lt;br /&gt;que yo hice con esta ciencia, me imites según tus fuerzas&lt;br /&gt;con la luz infusa que para esto has recibido; aprovecha la&lt;br /&gt;ciencia de las criaturas, formando de ellas una escala&lt;br /&gt;que te encamine a tu Criador, de suerte que en todas&lt;br /&gt;busques su principio de donde se originan y su fin a&lt;br /&gt;donde se ordenan; de todas te sirve para espejo en que&lt;br /&gt;reverbere su Divinidad, para recuerdo de su&lt;br /&gt;omnipotencia y para incentivos del amor que de ti quiere.&lt;br /&gt;Admírate con alabanza de la grandeza y magnificencia&lt;br /&gt;del Criador y en su presencia te humilla a lo ínfimo del&lt;br /&gt;polvo y nada dificultes de hacer ni padecer para llegar a&lt;br /&gt;ser mansa y humilde de corazón. Atiende, carísima, cómo&lt;br /&gt;esta virtud fue el fundamento firmísimo de todas las&lt;br /&gt;maravillas que obró el Altísimo conmigo; y para que&lt;br /&gt;aprecies esta virtud, advierte que entre todas, así como&lt;br /&gt;es tan preciosa, también es delicada y peligrosa, y si en&lt;br /&gt;alguna cosa la pierdes y no eres humilde en todas sin&lt;br /&gt;diferencia, no lo serás con verdad en alguna. Reconoce el&lt;br /&gt;ser terreno y corruptible que tienes y no ignores que el&lt;br /&gt;Altísimo con grande providencia formó al hombre de&lt;br /&gt;manera que su mismo ser y formación le intimase, le&lt;br /&gt;enseñase y repitiese la importante lección de la&lt;br /&gt;humildad y que jamás le faltase este magisterio; por esto&lt;br /&gt;no le formó de más noble materia y le dejó el peso del&lt;br /&gt;santuario (Ex., 30, 24) en su interior, para que en una&lt;br /&gt;balanza ponga el ser infinito y eterno del Señor, y en otra&lt;br /&gt;el de su vilísima materia; y con esto le dé a Dios lo que es&lt;br /&gt;de Dios (Mt., 22, 21) y a sí mismo se dé lo que le toca.&lt;br /&gt;15. Yo hice con perfección este juicio para ejemplo y&lt;br /&gt;doctrina de los mortales, y quiero que tú le hagas a mi&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;imitación y que tu desvelo y estudio sea en ser humilde,&lt;br /&gt;con que darás gusto al Altísimo y a mí, que quiero tu&lt;br /&gt;verdadera perfección, y que se funde sobre las zanjas&lt;br /&gt;profundísimas de tu conocimiento, y cuanto más las&lt;br /&gt;profundes más alto y encumbrado subirá el edificio de la&lt;br /&gt;virtud y tu voluntad hallará lugar más íntimo en la del&lt;br /&gt;Señor; porque mira desde la altura de su solio a los&lt;br /&gt;humildes de la tierra (Sal., 112, 6).&lt;br /&gt;CAPITULO 2&lt;br /&gt;Continúa el Señor el día segundo los favores y&lt;br /&gt;disposición para la Encarnación del Verbo en María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;17. En prosecución de este intento fue continuando el&lt;br /&gt;supremo Señor los favores con que dispuso a María&lt;br /&gt;santísima los nueve días que voy declarando, inmediatos&lt;br /&gt;a la encarnación; y llegando el día segundo, a la misma&lt;br /&gt;hora de media noche fue visitada Su Alteza en la misma&lt;br /&gt;forma que dije en el capítulo pasado, elevándola el&lt;br /&gt;poder divino con aquellas disposiciones, cualidades o&lt;br /&gt;iluminaciones que la preparaban para las visiones de la&lt;br /&gt;Divinidad. Manifestósele este día abstractivamente,&lt;br /&gt;como en el primero, y vio las obras que tocaban al día&lt;br /&gt;segundo de la creación del mundo: conoció cuándo y&lt;br /&gt;cómo hizo Dios la división de las aguas, unas sobre el&lt;br /&gt;firmamento y otras debajo, formando en medio el&lt;br /&gt;firmamento (Gén., 1, 6-7) y de las superiores el cielo&lt;br /&gt;cristalino que llaman ácueo. Penetró la grandeza, orden,&lt;br /&gt;condiciones, movimientos y todas las cualidades y&lt;br /&gt;condiciones de los cielos.&lt;br /&gt;18. No era ociosa esta ciencia ni estéril en la&lt;br /&gt;Prudentísima Virgen, porque redundaban en ella casi&lt;br /&gt;inmediatamente de la clarísima luz de la Divinidad, y así&lt;br /&gt;la inflamaba y enardecía en la admiración, alabanza y&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;amor de la bondad y poder Divino, y transformada en el&lt;br /&gt;mismo Dios hacía heroicos actos de todas las virtudes,&lt;br /&gt;complaciendo a Su Majestad con plenitud de su agrado.&lt;br /&gt;Y como el día primero precedente la hizo Dios&lt;br /&gt;participante del atributo de su sabiduría, así este&lt;br /&gt;segundo día le comunicó en su modo el de la&lt;br /&gt;omnipotencia y la dio potestad sobre las influencias de&lt;br /&gt;los cielos y planetas y elementos, y mandó que todos la&lt;br /&gt;obedeciesen. Quedó esta gran Reina con imperio y&lt;br /&gt;dominio sobre el mar, tierra, elementos y orbes celestes,&lt;br /&gt;con todas las criaturas que en ellos se contienen.&lt;br /&gt;19. Este dominio y potestad pertenecía también a la&lt;br /&gt;dignidad de María Santísima por la razón que arriba he&lt;br /&gt;dicho y, a más de esto, por otras dos especiales: la una,&lt;br /&gt;porque esta Señora era Reina privilegiada y exenta de la&lt;br /&gt;ley común del pecado original y sus efectos; y por esto no&lt;br /&gt;debía ser encartada en el padrón universal de los&lt;br /&gt;insensatos hijos de Adán, contra quienes dio armas (Sab.,&lt;br /&gt;5, 18) el Omnipotente a las criaturas, para vengar sus&lt;br /&gt;injurias y castigar la locura de los mortales; porque si&lt;br /&gt;ellos no se hubieran convertido inobedientes contra su&lt;br /&gt;Criador, tampoco los elementos y sus criaturas les fueran&lt;br /&gt;inobedientes ni molestos, ni convirtieran contra ellos el&lt;br /&gt;rigor de su actividad e inclemencias; y si esta rebelión de&lt;br /&gt;las criaturas fue castigo del pecado, no se había de&lt;br /&gt;entender con María Santísima inmaculada e inculpable;&lt;br /&gt;ni tampoco en este privilegio debía de ser inferior a la&lt;br /&gt;naturaleza angélica, a quien ni alcanza esta pena del&lt;br /&gt;pecado ni tiene jurisdicción sobre ella la virtud elemental.&lt;br /&gt;Aunque María Santísima era de naturaleza&lt;br /&gt;corpórea y terrena, pero en ella fue más estimable, como&lt;br /&gt;más peregrino y costoso, el subir a la altura de todas las&lt;br /&gt;criaturas terrenas y espirituales y hacerse con sus&lt;br /&gt;méritos condigna Reina y Señora de todo lo criado; y más&lt;br /&gt;se le debía conceder a la Reina que a los vasallos, más a&lt;br /&gt;la Señora que a los siervos.&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;20. La segunda razón era, porque a esta divina Reina&lt;br /&gt;había de obedecer su Hijo Santísimo como a Madre, y&lt;br /&gt;pues Él era Criador de los elementos y de todas las cosas,&lt;br /&gt;estaba puesto en razón que todas ellas obedeciesen a&lt;br /&gt;quien el mismo Criador debía su obediencia, y que ella&lt;br /&gt;las mandase a todas, pues la persona de Cristo en cuanto&lt;br /&gt;hombre había de ser gobernada por su Madre, por obligación&lt;br /&gt;y ley de la naturaleza. Y tenía este privilegio&lt;br /&gt;grande conveniencia para realzar las virtudes y méritos&lt;br /&gt;de María Santísima; porque en ella venía a ser voluntario&lt;br /&gt;y meritorio lo que en nosotros es forzoso, y de ordinario&lt;br /&gt;contra nuestra voluntad. No usaba la prudentísima Reina&lt;br /&gt;de este imperio sobre los elementos y criaturas indistintamente&lt;br /&gt;y en obsequio de su propio sentido y alivio;&lt;br /&gt;antes mandó a todas las criaturas que con ella&lt;br /&gt;ejercitasen las operaciones y acciones que le podían ser&lt;br /&gt;penales y molestas naturalmente, porque en esto había&lt;br /&gt;de ser semejante a su Hijo Santísimo y padecer con él. Y&lt;br /&gt;no sufriría el amor y humildad de esta gran Señora que&lt;br /&gt;las inclemencias de las criaturas se detuvieran y&lt;br /&gt;suspendieran privándola del aprecio del padecer, que&lt;br /&gt;conocía tan estimable en los ojos del Señor.&lt;br /&gt;21. Sólo en algunas ocasiones, que conocía no ser en&lt;br /&gt;obsequio suyo, sino de su Hijo y Criador, imperaba la&lt;br /&gt;dulce Madre sobre la fuerza de los elementos y sus&lt;br /&gt;operaciones, como veremos adelante (Cf. infra n.543, 590,&lt;br /&gt;633) en las peregrinaciones de Egipto y en otras&lt;br /&gt;ocasiones, donde prudentísimamente juzgaba que&lt;br /&gt;convenía, para que las criaturas reconociesen a su&lt;br /&gt;Criador y le hiciesen reverencia (Cf. infra 185, 485, 636; p.&lt;br /&gt;III n. 471) o le abrigasen y sirviesen en alguna necesidad.&lt;br /&gt;¿Quién de los mortales no se admira en el conocimiento&lt;br /&gt;de tan nueva maravilla? Ver una criatura pura y terrena y&lt;br /&gt;mujer con el imperio y dominio de todo lo criado, y que&lt;br /&gt;en su estimación y en sus ojos se reputase por la más&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;indigna y vil de todas ellas, y con esta consideración&lt;br /&gt;mande a las iras de los vientos y al rigor de sus&lt;br /&gt;operaciones que se conviertan contra ella, y que por&lt;br /&gt;obedientes lo cumplan; pero como temerosos y corteses a&lt;br /&gt;tal Señora, obraban más en obsequio de su rendimiento&lt;br /&gt;que por vengar la causa de su Criador, como lo hacen con&lt;br /&gt;los demás hijos de Adán.&lt;br /&gt;22. En presencia de esta humildad de nuestra invicta&lt;br /&gt;Reina, no podemos negar los mortales nuestra vanísima&lt;br /&gt;arrogancia, si no le llamo atrevimiento, pues cuando&lt;br /&gt;merecíamos que todos los elementos y las fuerzas&lt;br /&gt;ofensivas de todo el universo se rebelen contra nuestras&lt;br /&gt;insanias, así nos querellamos de su rigor, como si el molestarnos&lt;br /&gt;fuera agravio. Condenamos el rigor del frío, no&lt;br /&gt;queremos sufrir que nos fatigue el calor, todo lo penoso&lt;br /&gt;aborrecemos, y todo el estudio ponemos en culpar estos&lt;br /&gt;ministros de la Divina justicia y buscar a nuestros&lt;br /&gt;sentidos el sagrado de las comodidades y deleites, como&lt;br /&gt;si nos hubiera de valer para siempre, y no fuera cierto&lt;br /&gt;que nos sacarán de él para más duro castigo de nuestras&lt;br /&gt;culpas.&lt;br /&gt;23. Volviendo a estos dones de ciencia y potencia que se&lt;br /&gt;le dieron a la Princesa del cielo, y a los demás que la&lt;br /&gt;disponían para digna Madre del Unigénito del eterno&lt;br /&gt;Padre, se entenderá su excelencia, considerando en ellos&lt;br /&gt;un linaje de infinidad o comprensión participada de la&lt;br /&gt;del mismo Dios y semejante a la que después tuvo el&lt;br /&gt;alma santísima de Cristo; porque no sólo conoció todas&lt;br /&gt;las criaturas con el mismo Dios, pero las comprendía de&lt;br /&gt;suerte que las encerraba en su capacidad y pudiera&lt;br /&gt;extenderse a conocer otras muchas si hubiera que&lt;br /&gt;conocer. Y llamo yo infinidad a esto, porque parece a la&lt;br /&gt;condición de la ciencia infinita, y porque juntamente sin&lt;br /&gt;sucesión miraba y conocía el número de los cielos, su&lt;br /&gt;latitud, profundidad, orden, movimientos, cualidades,&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;materia y forma, los elementos con todas sus condiciones&lt;br /&gt;y accidentes, todo lo conocía junto; y sólo ignoraba la&lt;br /&gt;Virgen sapientísima el fin próximo de todos estos favores,&lt;br /&gt;hasta que llegase la hora de su consentimiento y de la&lt;br /&gt;inefable misericordia del Altísimo; pero continuaba estos&lt;br /&gt;días sus peticiones fervorosas por la venida del Mesías,&lt;br /&gt;porque se lo mandaba el mismo Señor, y le daba a&lt;br /&gt;conocer que no se tardaría, porque se llegaba el tiempo&lt;br /&gt;destinado.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina del cielo.&lt;br /&gt;24. Hija mía, por lo que vas entendiendo de mis favores y&lt;br /&gt;beneficios para ponerme en la dignidad de Madre del&lt;br /&gt;Altísimo, quiero que conozcas el orden admirable de su&lt;br /&gt;sabiduría en la creación del hombre. Advierte, pues,&lt;br /&gt;cómo su Criador le hizo de nada, no para que fuese&lt;br /&gt;siervo, mas para rey y señor de todas las cosas (Gén., 1,&lt;br /&gt;26) y que de ellas se sirviese con imperio, mando y&lt;br /&gt;señorío; pero reconociéndose juntamente por hechura y&lt;br /&gt;por imagen de su mismo Hacedor y estando más rendido&lt;br /&gt;a Él y más atento a su voluntad que las criaturas a la del&lt;br /&gt;mismo hombre, porque así lo pide el orden de la razón. Y&lt;br /&gt;para que no le faltase al hombre la noticia y&lt;br /&gt;conocimiento del Criador y de los medios para saber y&lt;br /&gt;ejecutar su voluntad, le dio sobre la luz natural otra&lt;br /&gt;mayor, más breve, más fácil, más cierta y más sin costa y&lt;br /&gt;general para todos, que fue la lumbre de la Fe divina, con&lt;br /&gt;que conociese el ser de Dios y sus perfecciones y con&lt;br /&gt;ellas juntamente sus obras. Con esta ciencia y señorío&lt;br /&gt;quedó el hombre bien ordenado, honrado y enriquecido,&lt;br /&gt;sin excusa para dedicarse todo a la Divina voluntad.&lt;br /&gt;25. Pero la estulticia de los mortales turba todo este&lt;br /&gt;orden y destruye esta divina armonía, cuando el que&lt;br /&gt;fue criado para señor y rey de las criaturas se hace vil&lt;br /&gt;esclavo de ellas mismas y se sujeta a su servidumbre,&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;deshonrando su dignidad y usando de las cosas visibles,&lt;br /&gt;no como señor prudente, pero como inferior indigno, y no&lt;br /&gt;reconociéndose superior cuando se constituye y se hace&lt;br /&gt;inferiorísimo a lo más ínfimo de las criaturas. Toda esta&lt;br /&gt;perversidad nace de usar de las cosas visibles, no para&lt;br /&gt;obsequio del Criador ordenándolas a él con la Fe, sino de&lt;br /&gt;usar mal de todo, sólo para saciar las pasiones y sentidos&lt;br /&gt;con lo deleitable de las criaturas, y por esto aborrecen&lt;br /&gt;tanto a las que no lo son.&lt;br /&gt;26. Tú, carísima, mira con la Fe a tu Señor y Criador, y&lt;br /&gt;en tu alma procura copiar la imagen de sus Divinas&lt;br /&gt;perfecciones; no pierdas el imperio y el dominio de las&lt;br /&gt;criaturas para que ninguna sea superior a tu libertad,&lt;br /&gt;antes quiero que de todas triunfes y nada se interponga&lt;br /&gt;entre tu alma y tu Dios. Sólo te has de sujetar con alegría,&lt;br /&gt;no a lo deleitable de las criaturas, porque se oscurecerá&lt;br /&gt;tu entendimiento y enflaquecerá tu voluntad, pero a lo&lt;br /&gt;molesto y penoso de sus inclemencias y operaciones,&lt;br /&gt;padeciéndolo con alegre voluntad, pues yo lo hice por&lt;br /&gt;imitar a mi Hijo Santísimo, aunque tuve potestad para&lt;br /&gt;elegir el descanso y no tenía pecados que satisfacer.&lt;br /&gt;CAPITULO 3&lt;br /&gt;Continúase lo que el Altísimo concedió a María&lt;br /&gt;Santísima en el día tercero de los nueve antes de la&lt;br /&gt;Encarnación.&lt;br /&gt;27. La diestra del omnipotente Dios, que a María&lt;br /&gt;Santísima hizo franca la entrada de su Divinidad, iba&lt;br /&gt;enriqueciendo y adornando con las expensas de sus&lt;br /&gt;infinitos atributos aquel purísimo espíritu y cuerpo&lt;br /&gt;virginal que había escogido para tabernáculo, para&lt;br /&gt;templo y ciudad santa de su habitación; y la divina&lt;br /&gt;Señora engolfada en aquel océano de la divinidad se&lt;br /&gt;alejaba cada día más del ser terreno y se transformaba&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;en otro celestial, descubriendo nuevos sacramentos&lt;br /&gt;que la manifestaba el Altísimo; porque como es objeto&lt;br /&gt;infinito y voluntario, aunque se sacie el apetito con lo que&lt;br /&gt;recibe, queda más que desear y entender. Ninguna pura&lt;br /&gt;criatura llegó ni llegará a donde María Santísima.&lt;br /&gt;Penetró en el conocimiento de Dios y de las criaturas y,&lt;br /&gt;en estos beneficios, grandes profundidades, sacramentos&lt;br /&gt;y secretos, los cuales todas las jerarquías de los ángeles&lt;br /&gt;ni hombres juntos no los alcanzarán, a lo menos lo que&lt;br /&gt;recibió esta Princesa del Cielo para ser Madre del&lt;br /&gt;Criador.&lt;br /&gt;28. El día tercero de los nueve que voy declarando,&lt;br /&gt;precediendo las mismas preparaciones que dije en el&lt;br /&gt;capítulo primero, se le manifestó la Divinidad en visión&lt;br /&gt;abstractiva como los otros dos días. Muy tarda y desigual&lt;br /&gt;es nuestra capacidad para ir entendiendo los aumentos&lt;br /&gt;que iban recibiendo estos dones y gracias que&lt;br /&gt;acumulaba el Altísimo en la divina María, y a mí me&lt;br /&gt;faltan nuevos términos para explicar algo de lo que se&lt;br /&gt;me ha manifestado. Declararéme con decir que la&lt;br /&gt;sabiduría y poder Divino iban proporcionando a la que&lt;br /&gt;había de ser Madre del Verbo, para que, en cuanto era&lt;br /&gt;posible, llegase a tener una pura criatura la similitud y&lt;br /&gt;proporción conveniente con las Divinas Personas. Y quien&lt;br /&gt;mejor entendiere la distancia de estos dos extremos, Dios&lt;br /&gt;infinito y criatura humana limitada, podrá alcanzar más&lt;br /&gt;de los medios necesarios para juntarlos y proporcionarlos.&lt;br /&gt;29. Iba copiando la divina Señora de los originales de la&lt;br /&gt;divinidad nuevos retratos de sus atributos infinitos y&lt;br /&gt;virtudes; iba subiendo de punto su hermosura con los&lt;br /&gt;retoques, baños y lumines que la daba el pincel de la&lt;br /&gt;infinita sabiduría. Y este día tercero se le manifestaron&lt;br /&gt;las obras de la creación en el tercero del mundo, como&lt;br /&gt;entonces sucedieron (Gén., 1, 9-13). Conoció cuándo y&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;cómo las aguas, que estaban debajo los cielos, se&lt;br /&gt;juntaron al Divino imperio en un lugar, despejando la&lt;br /&gt;árida, a la que el Señor llamó tierra, y a las congregaciones&lt;br /&gt;de las aguas llamó mares. Conoció cómo la&lt;br /&gt;tierra germinó la yerba fresca que tuviese su semilla y&lt;br /&gt;todo género de plantas y árboles fructíferos también con&lt;br /&gt;sus semillas, cada uno en su propia especie. Conoció y&lt;br /&gt;penetró la grandeza del mar, su profundidad y divisiones,&lt;br /&gt;la correspondencia de los ríos y fuentes que de él se&lt;br /&gt;originan y a él corren, las especies de plantas y yerbas,&lt;br /&gt;flores, árboles, raíces, frutos y semillas, y que todas y&lt;br /&gt;cada una sirven para algún efecto en servicio del&lt;br /&gt;hombre. Todo esto lo entendió y penetró nuestra Reina,&lt;br /&gt;más clara, distinta y latamente que el mismo Adán y&lt;br /&gt;Salomón; y todos los médicos del mundo en esta&lt;br /&gt;comparación fueron ignorantes, después de largos&lt;br /&gt;estudios y experiencias. María Santísima lo deprendió&lt;br /&gt;todo de improviso, como dice la Sabiduría (Sab., 7, 21), y&lt;br /&gt;como lo deprendió sin ficción, lo comunicó también sin&lt;br /&gt;envidia (Ib. 13); y cuanto dijo allí Salomón se verificó en&lt;br /&gt;ella con eminencia incomparable.&lt;br /&gt;30. En algunas ocasiones usó nuestra Reina de esta&lt;br /&gt;ciencia para ejercitar la caridad con los pobres y&lt;br /&gt;necesitados, como se dirá en lo restante de esta Historia&lt;br /&gt;(Cf. infra n. 668, 867, 868, 1048; p. III n. 159, 423); pero&lt;br /&gt;teníala en su libertad, y le era tan fácil usar de ella como&lt;br /&gt;lo es para un músico tocar un instrumento de su arte en&lt;br /&gt;que es muy sabio; y lo mismo fuera de todas las demás&lt;br /&gt;ciencias, si quisiera o fuera necesario su ejercicio para&lt;br /&gt;servicio del Altísimo, que de todas pudiera usar como&lt;br /&gt;maestra en quien estaban recopiladas mejor que en&lt;br /&gt;ninguno de los mortales que ha tenido algún especial&lt;br /&gt;arte o ciencia. Tenía también superioridad sobre las&lt;br /&gt;virtudes, calidades y operaciones de las piedras, yerbas y&lt;br /&gt;plantas; y lo que prometió Cristo nuestro Señor a sus&lt;br /&gt;apóstoles y primeros fieles, que no les dañarían los&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;venenos aunque los bebiesen (Mc., 16, 18), este privilegio&lt;br /&gt;tenía la Reina con imperio, para que ni el veneno ni otra&lt;br /&gt;cosa alguna la pudiese dañar ni ofender sin su voluntad.&lt;br /&gt;31. Estos privilegios y favores tuvo siempre ocultos la&lt;br /&gt;prudentísima Princesa y Señora y no usaba de ellos para&lt;br /&gt;sí misma, como queda dicho, por no negarse al padecer&lt;br /&gt;que su Hijo Santísimo escogió; y antes de concebirle y ser&lt;br /&gt;madre, era gobernada en esto por la Divina luz y noticia&lt;br /&gt;que tenía de la pasibilidad que el Verbo Humanado&lt;br /&gt;había de recibir. Y después que siendo Madre suya&lt;br /&gt;vio y experimentó esta verdad en su mismo Hijo y Señor,&lt;br /&gt;dio más licencia o, por decir mejor, mandaba a las&lt;br /&gt;criaturas que la afligiesen con sus fuerzas y operaciones,&lt;br /&gt;como lo hacían con su mismo Criador. Y porque no&lt;br /&gt;siempre quería el Altísimo que su Esposa única y electa&lt;br /&gt;fuese molestada de las criaturas, muchas veces las&lt;br /&gt;detenía o impedía para que sin estas pasiones tuviese&lt;br /&gt;algunos tiempos en que la divina Princesa gozase de las&lt;br /&gt;delicias del sumo Rey.&lt;br /&gt;32. Otro singular privilegio en favor de los mortales&lt;br /&gt;recibió María Santísima en la visión de la Divinidad que&lt;br /&gt;tuvo el tercero día; porque en ella le manifestó Dios por&lt;br /&gt;especial modo la inclinación del amor Divino al remedio&lt;br /&gt;de los nombres y a levantarlos de todas sus miserias. Y en&lt;br /&gt;el conocimiento de esa infinita misericordia y lo que con&lt;br /&gt;ella benignamente había de obrar, le dio el Altísimo a&lt;br /&gt;María Purísima cierto género de participación más alta&lt;br /&gt;de sus mismos atributos, para que después, como Madre&lt;br /&gt;y abogada de los pecadores, intercediese por ellos. Esta&lt;br /&gt;influencia en que participó María Santísima el amor de&lt;br /&gt;Dios a los hombres y su inclinación a remediarlos fue tan&lt;br /&gt;divina y poderosa, que si de allí adelante no la hubiera&lt;br /&gt;asistido la virtud del Señor para corroborarla no pudiera&lt;br /&gt;sufrir el impetuoso afecto de remediar y salvar a todos&lt;br /&gt;los pecadores. Con este amor y caridad, si necesario&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;fuera o conveniente, se entregara infinitas veces a las&lt;br /&gt;llamas, al cuchillo, a los exquisitos tormentos y a la&lt;br /&gt;muerte, y todos los martirios, angustias, tribulaciones,&lt;br /&gt;dolores, enfermedades las padeciera y no las&lt;br /&gt;rehusara, antes le fueran grande gozo por la salud de&lt;br /&gt;los mortales. Y cuanto han padecido todos, desde el&lt;br /&gt;principio del mundo hasta ahora y padecerán hasta el fin,&lt;br /&gt;todo fuera poco para el amor de esta misericordiosísima&lt;br /&gt;Madre. Vean, pues, los mortales y pecadores lo que&lt;br /&gt;deben a María Santísima.&lt;br /&gt;33. De este día podemos decir que la divina Señora&lt;br /&gt;quedó hecha Madre de piedad y de misericordia, y de&lt;br /&gt;misericordia grande, por dos razones: la una, porque&lt;br /&gt;desde entonces con especial afecto y deseo quiso&lt;br /&gt;comunicar sin envidia los tesoros de la gracia que había&lt;br /&gt;conocido y recibido; y así le resultó de este beneficio tan&lt;br /&gt;admirable dulzura y benigno corazón, que le quisiera&lt;br /&gt;dar a todos y depositarlos en él para que fueran&lt;br /&gt;partícipes del amor divino que allí ardía. La segunda&lt;br /&gt;razón es, porque este amor a la salud humana que&lt;br /&gt;concibió María Purísima fue una de las mayores&lt;br /&gt;disposiciones que la proporcionaron para concebir al&lt;br /&gt;Verbo Eterno en sus virginales entrañas. Y era muy&lt;br /&gt;conveniente que toda fuese misericordia, benignidad,&lt;br /&gt;piedad y clemencia la que sola había de engendrar y&lt;br /&gt;parir al Verbo Humanado, que por su misericordia,&lt;br /&gt;clemencia y amor quiso humillarse hasta nuestra&lt;br /&gt;naturaleza y nacer de ella pasible por los hombres. El&lt;br /&gt;parto dicen que sigue al vientre, porque lleva sus&lt;br /&gt;condiciones, como el agua de los minerales por donde&lt;br /&gt;corre; y aunque este parto salió con ventajas de&lt;br /&gt;Divinidad, pero también llevó las condiciones de la&lt;br /&gt;Madre en el grado posible, y no fuera proporcionada&lt;br /&gt;para concurrir con el Espíritu Santo a esta concepción, en&lt;br /&gt;la que sólo faltó varón, si no tuviera correspondencia con&lt;br /&gt;el Hijo en las calidades de la humanidad.&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;34. Salió de esta visión María Santísima, y todo lo&lt;br /&gt;restante del día lo ocupó en las oraciones y peticiones&lt;br /&gt;que el Señor la ordenaba, creciendo su fervor y&lt;br /&gt;quedando más herido el corazón de su Esposo; de suerte&lt;br /&gt;que —a nuestro entender— ya se le tardaba el día y la&lt;br /&gt;hora de verse en los brazos y a los pechos de su querida.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina Santísima.&lt;br /&gt;35. Hija mía carísima, grandes fueron los favores&lt;br /&gt;que hizo conmigo el brazo del Altísimo en las visiones de&lt;br /&gt;su Divinidad que me comunicó estos días antes de&lt;br /&gt;concebirle en mis entrañas. Y aunque no se me&lt;br /&gt;manifestaba inmediata y claramente sin velo, pero fue&lt;br /&gt;por modo altísimo y con efectos reservados a su&lt;br /&gt;sabiduría. Y cuando, renovando el conocimiento con las&lt;br /&gt;especies que me habían quedado de lo que había visto,&lt;br /&gt;me levantaba en espíritu y conocía quién era Dios para&lt;br /&gt;los hombres y quiénes ellos para Su Majestad, aquí se&lt;br /&gt;inflamaba mi corazón en amor y se dividía de dolor,&lt;br /&gt;porque conocía juntamente el peso del amor inmenso con&lt;br /&gt;los mortales y el ingratísimo olvido de tan incomprensible&lt;br /&gt;bondad. En esta consideración muriera muchas veces, si&lt;br /&gt;no me confortara y conservara el mismo Dios. Y este&lt;br /&gt;sacrificio de su sierva fue gratísimo a Su Majestad y le&lt;br /&gt;aceptó con más complacencia que todos los holocaustos&lt;br /&gt;de la antigua ley, porque miró a mi humildad y se agradó&lt;br /&gt;mucho de ella. Y cuando en estos actos me ejercitaba, me&lt;br /&gt;hacía grandes misericordias para mí y para mi pueblo.&lt;br /&gt;36. Estos sacramentos, carísima, te manifiesto para que&lt;br /&gt;te levantes a imitarme, según tus flacas fuerzas,&lt;br /&gt;ayudadas con la gracia, alcanzaren, mirando como a&lt;br /&gt;dechado y ejemplar las obras que has conocido. Pondera&lt;br /&gt;mucho y pesa repetidas veces con la luz y la razón cuánto&lt;br /&gt;deben corresponder los mortales a tan inmensa piedad y&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;aquella inclinación que tiene Dios a socorrerles. Y a esta&lt;br /&gt;verdad has de contraponer el pesado y duro corazón de&lt;br /&gt;los mismos hijos de Adán. Y quiero que tu corazón se&lt;br /&gt;resuelva y convierta en afectos de agradecimiento al&lt;br /&gt;Señor y en compasión de esta desdicha de los hombres. Y&lt;br /&gt;te aseguro, hija mía, que el día de la residencia general,&lt;br /&gt;la mayor indignación del justo juez ha de ser por haber&lt;br /&gt;olvidado los hombres ingratísimos esta verdad, y ella&lt;br /&gt;será tan poderosa, que los argüirá aquel día con tal&lt;br /&gt;confusión suya, que por ella se arrojaran en el abismo de&lt;br /&gt;las penas cuando no hubiera ministros de justicia Divina&lt;br /&gt;que lo ejecutaran.&lt;br /&gt;37. Para que te desvíes de tan fea culpa, y prevengas&lt;br /&gt;aquel horrendo castigo, renueva en la memoria los&lt;br /&gt;beneficios que has recibido de aquel amor y clemencia&lt;br /&gt;infinita, y advierte que se ha señalado contigo entre,&lt;br /&gt;muchas generaciones. Y no entiendas que tantos favores&lt;br /&gt;y singulares dones fían sido para ti sola, sino también&lt;br /&gt;para tus hermanos, pues a todos se extiende la Divina&lt;br /&gt;misericordia. Y por esto el retorno que debes al Señor ha&lt;br /&gt;de ser por ti primero, y después por ellos. Y porque tú&lt;br /&gt;eres pobre, presenta la vida y méritos de mi Hijo&lt;br /&gt;santísimo, y con ellos juntamente todo lo que yo padecí&lt;br /&gt;con la fuerza del amor, para ser agradecida a Dios y&lt;br /&gt;asimismo por alguna recompensa de la ingratitud de los&lt;br /&gt;mortales; y en todo esto te ejercitarás muchas veces,&lt;br /&gt;acordándote de lo que yo sentía en los mismos actos y&lt;br /&gt;ejercicios.&lt;br /&gt;CAPITULO 4&lt;br /&gt;Continúa el Altísimo los beneficios de María&lt;br /&gt;Santísima en el día cuarto.&lt;br /&gt;38. Continuábanse los favores del Altísimo en&lt;br /&gt;nuestra Reina y Señora con los eminentes sacramentos&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;con que el brazo poderoso la iba disponiendo para la&lt;br /&gt;vecina dignidad de Madre suya. Llegó el cuarto día de&lt;br /&gt;esta preparación y, en correspondencia de los precedentes,&lt;br /&gt;fue a la misma hora elevada a la visión de la&lt;br /&gt;Divinidad en la forma dicha abstractiva, pero con nuevos&lt;br /&gt;efectos y más altas iluminaciones de aquel purísimo&lt;br /&gt;espíritu. En el poder Divino y su sabiduría no hay límite ni&lt;br /&gt;término; solamente se le pone nuestra voluntad con&lt;br /&gt;sus obras o con la corta capacidad que tiene como&lt;br /&gt;criatura finita. En María Santísima no halló el poder&lt;br /&gt;Divino impedimento por parte de las obras, antes fueron&lt;br /&gt;todas con plenitud de santidad y agrado del Señor,&lt;br /&gt;obligándole y —como él mismo dice (Cant., 4, 9)—&lt;br /&gt;hiriendo su corazón de amor. Sólo por ser María pura&lt;br /&gt;criatura pudo hallar el brazo del Señor alguna tasa, pero&lt;br /&gt;dentro de la esfera de pura criatura obró en ella sin tasa&lt;br /&gt;ni limitación y sin medida, comunicándole las aguas de la&lt;br /&gt;sabiduría, para que las bebiese purísimas y cristalinas en&lt;br /&gt;la fuente de la Divinidad.&lt;br /&gt;39. Manifestósele el Altísimo en esta visión con&lt;br /&gt;especialísima luz y declaróle la nueva ley de gracia que&lt;br /&gt;el Salvador del mundo había de fundar, con los&lt;br /&gt;sacramentos que contiene y el fin para que los&lt;br /&gt;establecería y dejaría en la nueva Iglesia Evangélica y&lt;br /&gt;los auxilios, dones y favores que prevenía para los&lt;br /&gt;hombres, con deseo de que todos fuesen salvos y se&lt;br /&gt;lograse en ellos el fruto de la Redención. Y fue tanta la&lt;br /&gt;sabiduría que en estas visiones deprendió María&lt;br /&gt;Santísima, enseñada por el sumo Maestro, enmendador&lt;br /&gt;de los sabios (Sab., 7, 15), que, si por imposible algún&lt;br /&gt;hombre o ángel lo pudiera escribir, de sola la ciencia de&lt;br /&gt;esta Señora se formaran más libros que cuantos se han&lt;br /&gt;escrito en el mundo de todas las artes y ciencias y&lt;br /&gt;facultades inventadas. Y no es maravilla, siendo la mayor&lt;br /&gt;de todas en pura criatura; porque en el corazón y mente&lt;br /&gt;de nuestra Princesa se derramó y explayó el océano de la&lt;br /&gt;34&lt;br /&gt;Divinidad que los pecados y poca disposición de las&lt;br /&gt;criaturas tenían embarazado y represado en sí mismo.&lt;br /&gt;Sólo se le ocultaba siempre, hasta su tiempo, que ella era&lt;br /&gt;la escogida para Madre del Unigénito del Padre.&lt;br /&gt;40. Entre la dulzura de esta ciencia Divina tuvo este día&lt;br /&gt;nuestra Reina un amoroso pero íntimo dolor que la misma&lt;br /&gt;ciencia le renovó. Conoció por parte del Altísimo los&lt;br /&gt;indecibles tesoros de gracias y beneficios que prevenía&lt;br /&gt;para los mortales y aquel peso de la Divinidad tan&lt;br /&gt;inclinado a que todos le gozasen eternamente, y junto&lt;br /&gt;con esto conoció y advirtió el mal estado del mundo y&lt;br /&gt;cuán ciegamente se impedían los mortales y privaban de&lt;br /&gt;la participación de la misma Divinidad. De aquí le resultó&lt;br /&gt;un nuevo género de martirio con la fuerza que se dolía de&lt;br /&gt;la perdición humana, y el deseo de reparar tan&lt;br /&gt;lamentable ruina. Sobre esto hizo altísimas oraciones,&lt;br /&gt;peticiones, ofrecimientos, sacrificios, humillaciones y&lt;br /&gt;heroicos actos de amor de Dios y de los hombres, para&lt;br /&gt;que ninguno, si fuera posible, se perdiese de allí&lt;br /&gt;adelante y todos conociesen a su Criador y Reparador y&lt;br /&gt;le confesasen, adorasen y amasen. Todo esto le pasaba&lt;br /&gt;en la misma visión de la Divinidad; y porque estas&lt;br /&gt;peticiones fueron al modo de otras dichas, no me alargo&lt;br /&gt;en referirlas.&lt;br /&gt;41. Luego le manifestó el Señor en la misma ocasión las&lt;br /&gt;obras de la creación del cuarto día (Gén., 1, 14-19), y&lt;br /&gt;conoció la divina princesa María cuándo y cómo fueron&lt;br /&gt;formados en el firmamento los luminares del cielo para&lt;br /&gt;dividir el día de la noche y para que señalasen los tiempos,&lt;br /&gt;los días y los años; y para este fin tuvo ser el mayor&lt;br /&gt;luminar del cielo, que es el sol, como presidente y señor&lt;br /&gt;del día, y junto con él fue formada la luna, que es el&lt;br /&gt;menor luminar y alumbra en las tinieblas de la noche;&lt;br /&gt;cómo fueron formadas las estrellas en el octavo cielo,&lt;br /&gt;para que con su brillante luz alegrasen la noche y en ella&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;y en el día presidieran con sus varias influencias. Conoció&lt;br /&gt;la materia de estos orbes luminosos, su forma, sus&lt;br /&gt;calidades, su grandeza, sus varios movimientos, con la&lt;br /&gt;uniforme desigualdad de los planetas. Conoció el número&lt;br /&gt;de las estrellas y todos los influjos que le comunican a la&lt;br /&gt;tierra, a sus vivientes y no vivientes, los efectos que en&lt;br /&gt;ellos causan, cómo los alteran y mueven.&lt;br /&gt;42. Y no es esto contra lo que dijo el profeta, salmo 146&lt;br /&gt;(Sal., 146, 4), que conoce Dios el número de las estrellas&lt;br /&gt;y las llama por sus nombres; porque no niega el Santo&lt;br /&gt;Rey David que puede conceder Su Majestad con su&lt;br /&gt;poder infinito a la criatura por gracia lo que tiene Su&lt;br /&gt;Alteza por naturaleza. Y claro está que, siendo posible&lt;br /&gt;comunicar esta ciencia y redundando en mayor&lt;br /&gt;excelencia de María Señora nuestra, no le había de&lt;br /&gt;negar este beneficio, pues le concedió otros mayores, y&lt;br /&gt;la hizo Reina y Señora de las estrellas como de las demás&lt;br /&gt;criaturas. Y venía a ser este beneficio como consiguiente&lt;br /&gt;al dominio y señorío que la dio sobre las virtudes, influjos&lt;br /&gt;y operaciones de todos los orbes celestiales, mandando a&lt;br /&gt;todos ellos la obedeciesen como a su Reina y Señora,&lt;br /&gt;43. De este como precepto que puso el Señor a las&lt;br /&gt;criaturas celestes y el dominio que dio a María Santísima&lt;br /&gt;sobre ellas, quedó Su Alteza con tanta potestad, que si&lt;br /&gt;mandara a las estrellas dejar su asiento en el cielo la&lt;br /&gt;obedecieran al punto y fueran a donde esta Señora les&lt;br /&gt;ordenara. Lo mismo hicieran el sol y los planetas, y todos&lt;br /&gt;detuvieran su curso y movimiento, suspendieran sus&lt;br /&gt;influjos y dejaran de obrar al imperio de María. Ya dije&lt;br /&gt;arriba (Cf. supra n. 21) que alguna vez usaba Su Alteza&lt;br /&gt;de este imperio; porque —como adelante veremos&lt;br /&gt;(Cf. infra p. II n. 633, 706)— le sucedió algunas en Egipto,&lt;br /&gt;donde los calores son muy destemplados, mandar al sol&lt;br /&gt;que no diese su ardor tan vehemente, ni molestase ni&lt;br /&gt;fatigase con sus rayos al niño Dios y Señor suyo, y le&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;obedecía el sol en esto, afligiendo y molestándola a ella,&lt;br /&gt;porque así lo quería, y respetando al Sol de Justicia que&lt;br /&gt;tenía en sus brazos. Lo mismo sucedía con otros planetas,&lt;br /&gt;y detenía alguna vez al sol, como hablaré en su lugar.&lt;br /&gt;44. Otros muchos sacramentos ocultos manifestó el&lt;br /&gt;Altísimo a nuestra gran Reina en esta visión, y cuanto he&lt;br /&gt;dicho y diré de todos me deja el corazón como violento,&lt;br /&gt;porque puedo decir poco de lo que entiendo, y conozco&lt;br /&gt;entiendo mucho menos de lo que sucedió a la divina&lt;br /&gt;Señora; y muchos de sus misterios están reservados para&lt;br /&gt;manifestarlos su Hijo Santísimo el día del juicio universal,&lt;br /&gt;porque ahora no somos capaces de todos. Salió María&lt;br /&gt;Santísima de esta visión más inflamada y transformada&lt;br /&gt;en aquel objeto infinito y en sus atributos y perfecciones&lt;br /&gt;que había conocido, y con el progreso de los favores&lt;br /&gt;Divinos los hacía ella en las virtudes y multiplicaba los&lt;br /&gt;ruegos, las ansias, fervores y los méritos con que&lt;br /&gt;aceleraba la Encarnación del Verbo Divino y nuestra&lt;br /&gt;salud.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la divina Reina.&lt;br /&gt;45. Carísima hija mía, quiero que hagas mucha&lt;br /&gt;ponderación y aprecio de lo que has entendido que yo&lt;br /&gt;hice y padecí cuando el Altísimo me dio conocimiento tan&lt;br /&gt;alto de su bondad, inclinada con infinito peso a&lt;br /&gt;enriquecer a los mortales, y la mala correspondencia y&lt;br /&gt;tenebrosa ingratitud de parte de ellos. Cuando de&lt;br /&gt;aquella liberalísima dignación descendí a conocer y&lt;br /&gt;penetrar la estulta dureza de los pecadores, era&lt;br /&gt;traspasado mi corazón con una flecha de mortal&lt;br /&gt;amargura que me duró toda la vida. Y te quiero&lt;br /&gt;manifestar otro misterio: que muchas veces el Altísimo,&lt;br /&gt;para sanar la contrición y quebranto de mi corazón en&lt;br /&gt;este dolor, solía responderme y me decía: Recibe tú,&lt;br /&gt;Esposa mía, lo que el mundo ignorante y ciego desprecia&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;como indigno de recibirlo y conocerlo.—Y en esta&lt;br /&gt;respuesta y promesa soltaba el Altísimo el corriente de&lt;br /&gt;sus tesoros, que letificaban mi alma más que la&lt;br /&gt;capacidad humana puede alcanzar ni toda lengua&lt;br /&gt;explicar.&lt;br /&gt;46. Quiero, pues, ahora que tú, amiga mía, seas mi&lt;br /&gt;compañera en este dolor, tan poco advertido de los&lt;br /&gt;vivientes, que yo padecí por ellos. Y para que me imites&lt;br /&gt;en él y en los efectos que te causará tan justa pena,&lt;br /&gt;debes negarte y olvidarte de ti misma en todo y coronar&lt;br /&gt;tu corazón de espinas y dolores contra lo que hacen los&lt;br /&gt;mortales. Llora tú lo que ellos se ríen y deleitan (Sab., 2,&lt;br /&gt;6-9) en su eterna damnación, que éste es el oficio más&lt;br /&gt;legítimo de las que son con verdad esposas de mi Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, y sólo se les permite que se deleiten en las&lt;br /&gt;lágrimas que derraman por sus pecados y por los del&lt;br /&gt;mundo ignorante. Prepara tu corazón con esta&lt;br /&gt;disposición para que te haga el Señor participante de sus&lt;br /&gt;tesoros, y esto no tanto porque tú quedes rica, cuanto&lt;br /&gt;porque Su Majestad cumpla su liberal amor de comunicártelos&lt;br /&gt;y justificar las almas. Imítame en todo lo que&lt;br /&gt;yo te enseño, pues conoces ser ésta mi voluntad para&lt;br /&gt;contigo.&lt;br /&gt;CAPITULO 5&lt;br /&gt;Manifiesta el Altísimo a María Santísima nuevos&lt;br /&gt;misterios y sacramentos con las obras del quinto día de la&lt;br /&gt;creación, y pide Su Alteza de nuevo la Encarnación del&lt;br /&gt;Verbo.&lt;br /&gt;47. Llegó el quinto día de la novena que la Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad celebraba en el templo de María Santísima,&lt;br /&gt;para tomar en ella el Verbo Eterno nuestra forma de&lt;br /&gt;hombre, y, corriendo más el velo de los ocultos secretos&lt;br /&gt;de la infinita sabiduría, este día le descubrió otros de&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;nuevo, elevándola a la visión abstractiva de la Divinidad,&lt;br /&gt;como en los días antecedentes que queda declarado;&lt;br /&gt;pero siempre las disposiciones e iluminaciones se&lt;br /&gt;renovaban con mayores rayos de luz y de carismas que&lt;br /&gt;de los tesoros de la infinidad se derivaban en su alma&lt;br /&gt;santísima y en sus potencias, con que la divina Señora se&lt;br /&gt;iba allegando y asimilando más al ser de Dios y&lt;br /&gt;transformándose más y más en él, para llegar a ser digna&lt;br /&gt;Madre del mismo Dios.&lt;br /&gt;48. En esta visión habló el Altísimo a la divina Reina&lt;br /&gt;para manifestarla otros secretos, y mostrándosele con&lt;br /&gt;increíble caricia la dijo: Esposa mía y paloma mía, en lo&lt;br /&gt;escondido de mi pecho has conocido la inmensa&lt;br /&gt;liberalidad a que me inclina el amor que tengo al linaje&lt;br /&gt;humano y los tesoros ocultos que tengo prevenidos para&lt;br /&gt;su felicidad; y puede tanto este amor conmigo, que&lt;br /&gt;quiero darles a mi Unigénito para su enseñanza y&lt;br /&gt;remedio. También has conocido algo de su mala&lt;br /&gt;correspondencia y torpísima ingratitud y el desprecio que&lt;br /&gt;hacen los hombres de mi clemencia y amor. Pero aunque&lt;br /&gt;te he manifestado parte de su malicia, quiero, amiga mía,&lt;br /&gt;que de nuevo conozcas en mi ser el pequeño número de&lt;br /&gt;los que me han de conocer y amar como escogidos y cuán&lt;br /&gt;dilatado y grande es el de los ingratos y réprobos. Estos&lt;br /&gt;pecados sin número y las abominaciones de tantos&lt;br /&gt;hombres inmundos y tenebrosos, que con mi ciencia infinita&lt;br /&gt;tengo previstos, detienen mi liberal misericordia y&lt;br /&gt;han echado candados fuertes por donde han de salir los&lt;br /&gt;tesoros de mi Divinidad y hacen indigno al mundo para&lt;br /&gt;recibirlos.&lt;br /&gt;49. Conoció la princesa María en estas palabras del&lt;br /&gt;Altísimo grandes sacramentos del número de los&lt;br /&gt;predestinados y de los réprobos y también la resistencia&lt;br /&gt;y óbice que causaban todos los pecados de los hombres&lt;br /&gt;juntos en la mente Divina para que viniese al mundo el&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;Verbo Eterno Humanado; y admirada la prudentísima Señora&lt;br /&gt;con la vista de la infinita bondad y equidad del&lt;br /&gt;Criador y de la inmensa iniquidad y malicia de los&lt;br /&gt;hombres, inflamada toda en la llama del Divino amor,&lt;br /&gt;habló a Su Majestad y le dijo:&lt;br /&gt;50. Señor mío y Dios infinito, de sabiduría y santidad&lt;br /&gt;incomprensible, ¿qué misterio es éste, bien mío, que me&lt;br /&gt;habéis manifestado? No tienen medida ni término las&lt;br /&gt;maldades de los hombres, pues sola vuestra sabiduría las&lt;br /&gt;comprende, pero todas ellas, y otras muchas y mayores,&lt;br /&gt;¿pueden por ventura extinguir Vuestra bondad y amor o&lt;br /&gt;competir con él? No, Señor y Dueño mío, no ha de ser así;&lt;br /&gt;la malicia de los mortales no ha de detener vuestra&lt;br /&gt;misericordia. Yo soy la más inútil de todo el linaje&lt;br /&gt;humano, pero de su parte os pongo la demanda de&lt;br /&gt;vuestra fidelidad. Verdad infalible es que faltará el cielo&lt;br /&gt;y la tierra primero que la verdad de vuestras palabras&lt;br /&gt;(Mt., 24, 35); y también es verdad que la tenéis dada al&lt;br /&gt;mundo muchas veces por boca de vuestros profetas&lt;br /&gt;santos y por la vuestra a ellos mismos que les daréis su&lt;br /&gt;redentor y vuestra salud. Pues ¿cómo, Dios mío, se&lt;br /&gt;dejarán dé cumplir esas promesas acreditadas con&lt;br /&gt;vuestra infinita sabiduría para no ser engañado y&lt;br /&gt;con vuestra bondad para no engañar al hombre? Para&lt;br /&gt;hacerles esta promesa y ofrecerles su eterna felicidad&lt;br /&gt;en vuestro Verbo Humanado, de parte de los mortales&lt;br /&gt;no hubo merecimientos, ni os pudo obligar alguna&lt;br /&gt;criatura; y si este bien se pudiera merecer, no quedara&lt;br /&gt;tan engrandecida Vuestra infinita y liberal clemencia; de&lt;br /&gt;solo Vos mismo Os disteis por obligado, que para hacerse&lt;br /&gt;Dios hombre sólo en Dios puede haber razón que le&lt;br /&gt;obligue; en solo Vos está la razón y motivo de habernos&lt;br /&gt;criado, y de habernos de reparar después de caídos. No&lt;br /&gt;busquéis, Dios mío y Rey Altísimo, para la Encarnación&lt;br /&gt;más méritos ni más razón que Vuestra misericordia y la&lt;br /&gt;exaltación de Vuestra gloria.&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;51. Verdad es, Esposa mía —respondió el Altísimo— que&lt;br /&gt;por mi bondad inmensa me obligué a prometer a los&lt;br /&gt;hombres me vestiría de su naturaleza y habitaría con&lt;br /&gt;ellos, y que nadie pudo merecer conmigo esta promesa;&lt;br /&gt;pero desmerece la ejecución el ingratísimo proceder de&lt;br /&gt;los mortales, tan odioso en mi equidad y presencia, pues&lt;br /&gt;cuando yo sólo pretendo el interés de su felicidad eterna&lt;br /&gt;en retorno de mi amor, conozco y hallo su dureza y que&lt;br /&gt;con ella han de malograr y despreciar los tesoros de mi&lt;br /&gt;gracia y gloria, y su correspondencia ha de ser dando&lt;br /&gt;espinas en lugar de fruto, grandes ofensas por los&lt;br /&gt;beneficios y torpe ingratitud por mis largas y liberales&lt;br /&gt;misericordias, y el fin de todos estos males será para&lt;br /&gt;ellos la privación de mi vista en tormentos eternos.&lt;br /&gt;Atiende, amiga mía, a estas verdades escritas en el&lt;br /&gt;secreto de mi sabiduría y pondera estos grandes&lt;br /&gt;sacramentos; que para ti patente está mi corazón, donde&lt;br /&gt;conoces la razón de mi justicia.&lt;br /&gt;52. No es posible manifestar los ocultos misterios que&lt;br /&gt;conoció María Santísima en el Señor, porque vio en él&lt;br /&gt;todas las criaturas presentes, pasadas y futuras, con el&lt;br /&gt;orden que habían de tener todas las almas, las obras&lt;br /&gt;buenas y malas que habían de hacer, el fin que todas&lt;br /&gt;habían de tener; y si no fuera confortada con la virtud&lt;br /&gt;Divina, no pudiera conservar la vida entre los efectos y&lt;br /&gt;afectos que causaban en ella esta ciencia y vista de tan&lt;br /&gt;recónditos sacramentos y misterios. Pero como en estos&lt;br /&gt;nuevos milagros y beneficios disponía Su Majestad tan&lt;br /&gt;altos fines, no era escaso sino liberalísimo con su amada&lt;br /&gt;y escogida para Madre suya. Y como esta ciencia la&lt;br /&gt;deprendía nuestra Reina a los pechos del mismo Dios,&lt;br /&gt;con ella se derivaba el fuego de la misma caridad eterna,&lt;br /&gt;que la enardecía en amor del mismo Dios y de los&lt;br /&gt;prójimos; y continuando sus peticiones, dijo:&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;53. Señor y Dios eterno, invisible e inmortal, confieso&lt;br /&gt;Vuestra justicia, engrandezco Vuestras obras, adoro&lt;br /&gt;Vuestro ser infinito, y reverencio Vuestros juicios. Mi&lt;br /&gt;corazón se resuelve todo en afectos amorosos,&lt;br /&gt;conociendo Vuestra bondad sin límite para los hombres y&lt;br /&gt;su pesada ingratitud y grosería para vos. Para todos&lt;br /&gt;queréis, Dios mío, la vida eterna, pero serán pocos los&lt;br /&gt;que agradezcan este inestimable beneficio y muchos los&lt;br /&gt;que le perderán por su malicia. Si por esta parte, bien&lt;br /&gt;mío, os desobligáis, perdidos somos los mortales, pero si&lt;br /&gt;con vuestra ciencia Divina tenéis previstas las culpas y&lt;br /&gt;malicia de los hombres que tanto os desobligan, con la&lt;br /&gt;misma ciencia estáis mirando a vuestro Unigénito&lt;br /&gt;Humanado y sus obras de infinito valor y aprecio en&lt;br /&gt;vuestra aceptación, y éstas sobreabundan a los pecados&lt;br /&gt;y sin comparación los exceden. De este hombre y Dios se&lt;br /&gt;debe obligar Vuestra equidad y por él mismo dárnosle&lt;br /&gt;luego a él mismo; y para pedirle otra vez en nombre del&lt;br /&gt;linaje humano, yo me visto del mismo espíritu del Verbo&lt;br /&gt;hecho hombre en vuestra mente y pido su ejecución y la&lt;br /&gt;vida eterna por su mano para todos los mortales.&lt;br /&gt;54. Represéntesele al Eterno Padre en esta petición de&lt;br /&gt;María Purísima —a nuestro modo de hablar— cómo su&lt;br /&gt;Unigénito había de bajar al virginal vientre de esta gran&lt;br /&gt;Reina, y rindiéronle sus amorosos y humildes ruegos. Y&lt;br /&gt;aunque siempre se le mostraba indeciso, era industria de&lt;br /&gt;su regalado amor para oír más la voz de su querida y que&lt;br /&gt;sus labios dulces destilaran miel suavísima y sus emisiones&lt;br /&gt;fuesen del paraíso (Cant., 4, 11-13). Y para más&lt;br /&gt;alargar esta regalada contienda, la respondió el Señor:&lt;br /&gt;Esposa mía dulcísima y mi paloma electa, mucho es lo&lt;br /&gt;que me pides y muy poco lo que los hombres me obligan,&lt;br /&gt;pues ¿cómo a los indignos se ha de conceder tan raro&lt;br /&gt;beneficio? Déjame, amiga mía, que los trate conforme su&lt;br /&gt;mala correspondencia.—Respondía nuestra poderosa y&lt;br /&gt;piadosa Abogada: No, Dueño mío, no os dejaré con mi&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;porfía; si mucho es lo que pido, a vos lo pido, que sois rico&lt;br /&gt;en misericordias, poderoso en las obras, verdadero en las&lt;br /&gt;palabras. Mi padre (Santo Rey) David dijo de Vos y del&lt;br /&gt;Verbo eterno (Sal., 109, 4): Juró el Señor y no le pesará de&lt;br /&gt;haber jurado; tú eres sacerdote según el orden de&lt;br /&gt;Melquisedec. Venga, pues, este Sacerdote que&lt;br /&gt;juntamente ha de ser sacrificio por nuestro rescate,&lt;br /&gt;venga, pues no os puede pesar de la promesa, porque no&lt;br /&gt;prometéis con ignorancia; dulce amor mío, vestida estoy&lt;br /&gt;de la virtud de este Hombre-Dios, no cesará mi porfía si&lt;br /&gt;no me dais la bendición como a mi padre Jacob (Gén., 32,&lt;br /&gt;26).&lt;br /&gt;55. Fuele preguntado a nuestra Reina y Señora en esta&lt;br /&gt;lucha divina, como a Jacob, cuál era su nombre. Dijo:&lt;br /&gt;Hija soy de Adán, fabricada por Vuestras manos de la&lt;br /&gt;materia humilde del polvo.— Y el Altísimo la respondió:&lt;br /&gt;De hoy más será tu nombre la escogida para Madre del&lt;br /&gt;Unigénito.—Pero estas últimas palabras entendiéronlas&lt;br /&gt;los cortesanos del Cielo, y a ella se le ocultaron hasta su&lt;br /&gt;tiempo, percibiendo sola la razón de escogida. Y&lt;br /&gt;habiendo perseverado esta contienda amorosa el tiempo&lt;br /&gt;que disponía la sabiduría Divina y que convenía para&lt;br /&gt;enardecer el fervoroso corazón de la escogida, toda la&lt;br /&gt;Santísima Trinidad dio su real palabra a María Purísima&lt;br /&gt;nuestra Reina que luego enviaría al mundo el Verbo&lt;br /&gt;Eterno hecho hombre. Con este fíat, alegre y llena de&lt;br /&gt;incomparable júbilo, pidió la bendición y se la dio el&lt;br /&gt;Altísimo. Salió esta mujer fuerte victoriosa más que Jacob&lt;br /&gt;de luchar con Dios, porque ella quedó rica, fuerte y llena&lt;br /&gt;de despojos y el herido y enflaquecido —a nuestro modo&lt;br /&gt;de entender— fue el mismo Dios, quedando ya rendido&lt;br /&gt;del amor de esta Señora para vestirse en su sagrado&lt;br /&gt;tálamo de la flaqueza humana de nuestra carne pasible,&lt;br /&gt;en que disimulase y encubriese la fortaleza de su&lt;br /&gt;divinidad para vencer siendo vencido y darnos la vida&lt;br /&gt;con su muerte. Vean y conozcan los mortales cómo María&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;Santísima es la causa de su salud después de su&lt;br /&gt;benditísimo Hijo.&lt;br /&gt;56. Luego en esta misma visión se le manifestaron a&lt;br /&gt;nuestra gran Reina las obras del quinto día (Gén., 1, 20-&lt;br /&gt;23) de la creación del mundo en la misma forma que&lt;br /&gt;sucedieron; y conoció cómo con la fuerza de la Divina&lt;br /&gt;palabra fueron engendrados y producidos de las aguas&lt;br /&gt;de de debajo del firmamento los imperfectos animales&lt;br /&gt;reptiles que andan sobre la tierra, volátiles que corren&lt;br /&gt;por el aire y los natátiles que discurren y habitan en las&lt;br /&gt;aguas; y de todas estas criaturas conoció el principio,&lt;br /&gt;materia, forma y figura en su género, todas las especies&lt;br /&gt;de estos animales silvestres, sus condiciones,&lt;br /&gt;calidades, utilidades y armonía; las aves del cielo —que&lt;br /&gt;así llamamos el aire— con la variedad y forma de cada&lt;br /&gt;especie, su adorno, sus plumas, su ligereza; los&lt;br /&gt;innumerables peces del mar y de los ríos, la diferencia de&lt;br /&gt;ballenas, su compostura, calidades, cavernas, alimento&lt;br /&gt;que les administra el mar, los fines para que sirven, la&lt;br /&gt;forma y utilidad que cada una tiene en el mundo. Y Su&lt;br /&gt;Majestad mandó singularmente a todo este ejército de&lt;br /&gt;criaturas que reconociesen y obedeciesen a María&lt;br /&gt;Santísima, dándola potestad para que a todas las&lt;br /&gt;mandase y de ellas se sirviese; como sucedió en muchas&lt;br /&gt;ocasiones, de que diré algunas en sus lugares (Cf. infla n.&lt;br /&gt;185, 431, 636; p. III n. 372). Y con esto salió de la visión de&lt;br /&gt;este día, y le ocupó en los ejercicios y peticiones que la&lt;br /&gt;mandó el Señor.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la divina Señora.&lt;br /&gt;57. Hija mía, el más copioso conocimiento de las obras&lt;br /&gt;maravillosas que hizo conmigo el brazo del Altísimo,&lt;br /&gt;para levantarme con las visiones de la Divinidad&lt;br /&gt;abstractivas a la dignidad de Madre, está reservado para&lt;br /&gt;que los predestinados lo conozcan en la celestial&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;Jerusalén. Allí lo entenderán y verán en el mismo Señor&lt;br /&gt;con especial gozo y admiración, como la tuvieron los&lt;br /&gt;ángeles cuando el Altísimo se lo manifestaba, por lo que&lt;br /&gt;le magnificaban y alababan. Y porque en este beneficio&lt;br /&gt;se ha mostrado Su Majestad contigo entre todas las&lt;br /&gt;generaciones tan liberal y amoroso, dándote la noticia y&lt;br /&gt;luz que de estos sacramentos tan ocultos recibes, quiero,&lt;br /&gt;amiga mía, que sobre todas las criaturas te señales en&lt;br /&gt;alabar y engrandecer su Santo Nombre por lo que la&lt;br /&gt;potencia de su brazo obró conmigo.&lt;br /&gt;58. Y luego debes atender con todo tu cuidado a&lt;br /&gt;imitarme en las obras que yo hacía con estos grandes y&lt;br /&gt;admirables favores. Pide y clama por la salud eterna de&lt;br /&gt;tus hermanos y para que el hombre de mi Hijo sea&lt;br /&gt;engrandecido y conocido de todo el mundo. Y para estas&lt;br /&gt;peticiones has de llegar con una constante&lt;br /&gt;determinación, fundada en fe viva y en segura confianza,&lt;br /&gt;sin perder de vista tu miseria, con profunda humildad y&lt;br /&gt;abatimiento. Con esta prevención has de pelear con el&lt;br /&gt;mismo amor divino por el bien de tu pueblo, advirtiendo&lt;br /&gt;que sus victorias más gloriosas es dejarse vencer de los&lt;br /&gt;humildes que con rectitud le aman; levántate a ti sobre ti&lt;br /&gt;y dale gracias por tus especiales beneficios y por los del&lt;br /&gt;linaje humano y convertida a este divino amor merecerás&lt;br /&gt;recibir otros de nuevo para ti y tus hermanos; y pide al&lt;br /&gt;Señor su bendición siempre que te hallares en su Divina&lt;br /&gt;presencia.&lt;br /&gt;CAPITULO 6&lt;br /&gt;Manifiesta el Altísimo a María Señora nuestra otros&lt;br /&gt;misterios con las obras del día sexto de la creación.&lt;br /&gt;59. Perseveraba el Altísimo en disponer de próximo a&lt;br /&gt;nuestra divina Princesa para recibir el Verbo Eterno en su&lt;br /&gt;virginal vientre, y ella continuaba sin intervalo sus&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;fervientes afectos y oraciones para que viniese al mundo;&lt;br /&gt;y llegando la noche del día sexto de los que voy&lt;br /&gt;declarando, con la misma voz y fuerza que arriba dije (Cf.&lt;br /&gt;supra n.6), fue llamada y llevada en espíritu y,&lt;br /&gt;precediendo más intensos grados de iluminaciones, se le&lt;br /&gt;manifestó la Divinidad con visión abstractiva con el orden&lt;br /&gt;que otras veces, pero siempre con efectos más divinos y&lt;br /&gt;conocimiento de los atributos del Altísimo más profundo.&lt;br /&gt;Gastaba nueve horas en esta oración y salía de ella a la&lt;br /&gt;hora de tercia. Y aunque cesaba entonces aquella&lt;br /&gt;levantada visión del ser de Dios, no por eso se despedía&lt;br /&gt;María Santísima de su vista y oración, antes quedaba en&lt;br /&gt;otra, que si respecto de la que dejaba era inferior, pero&lt;br /&gt;absolutamente era altísima y mayor que la suprema de&lt;br /&gt;todos los santos y justos. Y todos estos favores y dones&lt;br /&gt;eran más deificados en los días últimos y próximos a la&lt;br /&gt;Encarnación, sin que para esto la impidiesen las&lt;br /&gt;ocupaciones activas de su estado, porque allí no se&lt;br /&gt;querellaba Marta que María la dejaba sola en sus ministerios&lt;br /&gt;(Lc., 10, 40).&lt;br /&gt;60. Habiendo conocido la Divinidad en aquella visión,&lt;br /&gt;se le manifestaron luego las obras del día sexto de la&lt;br /&gt;creación del mundo (Gén., 1, 24-31), como si se hallara&lt;br /&gt;presente. Conoció en el mismo Señor cómo a su Divina&lt;br /&gt;Palabra produjo la tierra el ánima viviente en su género,&lt;br /&gt;según lo dice (Santo Profeta y Legislador) Moisés;&lt;br /&gt;entendiendo por este nombre los animales terrestres que&lt;br /&gt;por más perfectos que los peces y aves en las operaciones&lt;br /&gt;y vida animal se llaman por la parte principal&lt;br /&gt;ánima viviente. Conoció y penetró todos estos géneros y&lt;br /&gt;especies de animales que fueron criados en este sexto&lt;br /&gt;día; y cómo se llamaban unos jumentos, por lo que sirven&lt;br /&gt;y ayudan a los hombres, otros bestias, como más fieros y&lt;br /&gt;silvestres, otros reptiles, porque se levantan de la tierra&lt;br /&gt;poco o nada, y de todos conoció y alcanzó las calidades,&lt;br /&gt;iras, fuerzas, ministerios, fines y todas sus condiciones&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;distinta y singularmente. Sobre todos estos animales se le&lt;br /&gt;dio imperio y dominio, y a ellos precepto que la&lt;br /&gt;obedeciesen; y pudiera sin recelo hollar y pisar sobre el&lt;br /&gt;áspid y basilisco, que todos se rindieran a sus plantas, y&lt;br /&gt;muchas veces lo hicieron a su mandato algunos animales,&lt;br /&gt;como sucedió en el nacimiento de su Hijo Santísimo, que&lt;br /&gt;el buey y la jumentilla se postraron y calentaron con su&lt;br /&gt;aliento al niño Dios, porque se lo mandó la divina Madre.&lt;br /&gt;61. En esta plenitud de ciencia conoció y entendió&lt;br /&gt;nuestra divina Reina con suma perfección el oculto modo&lt;br /&gt;de encaminar Dios todo lo que criaba para servicio y&lt;br /&gt;beneficio del género humano, y en la deuda en que por&lt;br /&gt;este beneficio quedaba a su Hacedor. Y fue&lt;br /&gt;convenientísimo que María Santísima tuviese este género&lt;br /&gt;de sabiduría y comprensión, para que con ella diese el&lt;br /&gt;retorno de agradecimiento digno de tales beneficios,&lt;br /&gt;cuando ni los hombres ni los ángeles no lo dieron,&lt;br /&gt;faltando a la debida correspondencia o no llegando a&lt;br /&gt;todo lo que debían las criaturas. Todos estos vacíos llenó&lt;br /&gt;la Reina de todas ellas y satisfizo por lo que nosotros no&lt;br /&gt;podíamos o no quisimos. Y con la correspondencia que&lt;br /&gt;ella dio, dejó como satisfecha a la equidad divina,&lt;br /&gt;mediando entre ella y las criaturas, y por su inocencia y&lt;br /&gt;agradecimiento se hizo más aceptable que todas ellas, y&lt;br /&gt;el Altísimo se dio por más obligado de sola María&lt;br /&gt;Santísima que de todo el resto de las demás criaturas.&lt;br /&gt;Por este modo tan misterioso se iba disponiendo la&lt;br /&gt;venida de Dios al mundo, porque se removía el óbice con&lt;br /&gt;la santidad de la que había de ser su Madre.&lt;br /&gt;62. Después de la creación de todas las criaturas&lt;br /&gt;incapaces de razón, conoció en la misma visión cómo&lt;br /&gt;para complemento y perfección del mundo dijo la&lt;br /&gt;beatísima Trinidad: Hagamos al hombre a imagen y&lt;br /&gt;semejanza nuestra (Gén, 1, 26); y cómo con la virtud de&lt;br /&gt;este divino decreto fue formado el primer hombre de&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;tierra para origen de los demás. Conoció profundamente&lt;br /&gt;la armonía del cuerpo humano y el alma y sus potencias,&lt;br /&gt;creación e infusión en el cuerpo, la unión que con él tiene&lt;br /&gt;para componer el todo; y en la fábrica del cuerpo humano&lt;br /&gt;conoció todas las partes singularmente, el número&lt;br /&gt;de los huesos, venas, arterias, nervios y ligación con el&lt;br /&gt;concurso de los cuatro humores en el temperamento&lt;br /&gt;conveniente, la facultad de alimentarse, alterarse,&lt;br /&gt;nutrirse y moverse localmente y cómo por la desigualdad&lt;br /&gt;o mutación de toda esta armonía se causaban las&lt;br /&gt;enfermedades y cómo se reparaban. Todo lo entendió y&lt;br /&gt;penetró sin engaño nuestra prudentísima Virgen más que&lt;br /&gt;todos los filósofos del mundo y más que los mismos&lt;br /&gt;ángeles.&lt;br /&gt;63. Manifestóle asimismo el Señor el feliz estado de la&lt;br /&gt;justicia original en que puso a nuestros primeros padres&lt;br /&gt;Adán y Eva, y conoció las condiciones, hermosura y&lt;br /&gt;perfección de la inocencia y de la gracia, y lo poco que&lt;br /&gt;perseveraron en ella; entendió el modo cómo fueron&lt;br /&gt;tentados y vencidos con la astucia de la serpiente y los&lt;br /&gt;efectos que hizo el pecado, el furor y el odio de los&lt;br /&gt;demonios contra el linaje humano. A la vista de todos&lt;br /&gt;estos objetos hizo nuestra Reina grandes y heroicos actos&lt;br /&gt;de sumo agrado para el Altísimo: reconoció ser hija de&lt;br /&gt;aquellos primeros padres, descendiente de una&lt;br /&gt;naturaleza tan ingrata a su Criador y en este&lt;br /&gt;conocimiento se humilló en la divina presencia, hiriendo&lt;br /&gt;el corazón de Dios y obligándole a que la levantase sobre&lt;br /&gt;todo lo criado. Tomó por su cuenta llorar aquella primera&lt;br /&gt;culpa con todas las demás que de ella resultaron, como si&lt;br /&gt;de todas fuera ella la delincuente. Por esto se pudo ya&lt;br /&gt;llamar "feliz culpa" (Pregón pascual de la liturgia del&lt;br /&gt;Sábado Santo) a aquella que mereció ser llorada con tan&lt;br /&gt;preciosas lágrimas en la estimación del Señor, que&lt;br /&gt;comenzaron a ser fiadoras y prenda cierta de nuestra&lt;br /&gt;redención.&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;64. Rindió dignas gracias al Criador por la ostentosa&lt;br /&gt;obra de la creación del hombre. Consideró atentamente&lt;br /&gt;su desobediencia y la seducción y engaño de Eva, y en su&lt;br /&gt;mente propuso la perpetua obediencia que aquellos&lt;br /&gt;primeros padres negaron a su Dios y Señor; y fue tan&lt;br /&gt;acepto en sus ojos este rendimiento, que ordenó Su Majestad&lt;br /&gt;se cumpliese y ejecutase este día en presencia de&lt;br /&gt;los cortesanos del cielo la verdad figurada en la historia&lt;br /&gt;del rey Asuero, de quien fue reprobada la reina Vasti y&lt;br /&gt;privada de la dignidad real por su desobediencia, y en su&lt;br /&gt;lugar fue levantada por reina la humilde y graciosa Ester&lt;br /&gt;(Est., 2, 1ss.).&lt;br /&gt;65. Correspondíanse en todo estos misterios con&lt;br /&gt;admirable consonancia. Porque el sumo y verdadero Rey,&lt;br /&gt;para ostentar la grandeza de su poder y tesoros de su&lt;br /&gt;divinidad, hizo el gran convite de la creación y, prevenida&lt;br /&gt;la mesa franca de todas las criaturas, llamó al convidado,&lt;br /&gt;el linaje humano, en la creación de sus primeros padres.&lt;br /&gt;Desobedeció Vasti, nuestra madre Eva, mal rendida al&lt;br /&gt;divino precepto, y con aprobación y admirable alabanza&lt;br /&gt;de los ángeles mandó el verdadero Asuero en este día&lt;br /&gt;que fuese levantada a la dignidad de Reina de todo lo&lt;br /&gt;criado la humildísima Ester, María Santísima, llena de&lt;br /&gt;gracia y hermosura, escogida entre todas las hijas del&lt;br /&gt;linaje humano para su Restauradora y Madre de su&lt;br /&gt;Criador.&lt;br /&gt;66. Y para la plenitud de este misterio infundió el&lt;br /&gt;Altísimo en el corazón de nuestra Reina en esta visión&lt;br /&gt;nuevo aborrecimiento con el demonio, como le tuvo Ester&lt;br /&gt;con Aman, y así sucedió que le derribó de su privanza,&lt;br /&gt;digo, del imperio y mando que tenía en el mundo, y le&lt;br /&gt;quebrantó la cabeza de su soberbia, llevándole hasta el&lt;br /&gt;patíbulo de la cruz, donde él pretendió destruir y vencer&lt;br /&gt;al Hombre-Dios, para que allí fuese castigado y vencido;&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;que en todo intervino María Santísima, como diremos en&lt;br /&gt;su lugar (Cf. infra n. 1364). Y así como la enemiga de este&lt;br /&gt;gran dragón comenzó desde el cielo contra la mujer que&lt;br /&gt;vio en él vestida del sol, que dijimos era esta divina&lt;br /&gt;Señora (Cf. supra p. 1 n. 95), así también duró la&lt;br /&gt;contienda hasta que por ella fue privado de su tirano&lt;br /&gt;dominio; y como en lugar de Amán soberbio fue honrado&lt;br /&gt;el fidelísimo Mardoqueo, así fue puesto el castísimo y&lt;br /&gt;fidelísimo José que cuidaba de la salud de nuestra&lt;br /&gt;divina Ester y continuamente la pedía rogase por la&lt;br /&gt;libertad de su pueblo —que éstas eran las continuas&lt;br /&gt;pláticas del Santo José y de su esposa purísima— y por&lt;br /&gt;ella fue levantado a la grandeza de santidad que alcanzó&lt;br /&gt;y a tan excelente dignidad, que le dio el supremo Rey el&lt;br /&gt;anillo de su sello, para que con él mandase al mismo Dios&lt;br /&gt;humanado, que le estaba sujeto, como dice el Evangelio&lt;br /&gt;(Lc., 2, 51). Con esto, salió de esta visión nuestra Reina.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la divina Señora.&lt;br /&gt;67. Admirable fue, hija mía, este don de la humildad&lt;br /&gt;que me concedió el Altísimo en este suceso que has&lt;br /&gt;escrito; y pues no desecha Su Majestad a quien le llama,&lt;br /&gt;ni su favor se niega al que se dispone a recibirlo, quiero&lt;br /&gt;que tú me imites y seas mi compañera en el ejercicio de&lt;br /&gt;esta virtud. Yo no tenía parte en la culpa de Adán, que fui&lt;br /&gt;exenta de su inobediencia, mas porque tuve parte de su&lt;br /&gt;naturaleza, y por sola ella era hija suya, me humillé hasta&lt;br /&gt;aniquilarme en mi estimación. Pues con este ejemplo&lt;br /&gt;¿hasta dónde se debe humillar quien tuvo parte no sólo&lt;br /&gt;en la primera culpa, pero después ha cometido otras sin&lt;br /&gt;número? Y el motivo y fin de este humilde conocimiento,&lt;br /&gt;no ha de ser tanto remover la pena de estas culpas,&lt;br /&gt;cuanto restaurar y recompensar la honra que en ellas se&lt;br /&gt;le quitó y negó al Criador y Señor de todos.&lt;br /&gt;68. Si un hermano tuyo ofendiera gravemente a tu padre&lt;br /&gt;50&lt;br /&gt;natural, no fueras tú hija agradecida y leal de tu padre,&lt;br /&gt;ni hermana verdadera de tu hermano, si no te dolieras de&lt;br /&gt;la ofensa y lloraras como propia la ruina, porque al padre&lt;br /&gt;se debe toda reverencia y al hermano debes el amor&lt;br /&gt;como a ti misma; pues considera, carísima, y examina con&lt;br /&gt;la luz verdadera cuánta diferencia hay de vuestro Padre&lt;br /&gt;que está en los cielos al padre natural y que todos sois&lt;br /&gt;hijos suyos y unidos con vínculo de estrecha&lt;br /&gt;obligación de hermanos y siervos de un Señor&lt;br /&gt;verdadero; y como te humillarías y llorarías con grande&lt;br /&gt;confusión y vergüenza, si tus hermanos naturales cometieran&lt;br /&gt;alguna culpa afrentosa, así quiero que lo hagas&lt;br /&gt;por las que cometen los mortales contra Dios, doliéndote&lt;br /&gt;con vergüenza como si a ti te las atribuyeras. Esto fue lo&lt;br /&gt;que yo hice conociendo la inobediencia de Adán y Eva y&lt;br /&gt;los males que de ella se siguieron al linaje humano; y se&lt;br /&gt;complació el Altísimo de mi reconocimiento y caridad,&lt;br /&gt;porque es muy agradable a sus ojos el que llora los pecados&lt;br /&gt;de que se olvida quien los comete.&lt;br /&gt;69. Junto con esto, estarás advertida que por grandes y&lt;br /&gt;levantados que sean los favores que recibes del Altísimo,&lt;br /&gt;no por esto te descuides del peligro, ni tampoco&lt;br /&gt;desprecies el acudir y descender a las obras de&lt;br /&gt;obligación y de caridad. Y esto no es dejar a Dios; pues la&lt;br /&gt;fe te enseña y la luz te gobierna para que le lleves&lt;br /&gt;contigo en toda ocupación y lugar y sólo te dejes a ti&lt;br /&gt;misma y a tu gusto por cumplir el de tu Señor y esposo.&lt;br /&gt;No te dejes llevar en estos afectos del peso de la&lt;br /&gt;inclinación, ni de la buena intención y gusto interior, que&lt;br /&gt;muchas veces se encubre con esta capa el mayor peligro;&lt;br /&gt;y en estas dudas o ignorancias siempre sirve de contraste&lt;br /&gt;y de maestro la obediencia santa, por la que gobernarás&lt;br /&gt;tus acciones seguramente sin hacer otra elección, porque&lt;br /&gt;están vinculadas grandes victorias y progresos de&lt;br /&gt;merecimientos al verdadero rendimiento y sujeción del&lt;br /&gt;dictamen propio al ajeno. No has de tener jamás querer o&lt;br /&gt;51&lt;br /&gt;no querer, y con eso cantarás victorias (Prov., 21, 28) y&lt;br /&gt;vencerás los enemigos.&lt;br /&gt;CAPITULO 7&lt;br /&gt;Celebra el Altísimo con la Princesa del cielo nuevo&lt;br /&gt;desposorio para las bodas de la encarnación y adórnala&lt;br /&gt;para ellas.&lt;br /&gt;70. Grandes son las obras del Altísimo (Sal., 110, 2),&lt;br /&gt;porque todas fueron y son hechas con plenitud de ciencia&lt;br /&gt;y de bondad, en equidad y mesura (Sap., 11, 21).&lt;br /&gt;Ninguna es manca, inútil ni defectuosa, superflua ni vana;&lt;br /&gt;todas son exquisitas y magníficas, como el mismo Señor&lt;br /&gt;que con la medida de su voluntad quiso hacerlas y&lt;br /&gt;conservarlas, y las quiso como convenían, para ser en&lt;br /&gt;ellas conocido y magnificado. Pero todas las obras de&lt;br /&gt;Dios ad extra, fuera del misterio de la Encarnación,&lt;br /&gt;aunque son grandes, estupendas y admirables, y más&lt;br /&gt;admirables que comprensibles, no son más de una&lt;br /&gt;pequeña centella (Eclo., 42, 23) despedida del inmenso&lt;br /&gt;abismo de la divinidad. Sólo este gran sacramento de&lt;br /&gt;hacerse Dios hombre pasible y mortal es la obra grande&lt;br /&gt;de todo el poder y sabiduría infinita y la que excede sin&lt;br /&gt;medida a las demás obras y maravillas de su brazo&lt;br /&gt;poderoso; porque en este misterio, no una centella de la&lt;br /&gt;divinidad, pero todo aquel volcán del infinito incendio,&lt;br /&gt;que Dios es, bajó y se comunicó a los hombres,&lt;br /&gt;juntándose con indisoluble y eterna unión a nuestra&lt;br /&gt;terrena y humana naturaleza.&lt;br /&gt;71. Si esta maravilla y sacramento del Rey se ha de&lt;br /&gt;medir con su misma grandeza, consiguiente era que la&lt;br /&gt;mujer, de cuyo vientre había de tomar forma de hombre,&lt;br /&gt;fuese tan perfecta y adornada de todas sus riquezas, que&lt;br /&gt;nada le faltase de los dones y gracias posibles y que&lt;br /&gt;todas fuesen tan llenas, que ninguna padeciese mengua&lt;br /&gt;52&lt;br /&gt;ni defecto alguno. Pues como esto era puesto en razón y&lt;br /&gt;convenía a la grandeza del Omnipotente, así lo cumplió&lt;br /&gt;con María Santísima, mejor que el rey Asuero con la&lt;br /&gt;graciosa Ester, para levantarla al trono de su grandeza.&lt;br /&gt;Previno el Altísimo a nuestra Reina María con tales&lt;br /&gt;favores, privilegios y dones nunca imaginados de las&lt;br /&gt;criaturas, que cuando salió a vista de los cortesanos de&lt;br /&gt;este gran Rey de los siglos inmortal (1 Tim., 1, 17),&lt;br /&gt;conocieron todos y alabaron el poder Divino y que, si&lt;br /&gt;eligió una mujer para Madre, pudo y supo hacerla digna&lt;br /&gt;para hacerse Hijo suyo.&lt;br /&gt;72. Llegó el día séptimo y vecino de este misterio y, a la&lt;br /&gt;misma hora que en los pasados he dicho, fue llamada y&lt;br /&gt;elevada en espíritu la divina Señora, pero con una&lt;br /&gt;diferencia de los días precedentes; porque en éste fue&lt;br /&gt;llevada corporalmente por mano de sus santos ángeles al&lt;br /&gt;cielo empíreo, quedando en su lugar uno de ellos que la&lt;br /&gt;representase en cuerpo aparente. Puesta en aquel&lt;br /&gt;supremo cielo, vio la Divinidad con abstractiva visión&lt;br /&gt;como otros días, pero siempre con nueva y mayor luz y&lt;br /&gt;misterios más profundos, que aquel objeto voluntario&lt;br /&gt;sabe y puede ocultar y manifestar. Oyó luego una voz que&lt;br /&gt;salía del trono real, y decía: Esposa y paloma electa,&lt;br /&gt;ven, graciosa y amada nuestra, que hallaste gracia en&lt;br /&gt;nuestros ojos y eres escogida entre millares y de nuevo&lt;br /&gt;te queremos admitir por nuestra Esposa única, y para&lt;br /&gt;esto queremos darte el adorno y hermosura digna de&lt;br /&gt;nuestros deseos.&lt;br /&gt;73. A esta voz y razones, la humildísima entre los&lt;br /&gt;humildes se abatió y aniquiló en la presencia del&lt;br /&gt;Altísimo, sobre todo lo que alcanza la humana&lt;br /&gt;capacidad, y toda rendida al beneplácito divino, con&lt;br /&gt;agradable encogimiento respondió: Aquí está, Señor, el&lt;br /&gt;polvo, aquí este vil gusanillo, aquí está la pobre esclava&lt;br /&gt;vuestra, para que se cumpla en ella vuestro mayor&lt;br /&gt;53&lt;br /&gt;agrado. Servios, bien mío, del instrumento humilde de&lt;br /&gt;vuestro querer, gobernadle con vuestra diestra.—Mandó&lt;br /&gt;luego el Altísimo a dos serafines, de los más allegados al&lt;br /&gt;trono y excelentes en dignidad, que asistiesen a aquella&lt;br /&gt;divina mujer, y acompañados de otros se pusieron en&lt;br /&gt;forma visible al pie del trono, donde estaba María&lt;br /&gt;Santísima más inflamada que todos ellos en el amor&lt;br /&gt;divino.&lt;br /&gt;74. Era espectáculo de nueva admiración y júbilo para&lt;br /&gt;todos los espíritus angélicos ver en aquel lugar celestial,&lt;br /&gt;nunca hollado de otras plantas, una humilde doncella&lt;br /&gt;consagrada para Reina suya y más inmediata al mismo&lt;br /&gt;Dios entre todas las criaturas, ver en el cielo tan&lt;br /&gt;apreciada y valorada aquella mujer (Prov., 31,10) que&lt;br /&gt;ignoraba el mundo y como no conocida la despreciaba,&lt;br /&gt;ver a la naturaleza humana con las arras y principio de&lt;br /&gt;ser levantada sobre los coros celestiales y ya interpuesta&lt;br /&gt;en ellos. ¡Oh qué santa y dulce emulación pudiera&lt;br /&gt;causarles esta peregrina maravilla a los cortesanos&lt;br /&gt;antiguos de la superior Jerusalén! ¡Oh qué conceptos&lt;br /&gt;formaban en alabanza del Autor! ¡Oh qué afectos de&lt;br /&gt;humildad repetían, sujetando sus elevados&lt;br /&gt;entendimientos a la voluntad y ordenación divina!&lt;br /&gt;Reconocían ser justo y santo que levante a los humildes y&lt;br /&gt;que favorezca a la humana humildad y la adelante a la&lt;br /&gt;angélica.&lt;br /&gt;75. Estando en esta loable admiración los moradores&lt;br /&gt;del cielo, la beatísima Trinidad —a nuestro bajo modo de&lt;br /&gt;entender y de hablar— confería entre sí misma cuán&lt;br /&gt;agradable era en sus ojos la princesa María, cómo había&lt;br /&gt;correspondido perfecta y enteramente a los beneficios y&lt;br /&gt;dones que se le habían fiado, cuánto con ellos había&lt;br /&gt;granjeado la gloria que adecuadamente daba al mismo&lt;br /&gt;Señor y cómo no tenía falta ni defecto, ni óbice para la&lt;br /&gt;dignidad de Madre del Verbo para que era destinada. Y&lt;br /&gt;54&lt;br /&gt;junto con esto, determinaron las tres divinas personas&lt;br /&gt;que fuese levantada esta criatura al supremo grado de&lt;br /&gt;gracia y amistad del mismo Dios, que ninguna otra pura&lt;br /&gt;criatura había tenido ni tendrá jamás, y en aquel instante&lt;br /&gt;la dieron a ella sola más que tenían todas juntas. Con&lt;br /&gt;esta determinación la Beatísima Trinidad se complació y&lt;br /&gt;agradó de la santidad suprema de María, como ideada y&lt;br /&gt;concebida en su mente Divina.&lt;br /&gt;76. Y en correspondencia de esta santidad y en su&lt;br /&gt;ejecución, y en testimonio de la benevolencia con que el&lt;br /&gt;mismo Señor la comunicaba nuevas influencias de su&lt;br /&gt;divina naturaleza, ordenó y mandó que fuese María&lt;br /&gt;Santísima adornada visiblemente con una vestidura y&lt;br /&gt;joyas misteriosas, que señalasen los dones interiores de&lt;br /&gt;las gracias y privilegios que le daban como a Reina y&lt;br /&gt;Esposa. Y aunque este adorno y desposorio se le concedió&lt;br /&gt;otras veces, como queda dicho (Cf. supra p. I n. 435),&lt;br /&gt;cuando fue presentada al templo, pero en esta ocasión&lt;br /&gt;fue con circunstancias de nueva excelencia y admiración,&lt;br /&gt;porque servía de más próxima disposición para el&lt;br /&gt;milagro de la Encarnación.&lt;br /&gt;77. Vistieron luego los dos Serafines por mandado del&lt;br /&gt;Señor a María Santísima una tunicela o vestidura larga,&lt;br /&gt;que como símbolo de su pureza y gracia era tan hermosa&lt;br /&gt;y de tan rara candidez y belleza refulgente, que sólo un&lt;br /&gt;rayo de luz de los que sin número despedía, si apareciera&lt;br /&gt;al mundo, le diera mayor claridad sólo él que todo el&lt;br /&gt;número de las estrellas si fueran soles; porque en su&lt;br /&gt;comparación toda la luz que nosotros conocemos&lt;br /&gt;pareciera oscuridad. Al mismo tiempo que la vestían los&lt;br /&gt;serafines, le dio el Altísimo profunda inteligencia de la&lt;br /&gt;obligación en que la dejaba aquel beneficio de&lt;br /&gt;corresponder a Su Majestad con la fidelidad y amor y con&lt;br /&gt;un alto y excelente modo de obrar, que en todo conocía,&lt;br /&gt;pero siempre se le ocultaba el fin que tenía el Señor de&lt;br /&gt;55&lt;br /&gt;recibir carne en su virginal vientre. Todo lo demás&lt;br /&gt;reconocía nuestra gran Señora, y por todo se humillaba&lt;br /&gt;con indecible prudencia y pedía el favor divino para&lt;br /&gt;corresponder a tal beneficio y favor.&lt;br /&gt;78. Sobre la vestidura la pusieron los mismos&lt;br /&gt;serafines una cintura, símbolo del temor santo que se le&lt;br /&gt;infundía; era muy rica, como de piedras varias en&lt;br /&gt;extremo refulgentes, que la agraciaban y hermoseaban&lt;br /&gt;mucho. Y al mismo tiempo la fuente de la luz que tenía&lt;br /&gt;presente la divina Princesa la iluminó e ilustró para que&lt;br /&gt;conociese y entendiese altísimamente las razones por&lt;br /&gt;que debe ser temido Dios de toda criatura. Y con este&lt;br /&gt;don de temor del Señor quedó ajustadamente ceñida,&lt;br /&gt;como convenía a una criatura pura que tan familiarmente&lt;br /&gt;había de tratar y conversar con el mismo Criador, siendo&lt;br /&gt;verdadera Madre suya.&lt;br /&gt;79. Conoció luego que la adornaban de hermosísimos&lt;br /&gt;y dilatados cabellos recogidos con un rico apretador, y&lt;br /&gt;ellos eran más brillantes que el oro subido y refulgente. Y&lt;br /&gt;en este adorno entendió se le concedía que todos sus&lt;br /&gt;pensamientos toda la vida fuesen altos y divinos,&lt;br /&gt;inflamados en subidísima caridad, significada por el oro.&lt;br /&gt;Y junto con esto se le infundieron de nuevo hábitos de&lt;br /&gt;sabiduría y ciencia clarísima, con que quedasen ceñidos&lt;br /&gt;y recogidos varia y hermosamente estos cabellos en una&lt;br /&gt;participación inexplicable de los atributos de ciencia y&lt;br /&gt;sabiduría del mismo Dios. Concediéronla también para&lt;br /&gt;sandalias o calzado que todos los pasos y movimientos&lt;br /&gt;fuesen hermosísimos (Cant., 7, 1) y encaminados siempre&lt;br /&gt;a los más altos y santos fines de la gloria del Altísimo. Y&lt;br /&gt;cogieron este calzado con especial gracia de solicitud y&lt;br /&gt;diligencia en el bien obrar para con Dios y con los&lt;br /&gt;prójimos, al modo que sucedió cuando con festinación fue&lt;br /&gt;a visitar a Santa Isabel y San Juan (Lc., 1, 39); con que&lt;br /&gt;esta hija del Príncipe (Cant., 7, 1) salió hermosísima en&lt;br /&gt;56&lt;br /&gt;sus pasos.&lt;br /&gt;80. Las manos las adornaban con manillas, infundiéndola&lt;br /&gt;nueva magnanimidad para obras grandes, con&lt;br /&gt;participación del atributo de la magnificencia, y así las&lt;br /&gt;extendió siempre para cosas fuertes (Prov., 31, 19). En los&lt;br /&gt;dedos la hermosearon con anillos, para que con los&lt;br /&gt;nuevos dones del Espíritu Divino en las cosas menores o&lt;br /&gt;en materias más inferiores obrase superiormente con&lt;br /&gt;levantado modo, intención y circunstancias, que hiciesen&lt;br /&gt;todas sus obras grandiosas y admirables. Añadieron&lt;br /&gt;juntamente a esto un collar o banda que le pusieron lleno&lt;br /&gt;de inestimables y brillantes piedras preciosas y&lt;br /&gt;pendiente una cifra de tres más excelentes, que en las&lt;br /&gt;tres virtudes fe, esperanza y caridad correspondía a&lt;br /&gt;las tres divinas personas. Renováronle con este&lt;br /&gt;adorno los hábitos de estas nobilísimas virtudes para el&lt;br /&gt;uso que de ellas había menester en los misterios de la&lt;br /&gt;Encarnación y Redención.&lt;br /&gt;81. En las orejas le pusieron unas arracadas de oro con&lt;br /&gt;gusanillos de plata (Cant., 1, 10), preparando sus oídos&lt;br /&gt;con este adorno para la embajada que luego había de oír&lt;br /&gt;del Santo Arcángel Gabriel, y se le dio especial ciencia&lt;br /&gt;para que la oyese con atención y respondiese con&lt;br /&gt;discreción, formando razones prudentísimas y agradables&lt;br /&gt;a la voluntad divina; y en especial para que del metal&lt;br /&gt;sonoro y puro de la plata de su candidez resonase en los&lt;br /&gt;oídos del Señor y quedasen en el pecho de la divinidad&lt;br /&gt;aquellas deseadas y sagradas palabras: Fiat mihi&lt;br /&gt;secundum verbum tuum (Lc., 1, 38).&lt;br /&gt;82. Sembraron luego la vestidura de unas cifras que&lt;br /&gt;servían como de realces o bordaduras de finísimos&lt;br /&gt;matices y oro, que algunas decían: María, Madre de Dios,&lt;br /&gt;y otras, María, Virgen y Madre; mas no se le manifestaron&lt;br /&gt;ni descifraron entonces estas cifras misteriosas a ella&lt;br /&gt;57&lt;br /&gt;sino a los ángeles santos; y los matices eran los hábitos&lt;br /&gt;excelentes de todas las virtudes en eminentísimo grado y&lt;br /&gt;los actos que a ellas correspondían sobre todo lo que han&lt;br /&gt;obrado todas las demás criaturas intelectuales. Y para&lt;br /&gt;complemento de toda esta belleza la dieron por agua de&lt;br /&gt;rostro muchas iluminaciones y resplandores, que se&lt;br /&gt;derivaron en esta divina Señora de la vecindad y&lt;br /&gt;participación del infinito ser y perfecciones del mismo&lt;br /&gt;Dios; que para recibirle real y verdaderamente en su&lt;br /&gt;vientre virginal, convenía haberle recibido por gracia en&lt;br /&gt;el sumo grado posible a pura criatura.&lt;br /&gt;83. Con este adorno y hermosura quedó nuestra princesa&lt;br /&gt;María tan bella y agradable, que pudo el Rey supremo&lt;br /&gt;codiciarla (Sal., 44, 12). Y por lo que en otras partes he&lt;br /&gt;dicho de sus virtudes (Cf. supra p. I n. 226-235, 482-611), y&lt;br /&gt;será forzoso repetir en toda esta divina Historia, no me&lt;br /&gt;detengo más en explicar este adorno, que fue con nuevas&lt;br /&gt;condiciones y efectos más divinos. Y todo cabe en el&lt;br /&gt;poder infinito y en el inmenso campo de la perfección y&lt;br /&gt;santidad, donde siempre hay mucho que añadir y entender&lt;br /&gt;sobre lo que nosotros alcanzamos a conocer. Y&lt;br /&gt;llegando a este mar de María Purísima, quedamos&lt;br /&gt;siempre muy a las márgenes de su grandeza; y mi&lt;br /&gt;entendimiento de lo que ha conocido queda siempre con&lt;br /&gt;gran preñez de conceptos que no puede explicar.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina santísima María.&lt;br /&gt;84. Hija mía, las ocultas oficinas y recámaras del&lt;br /&gt;Altísimo son de Rey divino y Señor omnipotente y por esto&lt;br /&gt;son sin medida y número las ricas joyas que en ellas tiene&lt;br /&gt;para componer el adorno de sus esposas y escogidas. Y&lt;br /&gt;como enriqueció mi alma, pudiera hacer lo mismo con&lt;br /&gt;otras innumerables y siempre le sobrara infinito. Y&lt;br /&gt;aunque a ninguna otra criatura dará tanto su liberal&lt;br /&gt;mano como me concedió a mí, no será porque no puede o&lt;br /&gt;58&lt;br /&gt;no quiere, sino porque ninguna se dispondrá para la&lt;br /&gt;gracia como yo lo hice; pero con muchas es liberalísimo&lt;br /&gt;el Todopoderoso y las enriquece grandemente, porque le&lt;br /&gt;impiden menos y se disponen más que otras.&lt;br /&gt;85. Yo deseo, carísima, que no pongas impedimento al&lt;br /&gt;amor del Señor para ti, antes quiero te dispongas para&lt;br /&gt;recibir los dones y preseas con que te quiere prevenir,&lt;br /&gt;para que seas digna de su tálamo de esposo. Y advierte&lt;br /&gt;que todas las almas justas reciben este adorno de su&lt;br /&gt;mano, pero cada una en su grado de amistad y gracia de&lt;br /&gt;que se hace capaz. Y si tú deseas llegar a los más&lt;br /&gt;levantados quilates de esta perfección y estar digna de&lt;br /&gt;la presencia de tu Señor y Esposo, procura crecer y ser&lt;br /&gt;robusta en el amor; pero éste crece, cuando crece la&lt;br /&gt;negación y mortificación. Todo lo terreno has de negar y&lt;br /&gt;olvidar y todas tus inclinaciones a ti misma y a lo visible&lt;br /&gt;se han de extinguir en ti, y sólo en el amor divino has de&lt;br /&gt;crecer y adelantarte. Lávate y purifícate en la sangre de&lt;br /&gt;Cristo tu reparador y aplícate este lavatorio muchas&lt;br /&gt;veces, repitiendo el amoroso dolor de la contrición de tus&lt;br /&gt;culpas. Con esto hallarás gracia en sus ojos y tu hermosura&lt;br /&gt;le será de codicia y tu adorno estará lleno de&lt;br /&gt;toda perfección y pureza.&lt;br /&gt;86. Y habiendo tú sido tan favorecida y señalada del&lt;br /&gt;Señor en estos beneficios, razón es que sobre muchas&lt;br /&gt;generaciones seas agradecida y con incesante alabanza&lt;br /&gt;le engrandezcas por lo que contigo se ha dignado. Y si&lt;br /&gt;este vicio de la ingratitud es tan feo y reprensible en las&lt;br /&gt;criaturas que menos deben, cuando luego como terrenas&lt;br /&gt;y groseras olvidan con desprecio los beneficios del Señor,&lt;br /&gt;mayor será la culpa de esta villanía en tus obligaciones.&lt;br /&gt;Y no te engañes con pretexto de humillarte, porque hay&lt;br /&gt;mucha diferencia entre la humildad agradecida y la&lt;br /&gt;ingratitud humillada con engaño; y debes advertir que&lt;br /&gt;muchas veces hace grandes favores el Señor a los in59&lt;br /&gt;dignos, para manifestar su bondad y grandeza y para&lt;br /&gt;que no se alce nadie con ellos, conociendo su propia&lt;br /&gt;indignidad, que ha de ser de contrapeso y triaca contra&lt;br /&gt;el veneno de la presunción; pero siempre se compadece&lt;br /&gt;con esto el agradecimiento, conociendo que todo don&lt;br /&gt;perfecto es y viene del Padre de las lumbres (Sant., 1, 17)&lt;br /&gt;y nunca por sí le pudo merecer la criatura, sino que se le&lt;br /&gt;da por sola su bondad, con que debe quedar rendida y&lt;br /&gt;cautiva del agradecimiento.&lt;br /&gt;CAPITULO 8&lt;br /&gt;Pide nuestra gran Reina en la presencia del Señor la&lt;br /&gt;ejecución de la Encarnación y Redención humana y&lt;br /&gt;concede Su Majestad la petición.&lt;br /&gt;87. Estaba la divina princesa María Santísima tan llena&lt;br /&gt;de gracia y hermosura y el corazón de Dios estaba tan&lt;br /&gt;herido (Cant., 4, 9) de sus tiernos afectos y deseos, que&lt;br /&gt;ya ellos le obligaban a volar del seno del eterno Padre al&lt;br /&gt;tálamo de su virginal vientre y a romper aquella larga&lt;br /&gt;remora que le detenía por más de cinco mil años para no&lt;br /&gt;venir al mundo. Pero como esta nueva maravilla se había&lt;br /&gt;de ejecutar con plenitud de sabiduría y equidad,&lt;br /&gt;dispúsola el Señor de tal suerte, que la misma Princesa&lt;br /&gt;de los cielos fuese Madre digna del Verbo humanado y&lt;br /&gt;juntamente medianera eficaz de su venida, mucho más&lt;br /&gt;que lo fue Ester del rescate de su pueblo. Ardía en el&lt;br /&gt;corazón de María Santísima el fuego que el mismo Dios&lt;br /&gt;había encendido en él, y pedía sin cesar su salud para el&lt;br /&gt;linaje humano, pero encogíase la humildísima Señora,&lt;br /&gt;sabiendo que por el pecado de Adán estaba promulgada&lt;br /&gt;la sentencia de muerte y privación eterna de la cara de&lt;br /&gt;Dios para los mortales.&lt;br /&gt;88. Entre el amor y la humildad había una divina lucha&lt;br /&gt;en el corazón purísimo de María, y con amorosos y&lt;br /&gt;60&lt;br /&gt;humildes afectos repetía muchas veces: ¡Oh quién fuera&lt;br /&gt;poderosa para alcanzar el remedio de mis hermanos! ¡Oh&lt;br /&gt;quién sacara del seno del Padre a su Unigénito y le&lt;br /&gt;trasladara a nuestra mortalidad! ¡Oh quién le obligara&lt;br /&gt;para que a nuestra naturaleza le diera aquel ósculo de su&lt;br /&gt;boca (Cant., 1, 1) que le pidió la Esposa! Pero ¿cómo lo&lt;br /&gt;podemos solicitar los mismos hijos y descendientes del&lt;br /&gt;malhechor que cometió la culpa? ¿Cómo podremos traer&lt;br /&gt;a nosotros al mismo que nuestros padres alejaron tanto?&lt;br /&gt;¡Oh amor mío, si yo os viese a los pechos de vuestra&lt;br /&gt;madre (Cant., 8, 1) la naturaleza! ¡Oh lumbre de la&lt;br /&gt;lumbre, Dios verdadero de Dios verdadero, si&lt;br /&gt;descendieseis inclinando vuestros cielos (Sal., 143, 5) y&lt;br /&gt;dando luz a los que viven de asiento en las tinieblas (Is.,&lt;br /&gt;9, 2)! ¡Si pacificaseis a vuestro Padre, y si al soberbio&lt;br /&gt;Amán (Est., 14, 13), nuestro enemigo el demonio, le derribase&lt;br /&gt;vuestro divino brazo, que es vuestro Unigénito!&lt;br /&gt;¿Quién será medianera para que saque del altar&lt;br /&gt;celestial, como la tenaza de oro (Is., 6, 6), aquella brasa&lt;br /&gt;de la Divinidad, como el Serafín sacó el fuego que nos&lt;br /&gt;dice vuestro profeta, para purificar al mundo?&lt;br /&gt;89. Esta oración repetía María Santísima en el día&lt;br /&gt;octavo de los que voy declarando, y a la hora de media&lt;br /&gt;noche, elevada y abstraída en el Señor, oyó que Su&lt;br /&gt;Majestad la respondía: Esposa y paloma mía, ven,&lt;br /&gt;escogida mía, que no se entiende contigo la común ley&lt;br /&gt;(Est., 15, 13); exenta eres del pecado y libre estás de sus&lt;br /&gt;efectos desde el instante de tu concepción; y cuando te di&lt;br /&gt;el ser, desvió de ti la vara de mi justicia y derribé en tu&lt;br /&gt;cuello la de mi gran clemencia, para que no se&lt;br /&gt;extendiese a ti el general edicto del pecado. Ven a mí, y&lt;br /&gt;no desmayes en tu humildad y conocimiento de tu&lt;br /&gt;naturaleza; yo levanto al humilde, y lleno de riquezas al&lt;br /&gt;que es pobre; de tu parte me tienes y favorable será&lt;br /&gt;contigo mi liberal misericordia.&lt;br /&gt;61&lt;br /&gt;90. Estas palabras oyó intelectualmente nuestra Reina,&lt;br /&gt;y luego conoció que por mano de sus Santos Ángeles era&lt;br /&gt;llevada corporalmente al cielo, como el día precedente, y&lt;br /&gt;que en su lugar quedaba uno de los mismos de su&lt;br /&gt;guarda. Subió de nuevo a la presencia del Altísimo, tan&lt;br /&gt;rica de tesoros de su gracia y dones, tan próspera y tan&lt;br /&gt;hermosa, que singularmente en esta ocasión admirados&lt;br /&gt;los espíritus soberanos decían unos a otros en alabanza&lt;br /&gt;del Altísimo: ¿Quién es ésta, que sube del desierto tan&lt;br /&gt;afluente de delicias? (Cant., 8, 5) ¿Quién es ésta que&lt;br /&gt;estriba y hace fuerza a su amado (Ib.), para llevarle&lt;br /&gt;consigo a la habitación terrena? ¿Quién es la que se&lt;br /&gt;levanta como aurora, más hermosa que la luna, escogida&lt;br /&gt;como el sol (Cant., 6, 9)? ¿Cómo sube tan refulgente de la&lt;br /&gt;tierra llena de tinieblas? ¿Cómo es tan esforzada y&lt;br /&gt;valerosa en tan frágil naturaleza? ¿Cómo tan poderosa,&lt;br /&gt;que quiere vencer al Omnipotente? Y ¿cómo estando&lt;br /&gt;cerrado el cielo a los hijos de Adán, se le franquea la&lt;br /&gt;entrada a esta singular mujer de aquella misma&lt;br /&gt;descendencia?&lt;br /&gt;91. Recibió el Altísimo a su electa y única esposa María&lt;br /&gt;Santísima en su presencia, y aunque no fue por visión&lt;br /&gt;intuitiva de la Divinidad sino abstrativa, pero fue con&lt;br /&gt;incomparables favores de iluminaciones y purificaciones&lt;br /&gt;que el mismo Señor la dio, cuales hasta aquel día había&lt;br /&gt;reservado; porque fueron tan divinas estas disposiciones&lt;br /&gt;que —a nuestro entender— el mismo Dios que las obraba&lt;br /&gt;se admiró, encareciendo la misma hechura de su brazo&lt;br /&gt;poderoso; y como enamorado de ella, la habló y la dijo&lt;br /&gt;(Cant., 6, 12): Revertere, revertere Sunamitis, ut&lt;br /&gt;intueamur te; Esposa mía, perfectísima paloma y amiga&lt;br /&gt;mía, agradable a mis ojos, vuélvete y conviértete a nosotros&lt;br /&gt;para que te veamos y nos agrademos de tu&lt;br /&gt;hermosura; no me pesa de haber criado al hombre,&lt;br /&gt;deleitóme en su formación, pues tú naciste de él; vean&lt;br /&gt;mis espíritus celestiales cuán dignamente he querido y&lt;br /&gt;62&lt;br /&gt;quiero elegirte por mi Esposa y Reina de todas mis criaturas;&lt;br /&gt;conozcan cómo me deleito con razón en tu tálamo,&lt;br /&gt;a donde mi Unigénito, después de la gloria de mi pecho,&lt;br /&gt;será más glorificado. Entiendan todos que si justamente&lt;br /&gt;repudié a Eva, la primera reina de la tierra, por su&lt;br /&gt;inobediencia, te levanto y te pongo en la suprema&lt;br /&gt;dignidad, mostrándome magnífico y poderoso con tu&lt;br /&gt;humildad purísima y desprecio.&lt;br /&gt;92. Fue para los Ángeles este día de mayor júbilo y gozo&lt;br /&gt;accidental que otro alguno había sido desde su creación.&lt;br /&gt;Y cuando la Beatísima Trinidad eligió y declaró por Reina&lt;br /&gt;y Señora de las criaturas a su Esposa y Madre del Verbo&lt;br /&gt;eterno, la reconocieron y admitieron los Ángeles y todos&lt;br /&gt;los espíritus celestiales por Superiora y Señora y la&lt;br /&gt;cantaron dulces himnos de gloria y alabanza del Autor.&lt;br /&gt;En estos ocultos y admirables misterios estaba la divina&lt;br /&gt;reina María absorta en el abismo de la Divinidad y luz de&lt;br /&gt;sus infinitas perfecciones; y con esta admiración&lt;br /&gt;disponía, el Señor que no atendiese a todo lo que&lt;br /&gt;sucedía, y así se le ocultó siempre el sacramento de ser&lt;br /&gt;elegida por Madre del Unigénito hasta su tiempo. No&lt;br /&gt;hizo jamás el Señor tales cosas con nación alguna (Sal.,&lt;br /&gt;147, 20), ni con otra criatura se manifestó tan grande y&lt;br /&gt;poderoso, cómo este día con María Santísima.&lt;br /&gt;93. Añadió más el Altísimo, y dijo la con extremada&lt;br /&gt;dignación: Esposa y electa mía, pues hallaste gracia en&lt;br /&gt;mis ojos, pídeme sin recelo lo que deseas y te aseguro&lt;br /&gt;como Dios fidelísimo y poderoso Rey que no desecharé&lt;br /&gt;tus peticiones ni te negaré lo que pidieres.— Humillóse&lt;br /&gt;profundamente nuestra gran Princesa, y debajo de la&lt;br /&gt;promesa y real palabra del Señor, levantándose con&lt;br /&gt;segura confianza, respondió y dijo: Señor mío y Dios&lt;br /&gt;altísimo, si en vuestros ojos hallé gracia (Gén., 18, 3),&lt;br /&gt;aunque soy polvo y ceniza, hablaré en vuestra real&lt;br /&gt;presencia y derramaré mi corazón (Sal., 61, 9).—&lt;br /&gt;63&lt;br /&gt;Aseguróla otra vez Su Majestad y la mandó pidiese todo&lt;br /&gt;lo que fuese su voluntad en presencia de todos los&lt;br /&gt;cortesanos del cielo, aunque fuese parte de su reino&lt;br /&gt;(Est., 5, 3). No pido, Señor mío —respondió María&lt;br /&gt;Purísima— parte de vuestro reino para mí, pero pídole&lt;br /&gt;todo entero para todo el linaje humano, que son mis&lt;br /&gt;hermanos. Pido, altísimo y poderoso Rey, que por vuestra&lt;br /&gt;piedad inmensa nos enviéis a vuestro Unigénito y Redentor&lt;br /&gt;nuestro, para que satisfaciendo por todos los&lt;br /&gt;pecados del mundo alcance vuestro pueblo la libertad&lt;br /&gt;que desea, y quedando satisfecha vuestra justicia se&lt;br /&gt;publique la paz (Ez., 34, 25) en la tierra a los hombres y&lt;br /&gt;se les haga franca la entrada de los cielos que por sus&lt;br /&gt;culpas están cerrados. Vea ya toda carne vuestra salud&lt;br /&gt;(Is., 52, 10) dense la paz y la justicia aquel estrecho&lt;br /&gt;abrazo y el ósculo que pedía David (Sal., 84, 11), y&lt;br /&gt;tengamos los mortales maestro (Is., 30, 20), guía y&lt;br /&gt;reparador, cabeza que viva y converse con nosotros (Bar.,&lt;br /&gt;3, 38); llegue ya, Dios mío, el día de vuestras promesas,&lt;br /&gt;cúmplanse vuestras palabras y venga nuestro Mesías por&lt;br /&gt;tantos siglos deseado. Esta es mi ansia y a esto se&lt;br /&gt;alientan mis ruegos con la dignación de vuestra infinita&lt;br /&gt;clemencia.&lt;br /&gt;94. El Altísimo Señor, que para obligarse disponía y&lt;br /&gt;movía las peticiones de su amada Esposa, se inclinó&lt;br /&gt;benigno a ellas, y la respondió con singular clemencia:&lt;br /&gt;Agradables son tus ruegos a mi voluntad y aceptas son&lt;br /&gt;tus peticiones; hágase como tú lo pides; yo quiero, hija y&lt;br /&gt;esposa mía, lo que tú deseas; y en fe de esta verdad, te&lt;br /&gt;doy mi palabra y te prometo que con gran brevedad&lt;br /&gt;bajará mi Unigénito a la tierra y se vestirá y unirá con la&lt;br /&gt;naturaleza humana, y tus deseos aceptables tendrán&lt;br /&gt;ejecución y cumplimiento.&lt;br /&gt;95. Con esta certificación de la divina palabra sintió&lt;br /&gt;nuestra gran Princesa en su interior nueva luz y&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;seguridad de que se llegaba ya el fin de aquella larga y&lt;br /&gt;prolija noche del pecado y de las antiguas leyes y se&lt;br /&gt;acercaba la nueva claridad de la redención humana. Y&lt;br /&gt;como le tocaban tan de cerca y tan de lleno los rayos del&lt;br /&gt;sol de justicia que se acercaba para nacer de sus&lt;br /&gt;entrañas, estaba como hermosísima aurora abrasada y&lt;br /&gt;refulgente con los arreboles —dígolo así— de la&lt;br /&gt;Divinidad, que la transformaba toda en ella misma, y con&lt;br /&gt;afectos de amor y agradecimiento del beneficio de la&lt;br /&gt;próxima redención daba incesantes alabanzas al Señor&lt;br /&gt;en su nombre y de todos los mortales. Y en esta&lt;br /&gt;ocupación gastó aquel día, después que por los mismos&lt;br /&gt;ángeles fue restituida a la tierra. Duélome siempre de mi&lt;br /&gt;ignorancia y cortedad en explicar estos arcanos tan&lt;br /&gt;levantados, y si los doctos y letrados grandes no podrán&lt;br /&gt;hacerlo adecuadamente, ¿cómo llegará a esto una pobre&lt;br /&gt;y vil mujer? Supla mi ignorancia la luz de la piedad&lt;br /&gt;cristiana y disculpe mi atrevimiento la obediencia.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina María Santísima.&lt;br /&gt;96. Hija mía carísima, ¡ y qué lejos están de la sabiduría&lt;br /&gt;mundana las obras admirables que conmigo hizo el poder&lt;br /&gt;divino en estos sacramentos de la Encarnación del Verbo&lt;br /&gt;Eterno en mi vientre! No los puede investigar la carne, ni&lt;br /&gt;la sangre, ni los mismos Ángeles y Serafines más&lt;br /&gt;levantados por sí a solas, ni pueden conocer misterios tan&lt;br /&gt;escondidos y fuera del orden de la gracia de las demás&lt;br /&gt;criaturas. Alaba tú, amiga mía, por ellos al Señor con&lt;br /&gt;incesante amor y agradecimiento, y no seas ya tarda en&lt;br /&gt;entender la grandeza de su divino amor y lo mucho que&lt;br /&gt;hace por sus amigos y carísimos, deseando levantarlos&lt;br /&gt;del polvo y enriquecerlos por diversos modos. Si esta&lt;br /&gt;verdad penetras, ella te obligará al agradecimiento y te&lt;br /&gt;moverá a obrar cosas grandes como fidelísima hija y&lt;br /&gt;esposa.&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;97. Y para que más te dispongas y alientes, te advierto&lt;br /&gt;que el Señor a sus escogidas las dice muchas veces&lt;br /&gt;aquellas palabra (Cant., 6, 12): Revertere, revertere, ut&lt;br /&gt;intueamur te; porque recibe tanto agrado de sus obras,&lt;br /&gt;que como un padre se regala con su hijo muy agraciado y&lt;br /&gt;hermoso que sólo tiene, mirándole muchas veces con caricia,&lt;br /&gt;y como un artífice con la obra perfecta de sus manos&lt;br /&gt;y un rey con la ciudad rica que ha ganado y un amigo con&lt;br /&gt;otro que mucho ama, más sin comparación que todos&lt;br /&gt;estos se recrea el Altísimo y se complace con aquellas&lt;br /&gt;almas que elige para sus delicias, y al paso que ellas se&lt;br /&gt;disponen y adelantan, crecen también los favores y beneplácito&lt;br /&gt;del mismo Señor. Si esta ciencia alcanzaran los&lt;br /&gt;mortales que tienen luz de fe, por solo este agrado del&lt;br /&gt;Altísimo debían no sólo no pecar, pero hacer grandes&lt;br /&gt;obras hasta morir, por servir y amar a quien tan liberal es&lt;br /&gt;en premiar, regalar y favorecer.&lt;br /&gt;98. Cuando en este día octavo que has escrito me dijo&lt;br /&gt;el Señor en el cielo aquellas palabras: Revertere,&lt;br /&gt;revertere, que le mirase para que los espíritus&lt;br /&gt;celestiales me viesen, fue tanto el agrado que conocí&lt;br /&gt;recibía Su Majestad divina, que sólo él excedió a todo&lt;br /&gt;cuanto le han agradado y complacerán todas las almas&lt;br /&gt;santas en lo supremo de su santidad, y se complació en&lt;br /&gt;mí su dignación más que en todos los apóstoles, mártires,&lt;br /&gt;confesores y vírgenes, y todo el resto de los santos. Y de&lt;br /&gt;este agrado y aceptación del Altísimo redundaron en mi&lt;br /&gt;espíritu tantas influencias de gracias y participación de&lt;br /&gt;la divinidad, que ni lo puedes conocer ni explicar&lt;br /&gt;perfectamente estando en carne mortal. Pero te declaro&lt;br /&gt;este secreto misterioso, para que alabes a su autor y&lt;br /&gt;trabajes disponiéndote para que, en mi lugar y nombre,&lt;br /&gt;mientras te durare el destierro de la patria, extiendas y&lt;br /&gt;dilates tu brazo a cosas fuertes (Prov., 31 19) y des al&lt;br /&gt;Señor el beneplácito que de ti desea, procurándole&lt;br /&gt;siempre con granjear sus beneficios y solicitarlos para ti&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;y tus prójimos con perfecta caridad.&lt;br /&gt;CAPITULO 9&lt;br /&gt;Renueva el Altísimo los favores y beneficios en&lt;br /&gt;María Santísima y dale de nuevo la posesión de Reina de&lt;br /&gt;todo lo criado por última disposición para la Encarnación.&lt;br /&gt;99. El último y noveno día de los que más de cerca&lt;br /&gt;preparaba el Altísimo su tabernáculo para santificarle&lt;br /&gt;(Sal., 45, 5) con su venida, determinó renovar sus&lt;br /&gt;maravillas y multiplicar las señales, recopilando los&lt;br /&gt;favores y beneficios que hasta aquel día había&lt;br /&gt;comunicado a la princesa María. Pero de tal manera&lt;br /&gt;obraba en ella el Altísimo, que, cuando sacaba de sus&lt;br /&gt;tesoros infinitos cosas antiguas, siempre añadía muchas&lt;br /&gt;nuevas (Mt., 13, 52); y todos estos grados y maravillas&lt;br /&gt;caben entre humillarse Dios a ser hombre y levantar una&lt;br /&gt;mujer a ser su Madre. Para descender Dios al otro&lt;br /&gt;extremo de ser hombre, ni se pudo en sí mudar, ni lo&lt;br /&gt;había menester, porque quedándose inmutable en sí&lt;br /&gt;mismo, pudo unir a su persona nuestra naturaleza, mas&lt;br /&gt;para llegar una mujer de cuerpo terreno a dar su misma&lt;br /&gt;sustancia con quien se uniese Dios y fuese hombre,&lt;br /&gt;parecía necesario pasar un infinito espacio y venir a&lt;br /&gt;ponerse tan distante de las otras criaturas, cuanto&lt;br /&gt;llegaba a avecindar con el mismo Dios.&lt;br /&gt;100. Llegó, pues, el día en que María Santísima había&lt;br /&gt;de quedar en esta última disposición tan próxima a Dios&lt;br /&gt;como ser Madre suya; y aquella noche, a la misma hora&lt;br /&gt;del mayor silencio, fue llamada por el mismo Señor, como&lt;br /&gt;en las precedentes se dijo. Respondió la humilde y&lt;br /&gt;prudente Reina: Aparejado está mi corazón (Sal., 107, 2),&lt;br /&gt;Señor y Rey altísimo, para que en mí se haga vuestro&lt;br /&gt;Divino beneplácito.—Luego fue llevada en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;como los días antecedentes, por mano de sus Ángeles al&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;Cielo empíreo y puesta en presencia del trono real del&lt;br /&gt;Altísimo, y Su Majestad poderosa la levantó y colocó a su&lt;br /&gt;lado, señalándole el asiento y lugar que para siempre&lt;br /&gt;había de tener en su presencia, y fue el más alto y más&lt;br /&gt;inmediato al mismo Dios, fuera del que se reservaba&lt;br /&gt;para la humanidad del Verbo; porque excedía sin&lt;br /&gt;comparación al de todos los demás bienaventurados y a&lt;br /&gt;todos juntos.&lt;br /&gt;101. De aquel lugar vio luego la divinidad con&lt;br /&gt;abstractiva visión, como las otras veces antecedentes, y,&lt;br /&gt;ocultándole la dignidad de Madre de Dios, le manifestó&lt;br /&gt;Su Majestad tan altos y nuevos sacramentos que por su&lt;br /&gt;profundidad y por mi ignorancia no puedo declararlos.&lt;br /&gt;Vio de nuevo la Divinidad, todas las cosas criadas y&lt;br /&gt;muchas posibles y futuras; y las corpóreas se le&lt;br /&gt;manifestaron, dándoselas Dios a conocer en sí mismas&lt;br /&gt;por especies corpóreas y sensibles, como si las tuviera&lt;br /&gt;todas presentes a los sentidos exteriores, y como si en la&lt;br /&gt;esfera de la potencia visiva las percibiera con los ojos&lt;br /&gt;corporales. Conoció junta toda la fábrica del universo,&lt;br /&gt;que antes había conocido por sus partes, y las criaturas&lt;br /&gt;que en él se contienen, con distinción y como si las&lt;br /&gt;tuviera presentes en un lienzo. Vio toda su armonía,&lt;br /&gt;orden, conexión y dependencia que tienen entre sí, y&lt;br /&gt;todas de la voluntad Divina que las cría, gobierna y&lt;br /&gt;conserva a cada una en su lugar y en su ser. Vio de nuevo&lt;br /&gt;todos los cielos y estrellas, elementos y sus moradores, el&lt;br /&gt;purgatorio, limbo, infierno, con todos cuantos vivían en&lt;br /&gt;aquellas cavernas. Y como el puesto donde estaba la&lt;br /&gt;Reina de las criaturas era eminente a todas y sólo a Dios&lt;br /&gt;era inferior, así lo fue también la ciencia que la dieron,&lt;br /&gt;porque sola era inferior del mismo Señor y superior a&lt;br /&gt;todo lo criado.&lt;br /&gt;102. Estando la divina Señora absorta en la admiración&lt;br /&gt;de lo que el Altísimo le manifestaba y dándole por todo&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;el retorno de alabanza y gloria que se debía a tal Señor,&lt;br /&gt;la habló Su Majestad, y la dijo: Electa mía y paloma mía,&lt;br /&gt;todas las criaturas visibles que conoces, las he criado y&lt;br /&gt;las conservo con mi providencia en tanta variedad y&lt;br /&gt;hermosura sólo por el amor que tengo a los hombres. Y&lt;br /&gt;de todas las almas que hasta ahora he criado, y las que&lt;br /&gt;hasta el fin he determinado criar, se ha de elegir y&lt;br /&gt;entresacar una congregación de fieles, que sean&lt;br /&gt;segregados y lavados en la sangre del Cordero que&lt;br /&gt;quitará los pecados del mundo (Ap., 7, 14). Estos serán el&lt;br /&gt;fruto especial de la Redención que ha de obrar y gozarán&lt;br /&gt;de sus efectos por medio de la nueva ley de gracia y&lt;br /&gt;sacramentos que en ella les dará su Reparador; y&lt;br /&gt;después llegarán, los que perseveraren, a la&lt;br /&gt;participación de mi eterna gloria y amistad. Por estos&lt;br /&gt;escogidos en primer intento he criado tantas y&lt;br /&gt;maravillosas obras, y si todos me quisieran servir, adorar&lt;br /&gt;y conocer mi santo nombre, cuanto es de mi parte, para&lt;br /&gt;todos y para cada uno singularmente criara tantos&lt;br /&gt;tesoros y los ordenara a la posesión de cada uno.&lt;br /&gt;103. Y cuando hubiera criado sola una de las criaturas&lt;br /&gt;que son capaces de mi gracia y de mi gloria, a sola ella&lt;br /&gt;la hiciera dueña y señora de todo lo criado, pues todo es&lt;br /&gt;menos que hacerla participante de mi amistad y felicidad&lt;br /&gt;eterna. Tú, Esposa mía, eres mi escogida y hallaste gracia&lt;br /&gt;en mi corazón, y así te hago señora de todos estos bienes&lt;br /&gt;y te doy la posesión y dominio de todos ellos, para que, si&lt;br /&gt;fueres esposa fiel, como te quiero, los distribuyas y&lt;br /&gt;dispenses a quien por tu mano o intercesión me los&lt;br /&gt;pidiere; que para esto los deposito en las tuyas.—Púsole&lt;br /&gt;la Santísima Trinidad a María nuestra princesa una&lt;br /&gt;corona en la cabeza, consagrándola por suprema Reina&lt;br /&gt;de todo lo criado, y estaba sembrada y esmaltada con&lt;br /&gt;unas cifras que decían: Madre de Dios; pero sin&lt;br /&gt;entenderlas ella por entonces, porque solos las conocían&lt;br /&gt;los divinos espíritus, admirados de la magnificencia del&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;Señor con esta doncella dichosísima y bendita entre las&lt;br /&gt;mujeres, a quien ellos reverenciaron y veneraron por su&lt;br /&gt;Reina legítima y Señora suya y de todo lo criado.&lt;br /&gt;104. Todos estos portentos obraba la diestra del Altísimo&lt;br /&gt;con muy conveniente orden de su infinita sabiduría;&lt;br /&gt;porque antes de bajar a tomar carne humana en el&lt;br /&gt;virginal vientre de esta Señora, convenía que todos los&lt;br /&gt;cortesanos de este gran Rey reconociesen a su Madre&lt;br /&gt;por Reina y Señora y por esto la diesen debida reverencia.&lt;br /&gt;Y era justo y conteniente al buen orden que primero&lt;br /&gt;la hiciera Dios Reina y después Madre del Príncipe de las&lt;br /&gt;eternidades, pues quien había de parir al Príncipe de&lt;br /&gt;necesidad había de ser Reina y reconocida por sus&lt;br /&gt;vasallos; pues en que la conociesen los ángeles no había&lt;br /&gt;inconveniente ni necesidad de ocultársela, antes era&lt;br /&gt;como deuda del Altísimo a la majestad de su divinidad,&lt;br /&gt;que su tabernáculo escogido para morada suya fuese&lt;br /&gt;prevenido y calificado con todas excelencias de dignidad&lt;br /&gt;y perfección, alteza y magnificencia que se le pudiesen&lt;br /&gt;comunicar, sin que se le negase alguna; y así la recibieron&lt;br /&gt;y reconocieron los Santos Ángeles, dándole honor&lt;br /&gt;de Reina y Señora.&lt;br /&gt;105. Para poner la última mano en esta prodigiosa obra&lt;br /&gt;de María Santísima, extendió el Señor su brazo poderoso&lt;br /&gt;y por sí mismo renovó el espíritu y potencias de esta gran&lt;br /&gt;Señora, dándole nuevas iluminaciones, hábitos y&lt;br /&gt;cualidades, cuya grandeza y condiciones no caben en&lt;br /&gt;términos terrenos. Era éste el último retoque y pincel de&lt;br /&gt;esta imagen viva del mismo Dios, para formar en ella y&lt;br /&gt;de ella misma la forma que había de vestirse el Verbo&lt;br /&gt;eterno, que por esencia era imagen del Padre eterno (2&lt;br /&gt;Cor., 4, 4) y figura de su sustancia (He., 1, 3). Pero quedó&lt;br /&gt;todo este templo de María Santísima mejor que el de&lt;br /&gt;Salomón, vestido dentro y fuera del oro purísimo (3 Re., 6,&lt;br /&gt;30) de la Divinidad, sin que por alguna parte se pudiese&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;descubrir en ella algún átomo de terrena hija de Adán.&lt;br /&gt;Toda quedó deificada con divisas de Divinidad, porque&lt;br /&gt;habiendo de salir el Verbo Divino del seno del eterno&lt;br /&gt;Padre para bajar al de María, la preparó de suerte que&lt;br /&gt;hallase en ella la similitud posible entre madre y padre.&lt;br /&gt;106. No me quedan nuevas razones para decir como&lt;br /&gt;quisiera los efectos que todos estos favores hicieron en el&lt;br /&gt;corazón de nuestra gran Reina y Señora. No llega el&lt;br /&gt;juicio humano a concebirlos, ¿cómo llegarán las palabras&lt;br /&gt;a explicarlos? Pero lo que mayor admiración me hace de&lt;br /&gt;la luz que se me ha dado en estos tan altos misterios es&lt;br /&gt;la humildad de esta divina mujer y la porfía entre ella y&lt;br /&gt;el poder Divino. ¡ Raro prodigio y milagro de humildad es&lt;br /&gt;ver a esta doncella, María Santísima, levantada a la&lt;br /&gt;suprema dignidad y santidad después de Dios y que&lt;br /&gt;entonces se humille y aniquile a lo más ínfimo de todas&lt;br /&gt;las criaturas, y que a fuerza de esta humildad no entrase&lt;br /&gt;en el pensamiento de esta Señora que pudiese ser madre&lt;br /&gt;del Mesías! Y no sólo esto, pero ni imaginó de sí cosa&lt;br /&gt;grande, ni admirable sobre sí (Sal., 130, 1). No se&lt;br /&gt;levantaron sus ojos ni corazón, antes bien cuanto la&lt;br /&gt;ensalzaban más las obras del brazo del Señor, tanto&lt;br /&gt;sentía humildemente de sí misma. Justo fue, por cierto,&lt;br /&gt;que atendiese a su humildad el todopoderoso Dios y que&lt;br /&gt;por ella la llamen todas las generaciones dichosa y&lt;br /&gt;bienaventurada (Lc., 1, 48).&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina y Señora del Cielo.&lt;br /&gt;107. Hija mía, no es digna esposa del Altísimo la que&lt;br /&gt;tiene amor interesado y servil, porque la esposa no ha de&lt;br /&gt;amar ni temer como la esclava, ni tampoco ha de servir&lt;br /&gt;por el jornal del estipendio. Pero aunque su amor ha de&lt;br /&gt;ser filial y generoso por el agrado y bondad inmensa de&lt;br /&gt;su esposo, con todo eso se ha de obligar mucho para esto&lt;br /&gt;de verle tan rico y liberal; y que por el amor que a las&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;almas haya criado tanta variedad de bienes visibles,&lt;br /&gt;para que sirvan todos a quien sirve a Su Majestad, y&lt;br /&gt;sobre todo por los tesoros ocultos que tiene prevenidos&lt;br /&gt;en abundancia de dulzura para los que le temen (Sal., 30,&lt;br /&gt;20), como hijos de esta verdad. Quiero, que te des por&lt;br /&gt;muy obligada a tu Señor y Padre, Esposo y Amigo,&lt;br /&gt;conociendo cuán ricas son las almas que por gracia&lt;br /&gt;llegan a ser hijas y carísimas suyas; pues, como poderoso&lt;br /&gt;padre, tiene prevenidos tantos y tan diversos bienes para&lt;br /&gt;sus hijos, y todos para cada uno, si fueren necesarios. No&lt;br /&gt;tiene descargo el desamor de los hombres en medio de&lt;br /&gt;tantos motivos e incentivos, ni su ingratitud admite&lt;br /&gt;disculpa a vista de tantos beneficios y estándolos&lt;br /&gt;recibiendo sin medida.&lt;br /&gt;108. Advierte, pues, carísima, que no eres advenediza&lt;br /&gt;(Ef., 2, 19) ni extraña en esta casa del Señor, que es su&lt;br /&gt;Iglesia Santa, pero eres doméstica y esposa de Cristo&lt;br /&gt;entre los santos, alimentada con sus favores y regalos de&lt;br /&gt;esposa. Y porque todos los tesoros y riquezas que son del&lt;br /&gt;esposo pertenecen a la legítima esposa, considera de&lt;br /&gt;cuántos te hace participante y señora. Goza, pues, de&lt;br /&gt;todos como doméstica y cela su honra como hija y esposa&lt;br /&gt;tan favorecida y agradece todas estas obras y beneficios,&lt;br /&gt;como si para ti sola fueran criados por tu Señor, y ámale&lt;br /&gt;y reverencíale por ti y por los demás prójimos, para&lt;br /&gt;quienes fue tan liberal. Y en todo esto imita con tus flacas&lt;br /&gt;fuerzas lo que has entendido que yo hacía, y advierte,&lt;br /&gt;hija, que será muy de mi agrado que engrandezcas y&lt;br /&gt;alabes al Todopoderoso, con fervoroso afecto, por lo que&lt;br /&gt;su diestra Divina me favoreció y enriqueció esta novena,&lt;br /&gt;que fue sobre toda ponderación humana.&lt;br /&gt;CAPITULO 10&lt;br /&gt;Despacha la Beatísima Trinidad al Santo Arcángel&lt;br /&gt;Gabriel que anuncie y evangelice a María Santísima&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;cómo es elegida para Madre de Dios.&lt;br /&gt;109. Determinado estaba por infinitos siglos, pero&lt;br /&gt;escondido en el secreto pecho de la sabiduría eterna, el&lt;br /&gt;tiempo y hora conveniente en que oportunamente se&lt;br /&gt;había de manifestar en la carne el gran sacramento de&lt;br /&gt;piedad, justificado en el espíritu, predicado a los&lt;br /&gt;hombres, declarado a los ángeles y creído en el mundo (1&lt;br /&gt;Tim., 3, 16). Llegó, pues, la plenitud de este tiempo (Gal.,&lt;br /&gt;4, 4), que hasta entonces, aunque lleno de profecías y&lt;br /&gt;promesas, estaba muy vacío, porque le faltaba el lleno&lt;br /&gt;de María santísima, por cuya voluntad y consentimiento&lt;br /&gt;habían de tener todos los siglos su complemento, que era&lt;br /&gt;el Verbo Eterno humanado, pasible y reparador. Estaba&lt;br /&gt;predestinado este misterio antes de los siglos (1 Cor., 2,&lt;br /&gt;7), para que en ellos se ejecutase por mano de nuestra&lt;br /&gt;divina doncella; y estando ella en el mundo, no se debía&lt;br /&gt;dilatar la redención humana y venida del Unigénito del&lt;br /&gt;Padre, pues ya no andaría como de prestado en&lt;br /&gt;tabernáculos (2 Sam., 7, 6) o ajenas casas, mas viviría de&lt;br /&gt;asiento en su templo y casa propia, edificada y enriquecida&lt;br /&gt;con sus mismas anticipadas expensas (1 Par., 22,&lt;br /&gt;5), mejor que el templo de Salomón con las de su padre&lt;br /&gt;Santo Rey David.&lt;br /&gt;110. En esta plenitud de tiempo prefinito determinó el&lt;br /&gt;Altísimo enviar su Hijo unigénito al mundo, y confiriendo&lt;br /&gt;—a nuestro modo de entender y de hablar— los decretos&lt;br /&gt;de su eternidad con las profecías y testificaciones hechas&lt;br /&gt;a los hombres desde el principio del mundo, y todo esto&lt;br /&gt;con el estado y santidad a que había levantado a María&lt;br /&gt;Santísima, juzgó convenía todo esto así para la&lt;br /&gt;exaltación de su santo nombre y que se manifestase a los&lt;br /&gt;Santos Ángeles la ejecución de esta su eterna voluntad y&lt;br /&gt;decreto y por ellos se comenzase a poner por obra. Habló&lt;br /&gt;Su Majestad al Santo Arcángel Gabriel con aquella voz o&lt;br /&gt;palabra que les intima su santa voluntad; y aunque el&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;orden común de ilustrar Dios a sus divinos espíritus es&lt;br /&gt;comenzar por los superiores y que aquéllos purifiquen e&lt;br /&gt;iluminen a los inferiores por su orden hasta llegar a los&lt;br /&gt;últimos, manifestando unos a otros lo que Dios reveló a&lt;br /&gt;los primeros, pero en esta ocasión no fue así, porque&lt;br /&gt;inmediatamente recibió este Santo Arcángel del mismo&lt;br /&gt;Señor su embajada.&lt;br /&gt;111. A la insinuación de la voluntad Divina estuvo presto&lt;br /&gt;San Gabriel, como a los pies del trono, y atento al ser&lt;br /&gt;inmutable del Altísimo, y Su Majestad por sí le mandó y&lt;br /&gt;declaró la legacía que había de hacer a María Santísima&lt;br /&gt;y las mismas palabras con que la había de saludar y&lt;br /&gt;hablar; de manera que su primer autor fue el mismo Dios,&lt;br /&gt;que las formó en su mente Divina, y de allí pasaron al&lt;br /&gt;Santo Arcángel, y por él a María Purísima. Reveló junto&lt;br /&gt;con estas palabras el Señor muchos y ocultos&lt;br /&gt;sacramentos de la encarnación al Santo príncipe Gabriel,&lt;br /&gt;y la Santísima Trinidad le mandó fuese [y] anunciase a la&lt;br /&gt;divina doncella cómo la elegía entre las mujeres para&lt;br /&gt;que fuese Madre del Verbo Eterno y en su virginal vientre&lt;br /&gt;le concibiese por obra del Espíritu Santo, y ella quedando&lt;br /&gt;siempre virgen; y todo lo demás que el paraninfo divino&lt;br /&gt;había de manifestar y hablar con su gran Reina y Señora.&lt;br /&gt;112. Luego declaró Su Majestad a todo el resto de los&lt;br /&gt;Ángeles cómo era llegado el tiempo de la redención&lt;br /&gt;humana y que disponía bajar al mundo sin dilación, pues&lt;br /&gt;ya tenía prevenida y adornada para Madre suya a María&lt;br /&gt;Santísima, como en su presencia lo había hecho, dándole&lt;br /&gt;esta suprema dignidad. Oyeron los divinos espíritus la&lt;br /&gt;voz de su Criador y, con incomparable gozo y hacimiento&lt;br /&gt;de gracias por el cumplimiento de su eterna y perfecta&lt;br /&gt;voluntad, cantaron nuevos cánticos de alabanza,&lt;br /&gt;repitiendo siempre en ellos aquel himno de Sión: Santo,&lt;br /&gt;santo, santo eres, Dios y Señor de Sabaot (Is 6, 3). Justo&lt;br /&gt;y poderoso eres, Señor Dios nuestro, que vives en las&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;alturas y miras a los humildes de la tierra (Sal., 112, 5-6).&lt;br /&gt;Admirables son todas tus obras, Altísimo, encumbrado en&lt;br /&gt;tus pensamientos.&lt;br /&gt;113. Obedeciendo con especial gozo el soberano&lt;br /&gt;príncipe Gabriel al divino mandato, descendió del&lt;br /&gt;supremo cielo, acompañado de muchos millares de&lt;br /&gt;Ángeles hermosísimos que le seguían en forma visible. La&lt;br /&gt;de este gran príncipe y legado en como de un mancebo&lt;br /&gt;elegantísimo y de rara belleza: su rostro tenia refulgente&lt;br /&gt;y despedía muchos rayos de resplandor, su semblante&lt;br /&gt;grave y majestuoso, sus pasos medidos, las acciones&lt;br /&gt;compuestas, sus palabras ponderosas y eficaces y todo&lt;br /&gt;él representaba, entre severidad y agrado, mayor deidad&lt;br /&gt;que otros ángeles de los que había visto la divina Señora&lt;br /&gt;hasta entonces en aquella forma. Llevaba diadema de&lt;br /&gt;singular resplandor y sus vestiduras rozagantes&lt;br /&gt;descubrían varios colores, pero todos refulgentes y muy&lt;br /&gt;brillantes, y en el pecho llevaba como engastada una&lt;br /&gt;cruz bellísima que descubría el misterio de la encarnación&lt;br /&gt;a que se encaminaba su embajada, y todas estas&lt;br /&gt;circunstancias solicitaron más la atención y afecto de la&lt;br /&gt;prudentísima Reina.&lt;br /&gt;114. Todo este celestial ejército con su cabeza y príncipe&lt;br /&gt;San Gabriel encaminó su vuelo a Nazaret, ciudad de la&lt;br /&gt;provincia de Galilea, y a la morada de María Santísima,&lt;br /&gt;que era una casa humilde y su retrete un estrecho&lt;br /&gt;aposento desnudo de los adornos que usa el mundo, para&lt;br /&gt;desmentir sus vilezas y desnudez de mayores bienes. Era&lt;br /&gt;la divina Señora en esta ocasión de edad de catorce&lt;br /&gt;años, seis meses y diecisiete días, porque cumplió los&lt;br /&gt;años a ocho de septiembre, y los seis meses y diecisiete&lt;br /&gt;días corrían desde aquél hasta éste en que se obró el&lt;br /&gt;mayor de los misterios que Dios obró en el mundo.&lt;br /&gt;115. La persona de esta divina Reina era dispuesta y de&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;más altura que la común de aquella edad en otras&lt;br /&gt;mujeres, pero muy elegante del cuerpo, con suma&lt;br /&gt;proporción y perfección: el rostro más largo que&lt;br /&gt;redondo, pero gracioso, y no flaco ni grueso, el color&lt;br /&gt;claro y tantito moreno; la frente espaciosa con&lt;br /&gt;proporción; las cejas en arco perfectísimas; los ojos&lt;br /&gt;grandes y graves, con increíble e indecible hermosura y&lt;br /&gt;columbino agrado, el color entre negro y verde oscuro;&lt;br /&gt;la nariz seguida y perfecta; la boca pequeña y los labios&lt;br /&gt;colorados y sin extremo delgados ni gruesos; y toda ella&lt;br /&gt;en estos dones de naturaleza era tan proporcionada y&lt;br /&gt;hermosa que ninguna otra criatura humana lo fue tanto.&lt;br /&gt;El mirarla causaba a un mismo tiempo alegría y&lt;br /&gt;reverencia, afición y temor reverencial; atraía el&lt;br /&gt;corazón y le detenía en una suave veneración; movía&lt;br /&gt;para alabarla y enmudecía su grandeza y muchas&lt;br /&gt;gracias y perfecciones; y causaba en todos los que&lt;br /&gt;advertían divinos efectos que no se pueden fácilmente&lt;br /&gt;explicar; pero llenaba el corazón de celestiales influjos y&lt;br /&gt;movimientos divinos que encaminaban a Dios.&lt;br /&gt;116. Su vestidura era humilde, pobre y limpia, de color&lt;br /&gt;plateado, oscuro o pardo que tiraba a color de ceniza,&lt;br /&gt;compuesto y aliñado sin curiosidad, pero con suma&lt;br /&gt;modestia y honestidad. Cuando se acercaba la&lt;br /&gt;embajada del cielo, ignorándolo ella, estaba en altísima&lt;br /&gt;contemplación sobre los misterios que había renovado el&lt;br /&gt;Señor en ella con tan repetidos favores los nueve días&lt;br /&gt;antecedentes. Y por haberla asegurado el mismo Señor,&lt;br /&gt;como arriba dijimos (Cf. supra n.94), que su Unigénito&lt;br /&gt;descendería luego a tomar forma humana, estaba la gran&lt;br /&gt;Reina fervorosa y alegre en la fe de esta palabra y,&lt;br /&gt;renovando sus humildes y encendidos afectos, decía en&lt;br /&gt;su corazón: ¿Es posible que ha llegado el tiempo tan&lt;br /&gt;dichoso en que ha de bajar el Verbo del eterno Padre a&lt;br /&gt;nacer y conversar con los hombres (Bar., 3, 38), que le ha&lt;br /&gt;de tener el mundo en posesión, que le han de ver los&lt;br /&gt;76&lt;br /&gt;mortales con ojos de carne, que ha de nacer aquella luz&lt;br /&gt;inaccesible, para iluminar a los que están poseídos de&lt;br /&gt;tinieblas? ¡Oh quién mereciera verle y conocerle! ¡Oh&lt;br /&gt;quién besara la tierra donde pusiera sus divinas plantas!&lt;br /&gt;117. Alegraos, cielos, y consuélese la tierra (Sal., 95, 11),&lt;br /&gt;y todos eternamente le bendigan y alaben, pues ya su&lt;br /&gt;felicidad eterna está vecina. ¡Oh hijos de Adán afligidos&lt;br /&gt;por la culpa, pero hechuras de mi amado, luego&lt;br /&gt;levantaréis la cabeza y sacudiréis el yugo de vuestra antigua&lt;br /&gt;cautividad! Ya se acerca vuestra redención, ya&lt;br /&gt;viene vuestra salud. ¡Oh padres antiguos y profetas, con&lt;br /&gt;todos los justos que esperáis en el seno de Abrahán&lt;br /&gt;detenidos en el limbo, luego llegará vuestro consuelo, no&lt;br /&gt;tardará vuestro deseado y prometido Redentor! Todos le&lt;br /&gt;magnifiquemos y cantemos himnos de alabanza. ¡Oh&lt;br /&gt;quién fuera sierva de sus siervas! ¡Oh quién fuera esclava&lt;br /&gt;de aquella que Isaías (Is., 7, 14) le señaló por Madre!&lt;br /&gt;¡Oh Emmanuel, Dios y hombre verdadero! ¡Oh llave de&lt;br /&gt;David, que has de franquear los cielos! ¡Oh Sabiduría&lt;br /&gt;eterna! ¡Oh Legislador de la nueva Iglesia! Ven, ven, Señor,&lt;br /&gt;a nosotros y libra de la cautividad a tu pueblo, vea&lt;br /&gt;toda carne tu salud (Cf. las antífonas mayores, llamadas&lt;br /&gt;de la Oh, y el oficio litúrgico del Adviento).&lt;br /&gt;118. En estas peticiones y operaciones, y muchas que no&lt;br /&gt;alcanza mi lengua a explicar, estaba María Santísima en&lt;br /&gt;la hora que llegó el Ángel San Gabriel. Estaba purísima&lt;br /&gt;en el alma, perfectísima en el cuerpo, nobilísima en los&lt;br /&gt;pensamientos, eminentísima en santidad, llena de&lt;br /&gt;gracias y toda divinizada y agradable a los ojos de Dios,&lt;br /&gt;que pudo ser digna Madre suya y eficaz instrumento para&lt;br /&gt;sacarle del seno del Padre y traerle a su virginal vientre.&lt;br /&gt;Ella fue el poderoso medio de nuestra redención y se la&lt;br /&gt;debemos por muchos títulos, y por esto merece que&lt;br /&gt;todas las naciones y generaciones la bendigan y&lt;br /&gt;eternamente la alaben (Lc., 1, 48). Lo que sucedió con la&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;entrada del embajador celestial diré en el capítulo&lt;br /&gt;siguiente:&lt;br /&gt;119. Sólo advierto ahora una cosa digna do&lt;br /&gt;admiración, que para recibir la anunciación del Santo&lt;br /&gt;Arcángel y para el efecto de tan alto misterio como se&lt;br /&gt;había de obrar en esta divina Señora, la dejó Su&lt;br /&gt;Majestad en el ser y estado común de las virtudes que&lt;br /&gt;dije en la primera parte (Cf. supra p. I n. 677-717). Y esto&lt;br /&gt;dispuso el Altísimo porque este misterio se había de&lt;br /&gt;obrar como sacramento de fe, interviniendo las operaciones&lt;br /&gt;de esta virtud con las de la esperanza y caridad,&lt;br /&gt;y así la dejó el Señor en ellas para que creyese y&lt;br /&gt;esperase en las Divinas palabras. Y precediendo estos&lt;br /&gt;actos se siguió lo que luego diré con la cortedad de mis&lt;br /&gt;términos y limitadas razones; y la grandeza de los&lt;br /&gt;sacramentos me hace más pobre de ellas para&lt;br /&gt;explicarlos.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina y Señora del cielo.&lt;br /&gt;120. Hija mía, con especial afecto te manifiesto ahora&lt;br /&gt;mi voluntad y el deseo que tengo de que te hagas digna&lt;br /&gt;del trato íntimo y familiar con Dios, y que para esto te&lt;br /&gt;dispongas con gran desvelo y solicitud, llorando tus&lt;br /&gt;culpas y olvidando y negando todo lo visible, de suerte&lt;br /&gt;que para ti no imagines ya otra cosa fuera de Dios. Para&lt;br /&gt;esto te conviene poner en ejecución toda la doctrina que&lt;br /&gt;hasta ahora te he enseñado, y en lo que adelante&lt;br /&gt;hubieres de escribir te manifestaré. Yo te encaminaré y&lt;br /&gt;guiaré para cómo te has de gobernar en esta&lt;br /&gt;familiaridad y trato con los favores que de su dignación&lt;br /&gt;recibieres, concibiéndole en tu pecho por la fe, por la luz&lt;br /&gt;y gracia que te diere. Y si primero no te dispones con&lt;br /&gt;esta amonestación, no alcanzarás el cumplimiento de tus&lt;br /&gt;deseos, ni yo el fruto de mi doctrina que te doy como tu&lt;br /&gt;maestra.&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;121. Pues hallaste sin merecerlo el tesoro escondido y&lt;br /&gt;la preciosa margarita (Mt., 13, 44-46) de mi enseñanza y&lt;br /&gt;doctrina, desprecia cuanto pudieras poseer, para&lt;br /&gt;apropiarte sola esta prenda de inestimable precio; que&lt;br /&gt;con ella recibirás todos los bienes juntos y te harás digna&lt;br /&gt;de la amistad íntima del Señor y de su habitación eterna&lt;br /&gt;en tu corazón. En recambio de esta gran dicha, quiero&lt;br /&gt;mueras a todo lo terreno y ofrezcas tu voluntad deshecha&lt;br /&gt;en afectos de agradecido amor, y que a imitación mía de&lt;br /&gt;tal manera seas humilde, que de tu parte quedes&lt;br /&gt;persuadida y reconocida que nada vales, ni puedes, ni&lt;br /&gt;mereces, ni eres digna de ser admitida por esclava de las&lt;br /&gt;siervas de Cristo.&lt;br /&gt;122. Advierte qué lejos estaba yo de imaginar la&lt;br /&gt;dignidad que el Altísimo me prevenía de Madre suya; y&lt;br /&gt;esto era en ocasión que ya me había prometido la&lt;br /&gt;brevedad de su venida al mundo y me obligaba a&lt;br /&gt;desearla con tantos afectos de amor, que el día antes de&lt;br /&gt;este maravilloso sacramento me pareció hubiera muerto,&lt;br /&gt;resuelto mi corazón en estas congojas amorosas, si la&lt;br /&gt;Divina Providencia no me confortara. Dilataba mi espíritu&lt;br /&gt;con la seguridad de que luego descendería del Cielo el&lt;br /&gt;Unigénito del Eterno Padre, y por otra parte mi humildad&lt;br /&gt;me inclinaba a pensar si por vivir yo en el mundo se&lt;br /&gt;retardaría su venida. Considera, pues, carísima, el&lt;br /&gt;sacramento de mi pecho y qué ejemplar es éste para ti y&lt;br /&gt;para todos los mortales. Y porque es dificultoso que&lt;br /&gt;recibas y escribas tan alta sabiduría, mírame en el Señor,&lt;br /&gt;donde a su Divina luz meditarás y entenderás mis&lt;br /&gt;acciones perfectísimas; sígueme por su imitación y&lt;br /&gt;camina por mis huellas.&lt;br /&gt;CAPITULO 11&lt;br /&gt;Oye María Santísima la embajada del Santo Ángel;&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;ejecutase el Misterio de la Encarnación, concibiendo al&lt;br /&gt;Verbo Eterno en su vientre.&lt;br /&gt;123. Confesar quiero en presencia del cielo y de la&lt;br /&gt;tierra y sus moradores y del Criador universal de todo y&lt;br /&gt;Dios eterno que, llegando ,a tomar la pluma para escribir&lt;br /&gt;el arcano misterio de la Encarnación, desfallecen mis&lt;br /&gt;flacas fuerzas, enmudece mi lengua y se hielan mis&lt;br /&gt;discursos, se pasman mis potencias y me hallo toda atajada&lt;br /&gt;y sumergido el entendimiento, encaminándole a la&lt;br /&gt;Divina luz que me gobierna y enseña. En ella se conoce&lt;br /&gt;todo sin engaño, se entiende sin rodeos, y veo mi&lt;br /&gt;insuficiencia y conozco el vacío de las palabras y la&lt;br /&gt;cortedad de los términos, para llenar los conceptos de un&lt;br /&gt;sacramento que en epílogo comprende al mismo Dios y&lt;br /&gt;a la mayor obra y maravilla de su omnipotencia. Veo en&lt;br /&gt;este misterio la divina y admirable armonía de la infinita&lt;br /&gt;providencia y sabiduría, con que desde su eternidad lo&lt;br /&gt;ordenó y previno y desde la creación del mundo lo ha&lt;br /&gt;venido encaminando, para que todas sus obras y&lt;br /&gt;criaturas viniesen a ser medio ajustado para el fin&lt;br /&gt;altísimo de bajar Dios al mundo hecho hombre.&lt;br /&gt;124. Veo cómo para descender el Verbo Eterno del seno&lt;br /&gt;de su Padre aguardó y eligió por tiempo y la hora más&lt;br /&gt;oportuna el silencio de la media noche (Sab., 18, 14) de&lt;br /&gt;la ignorancia de los mortales, cuando toda la posteridad&lt;br /&gt;de Adán estaba sepultada y absorta en el sueño del&lt;br /&gt;olvido y en la ignorancia de su Dios verdadero, sin haber&lt;br /&gt;quien abriese su boca para confesarle y bendecirle, salvo&lt;br /&gt;algunos pocos de su pueblo. Todo el resto del mundo&lt;br /&gt;estaba con silencio y lleno de tinieblas, habiendo corrido&lt;br /&gt;una larga noche de cinco mil y casi doscientos años,&lt;br /&gt;sucediendo unos siglos y generaciones a otras, cada cual&lt;br /&gt;en el tiempo prefinido y determinado por la eterna&lt;br /&gt;sabiduría, para que todos pudiesen conocer a su Criador&lt;br /&gt;y topar con Él, pues le tenían tan cerca que en sí mismo&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;les daba vida, ser y movimiento (Act., 17, 27-28). Pero&lt;br /&gt;como no llegaba el claro día de la luz inaccesible,&lt;br /&gt;aunque de los mortales andaban algunos como ciegos,&lt;br /&gt;tocando las criaturas, no atinaban con la divinidad, y sin&lt;br /&gt;conocerla, se la daban a las cosas sensibles y más viles&lt;br /&gt;de la tierra (Rom., 1, 23).&lt;br /&gt;125. Llegó, pues, el dichoso día en que despreciando el&lt;br /&gt;Altísimo los largos siglos de tan pesada ignorancia (Act.,&lt;br /&gt;17, 30), determinó manifestarse a los hombres y dar&lt;br /&gt;principio a la redención del linaje humano, tomando su&lt;br /&gt;naturaleza en las entrañas de María Santísima,&lt;br /&gt;prevenida para este misterio, como queda dicho (Cf.&lt;br /&gt;supra c. 1 al 9). Y para mejor declarar lo que de él se me&lt;br /&gt;manifiesta, es forzoso anticipar algunos sacramentos&lt;br /&gt;ocultos que sucedieron al descender el Unigénito del&lt;br /&gt;pecho de su Eterno Padre. Supongo que entre las Divinas&lt;br /&gt;Personas, como la fe lo enseña, aunque hay distinción&lt;br /&gt;personal, no hay desigualdad en la sabiduría,&lt;br /&gt;omnipotencia, ni en los demás atributos, como tampoco&lt;br /&gt;la puede haber en la sustancia de la divina naturaleza; y&lt;br /&gt;como en dignidad y perfección infinita son iguales, así&lt;br /&gt;también lo son en las operaciones que llaman ad extra,&lt;br /&gt;porque salen fuera del mismo Dios a producir alguna&lt;br /&gt;criatura o cosa temporal. Estas operaciones son indivisas&lt;br /&gt;entre las tres divinas personas, porque no las hace una&lt;br /&gt;sola persona, sino todas tres en cuanto son un mismo Dios&lt;br /&gt;y tienen una sabiduría, un entendimiento y una voluntad;&lt;br /&gt;y así como sabe el Hijo y quiere y obra lo que sabe y&lt;br /&gt;quiere el Padre, así también el Espíritu Santo sabe y&lt;br /&gt;quiere y obra lo mismo que el Padre y el Hijo.&lt;br /&gt;126. Con esta indivisión ejecutaron y obraron todas tres&lt;br /&gt;personas con una misma acción la obra de la&lt;br /&gt;Encarnación, aunque sola la Persona del Verbo recibió en&lt;br /&gt;sí a la naturaleza de hombre, uniéndola hipostáticamente&lt;br /&gt;a sí mismo; y por esto decimos que fue enviado el Hijo por&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;el Eterno Padre, de cuyo entendimiento procede, y que le&lt;br /&gt;envió su Padre por obra del Espíritu Santo, que intervino&lt;br /&gt;en esta misión. Y como la persona del Hijo era la que&lt;br /&gt;venía a humanarse al mundo, antes que sin salir del seno&lt;br /&gt;del Padre descendiese de los cielos y en aquel divino&lt;br /&gt;consistorio, en nombre de la misma humanidad que había&lt;br /&gt;de recibir en su persona, hizo una proposición y&lt;br /&gt;petición, representando los merecimientos previstos,&lt;br /&gt;para que por ellos se le concediese a todo el linaje&lt;br /&gt;humano su redención y el perdón de los pecados, por&lt;br /&gt;quienes había de satisfacer a la divina justicia. Pidió el&lt;br /&gt;fíat de la beatísima voluntad del Padre que le enviaba,&lt;br /&gt;para aceptar el rescate por medio de sus obras y pasión&lt;br /&gt;santísima y de los misterios que quería obrar en la nueva&lt;br /&gt;Iglesia y ley de gracia.&lt;br /&gt;127. Aceptó el Eterno Padre esta petición y méritos&lt;br /&gt;previstos del Verbo y le concedió todo lo que propuso y&lt;br /&gt;pidió para los mortales, y él mismo le encomendó a sus&lt;br /&gt;escogidos y predestinados como herencia o heredad&lt;br /&gt;suya; y por esto dijo el mismo Cristo nuestro Señor por&lt;br /&gt;San Juan que no perdió ni perecieron los que su Padre le&lt;br /&gt;dio, porque los guardó todos, salvo el hijo de perdición&lt;br /&gt;(Jn., 17, 12; 18, 9), que fue Judas (Iscariotes). Y otra vez&lt;br /&gt;dijo que de sus ovejas nadie le arrebataría alguna de su&lt;br /&gt;mano (Jn., 10, 28), ni de su Padre. Y lo mismo fuera de&lt;br /&gt;todos los nacidos, si como fue suficiente la redención se&lt;br /&gt;ayudaran ellos para que fuera eficaz para todos y en&lt;br /&gt;todos; pues a ninguno excluyó su Divina Misericordia, si&lt;br /&gt;todos la admitieran por medio de su Reparador.&lt;br /&gt;128. Todo esto —a nuestro entender— precedía en el&lt;br /&gt;cielo en el trono de la Beatísima Trinidad, antes del fíat&lt;br /&gt;de María Santísima, que luego diré. Y al tiempo de&lt;br /&gt;descender a sus virginales entrañas el Unigénito del&lt;br /&gt;Padre, se conmovieron los cielos y todas las criaturas. Y&lt;br /&gt;por la unión inseparable de las tres Divinas personas,&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;bajaron todas con la del Verbo, que sólo había de&lt;br /&gt;encarnar; y con el Señor y Dios de los ejércitos salieron&lt;br /&gt;todos los de la celestial milicia, llenos de invencible&lt;br /&gt;fortaleza y resplandor. Y aunque no era necesario&lt;br /&gt;despejar el camino, porque la divinidad lo llena todo y&lt;br /&gt;está en todo lugar y nada le puede estorbar, con todo&lt;br /&gt;eso, respetando los cielos materiales a su mismo Criador,&lt;br /&gt;le hicieron reverencia y se abrieron y dividieron todos&lt;br /&gt;once con los elementos inferiores: las estrellas se&lt;br /&gt;innovaron en su luz, la luna y sol con los demás planetas&lt;br /&gt;apresuraron el curso al obsequio de su Hacedor, para&lt;br /&gt;estar presentes a la mayor de sus obras y maravillas.&lt;br /&gt;129. No conocieron los mortales esta conmoción y&lt;br /&gt;novedad de todas las criaturas, así porque sucedió de&lt;br /&gt;noche, como porque el mismo Señor quiso que sólo fuese&lt;br /&gt;manifiesta a los Ángeles, que con nueva admiración le&lt;br /&gt;alabaron, conociendo tan ocultos como venerables&lt;br /&gt;misterios escondidos a los hombres, que estaban lejos&lt;br /&gt;de tales maravillas y beneficios admirables para los&lt;br /&gt;mismos espíritus angélicos, a quienes por entonces solos&lt;br /&gt;se remitía el dar gloria, alabanza y veneración por ellos a&lt;br /&gt;su Hacedor. Sólo en el corazón de algunos justos infundió&lt;br /&gt;el Altísimo en aquella hora un nuevo movimiento e influjo&lt;br /&gt;de extraordinario júbilo, a cuyo sentimiento atendieron&lt;br /&gt;todos y fueron conmovidos a atención, formaron&lt;br /&gt;nuevos y grandes conceptos del Señor; y algunos fueron&lt;br /&gt;inspirados, sospechando si aquella novedad que sentían&lt;br /&gt;era efecto de la venida del Mesías a redimir el mundo,&lt;br /&gt;pero todos callaron, porque cada cual imaginaba que&lt;br /&gt;sólo él había tenido aquella novedad y pensamiento,&lt;br /&gt;disponiéndolo así el poder divino.&lt;br /&gt;130. En las demás criaturas hubo también su renovación&lt;br /&gt;y mudanza. Las aves se movieron con cantos y alborozo&lt;br /&gt;extraordinario, las plantas y los árboles se mejoraron en&lt;br /&gt;sus frutos y fragancia y respectivamente todas las demás&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;criaturas sintieron o recibieron alguna oculta vivificación&lt;br /&gt;y mudanza. Pero quien la recibió mayor, fueron los&lt;br /&gt;Padres y Santos que estaban en el limbo, a donde fue&lt;br /&gt;enviado el Arcángel San Miguel para que les diese tan&lt;br /&gt;alegres nuevas y con ellas los consoló y dejó llenos de&lt;br /&gt;júbilo y nuevas alabanzas. Sólo para el infierno hubo&lt;br /&gt;nuevo pesar y dolor, porque al descender el Verbo Eterno&lt;br /&gt;de las alturas sintieron los demonios una fuerza&lt;br /&gt;impetuosa del poder divino, que les sobrevino como las&lt;br /&gt;olas del mar y dio con todos ellos en lo más profundo de&lt;br /&gt;aquellas cavernas tenebrosas, sin poderlo resistir ni&lt;br /&gt;levantarse. Y después que lo permitió la voluntad Divina,&lt;br /&gt;salieron al mundo y discurrieron por él, inquiriendo si&lt;br /&gt;había alguna novedad a que atribuir la que en sí mismos&lt;br /&gt;habían sentido, pero no pudieron rastrear la causa,&lt;br /&gt;aunque hicieron algunas juntas para conferirla; porque el&lt;br /&gt;poder Divino les ocultó el Sacramento de su Encarnación&lt;br /&gt;y el modo de concebir María Santísima al Verbo&lt;br /&gt;humanado, como adelante veremos Cf. infra n. 326), y&lt;br /&gt;sólo en la muerte y en la cruz acabaron de conocer que&lt;br /&gt;Cristo era Dios y hombre verdadero, como allí diremos&lt;br /&gt;(Cf. infra n. 1416).&lt;br /&gt;131. Para ejecutar el Altísimo este misterio entró el&lt;br /&gt;Santo Arcángel Gabriel, en la forma que dije en el&lt;br /&gt;capítulo pasado (Cf. supra n. 113), en el retrete donde&lt;br /&gt;estaba orando María Santísima, acompañado de innumerables&lt;br /&gt;Ángeles en forma humana visible y&lt;br /&gt;respectivamente todos refulgentes con incomparable&lt;br /&gt;hermosura. Era jueves a las siete de la tarde al&lt;br /&gt;oscurecer la noche. Viole la divina Princesa de los cielos y&lt;br /&gt;miróle con suma modestia y templanza, no más de lo que&lt;br /&gt;bastaba para reconocerle por Ángel del Señor, y&lt;br /&gt;conociéndole, con su acostumbrada humildad quiso&lt;br /&gt;hacerle reverencia; no lo consintió el Santo Príncipe,&lt;br /&gt;antes él la hizo profundamente como a su Reina y Señora,&lt;br /&gt;en quien adoraba los divinos misterios de su Criador, y&lt;br /&gt;84&lt;br /&gt;junto con eso reconocía que ya desde aquel día se mudaban&lt;br /&gt;los antiguos tiempos y costumbre de que los hombres&lt;br /&gt;adorasen a los Ángeles, como lo hizo Abrahán (Gén., 18,&lt;br /&gt;2), porque levantada la naturaleza humana a la dignidad&lt;br /&gt;del mismo Dios en la Persona del Verbo, ya quedaban los&lt;br /&gt;hombres adoptados por hijos suyos y compañeros o&lt;br /&gt;hermanos de los mismos Ángeles, como se lo dijo al&lt;br /&gt;evangelista San Juan el que no le consintió adoración&lt;br /&gt;(Ap., 19, 10).&lt;br /&gt;132. Saludó el Santo Arcángel a nuestra Reina y suya, y&lt;br /&gt;la dijo: Ave gratia plena, Dominus tecum, benedicta&lt;br /&gt;tu in mulieribus (Lc., 1, 28). Turbóse sin alteración la&lt;br /&gt;más humilde de las criaturas, oyendo esta nueva&lt;br /&gt;salutación del Ángel. Y la turbación tuvo en ella dos&lt;br /&gt;causas: la una, su profunda humildad con que se&lt;br /&gt;reputaba por inferior a todos los mortales, y oyendo, al&lt;br /&gt;mismo tiempo que juzgaba de sí tan bajamente,&lt;br /&gt;saludarla y llamarla bendita entre todas las mujeres, le&lt;br /&gt;causó novedad. La segunda causa fue que, al mismo&lt;br /&gt;tiempo cuando oyó la salutación y la confería en su pecho&lt;br /&gt;como la iba oyendo, tuvo inteligencia del Señor que la&lt;br /&gt;elegía para Madre suya, y esto la turbó mucho más, por&lt;br /&gt;el concepto que de sí tenía formado. Y por esta turbación&lt;br /&gt;prosiguió el Ángel declarándole el orden del Señor, y&lt;br /&gt;diciéndola: No temas, María, porque hallaste gracia con&lt;br /&gt;el Señor; advierte que concebirás un hijo en tu vientre y&lt;br /&gt;le parirás y le pondrás por nombre Jesús; será grande y&lt;br /&gt;será llamado Hijo del Altísimo. Y lo demás que prosiguió&lt;br /&gt;el Santo Arcángel (Ib. 30-31).&lt;br /&gt;133. Sola nuestra prudentísima y humilde Reina pudo&lt;br /&gt;entre las puras criaturas dar la ponderación y&lt;br /&gt;magnificencia debida a tan nuevo y singular&lt;br /&gt;sacramento, y como conoció su grandeza, dignamente se&lt;br /&gt;admiró y turbó. Pero convirtió su corazón humilde al Señor,&lt;br /&gt;que no podía negarle sus peticiones, y en su secreto&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;le pidió nueva luz y asistencia para gobernarse en tan&lt;br /&gt;arduo negocio; porque —como dije en el capítulo pasado&lt;br /&gt;(Cf.supra n. 119)— la dejó el Altísimo para obrar este&lt;br /&gt;misterio en el estado común de la fe, esperanza y&lt;br /&gt;caridad, suspendiendo otros géneros de favores y&lt;br /&gt;elevaciones interiores que frecuente o continuamente&lt;br /&gt;recibía. En esta disposición replicó y dijo a San Gabriel lo&lt;br /&gt;que prosigue San Lucas (Lc., 1, 34): ¿Cómo ha de ser esto&lt;br /&gt;de concebir y parir hijo, porque ni conozco varón ni lo&lt;br /&gt;puedo conocer? Al mismo tiempo representaba en su&lt;br /&gt;interior al Señor el voto de castidad que había hecho y el&lt;br /&gt;desposorio que Su Majestad había celebrado con ella.&lt;br /&gt;134. Respondióla el Santo Príncipe Gabriel: Señora, sin&lt;br /&gt;conocer varón, es fácil al poder Divino haceros madre; y&lt;br /&gt;el Espíritu Santo vendrá con su presencia y estará de&lt;br /&gt;nuevo con vos, y la virtud del Altísimo os hará sombra&lt;br /&gt;para que de vos pueda nacer el Santo de los Santos, que&lt;br /&gt;se llamará Hijo de Dios. Y advertid que vuestra deuda&lt;br /&gt;Elísabet también ha concebido un hijo en su estéril&lt;br /&gt;senectud, y éste es el sexto mes de su concepción;&lt;br /&gt;porque nada es imposible para con Dios (Ib. 35-37), y el&lt;br /&gt;mismo que hace concebir y parir a la que era estéril,&lt;br /&gt;puede hacer que vos, Señora, lleguéis a ser su Madre&lt;br /&gt;quedando siempre Virgen y más consagrada vuestra gran&lt;br /&gt;pureza; y al Hijo que pariéredeis le dará Dios el trono de&lt;br /&gt;su padre David, y su reino será eterno en la casa de&lt;br /&gt;Jacob (Ib. 32). No ignoráis, Señora, la profecía de Isaías,&lt;br /&gt;que concebirá una virgen y parirá un hijo que se llamará&lt;br /&gt;Emmanuel, que es Dios con nosotros (Is., 7, 14). Esta&lt;br /&gt;profecía es infaílible y se ha de cumplir en vuestra&lt;br /&gt;persona. Asimismo sabéis el gran misterio de la zarza&lt;br /&gt;que vio Moisés ardiendo sin ofenderla el fuego (Ex., 3, 2),&lt;br /&gt;para significar en esto las dos naturalezas divina y&lt;br /&gt;humana, sin que ésta sea consumida de la divina, y que&lt;br /&gt;la Madre del Mesías le concebirá y parirá sin que su&lt;br /&gt;pureza virginal quede violada. Acordaos también,&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;Señora, de la promesa que hizo nuestro Dios eterno al&lt;br /&gt;Patriarca Abrahán, que después del cautiverio de su&lt;br /&gt;posteridad en Egipto a la cuarta generación (Gén., 15,&lt;br /&gt;16) volverían a esta tierra; y el misterio de esta promesa&lt;br /&gt;era que en esta cuarta generación (El misterio de esta&lt;br /&gt;cuarta generación es que se hallan cuatro generaciones:&lt;br /&gt;primera de Adán sin padre ni madre; segunda, de Eva sin&lt;br /&gt;madre; tercera, concepción de padre y madre, que es la&lt;br /&gt;común de todos; cuarta, de madre sin padre, que es la de&lt;br /&gt;Jesucristo Nuestro Señor) por Vuestro medio rescataría&lt;br /&gt;Dios humanado a todo el linaje de Adán de la opresión&lt;br /&gt;del demonio. Y aquella escala que vio Jacob dormido&lt;br /&gt;(Gén., 28, 12), fue una figura expresa del camino real que&lt;br /&gt;el Verbo Eterno en carne humana abriría, para que los&lt;br /&gt;mortales subiesen a los cielos y los ángeles bajasen a la&lt;br /&gt;tierra, a donde bajaría el Unigénito del Padre para&lt;br /&gt;conversar en ella con los hombres y comunicarles los&lt;br /&gt;tesoros de su divinidad con la participación de las&lt;br /&gt;virtudes y perfecciones que están en su ser inmutable y&lt;br /&gt;eterno.&lt;br /&gt;135. Con estas razones y otras muchas informó el&lt;br /&gt;embajador del cielo a María Santísima, para quitarla la&lt;br /&gt;turbación de su embajada con la noticia de las antiguas&lt;br /&gt;promesas y profecías de la Escritura y con la fe y&lt;br /&gt;conocimiento de ellas y del poder infinito del Altísimo.&lt;br /&gt;Pero como la misma Señora excedía a los mismos ángeles&lt;br /&gt;en sabiduría, prudencia y toda santidad, deteníase en la&lt;br /&gt;respuesta para darla con el acuerdo que la dio; porque&lt;br /&gt;fue tal cual convenía al mayor de los misterios y&lt;br /&gt;sacramentos del poder Divino. Ponderó esta gran Señora&lt;br /&gt;que de su respuesta estaba pendiente el desempeño de&lt;br /&gt;la Beatísima Trinidad, el cumplimiento de sus promesas y&lt;br /&gt;profecías, el más agradable y acepto sacrificio de&lt;br /&gt;cuantos se le habían ofrecido, el abrir las puertas del&lt;br /&gt;paraíso, la victoria y triunfo del infierno, la redención de&lt;br /&gt;todo el linaje humano, la satisfacción y recompensa de la&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;Divina justicia, la fundación de la nueva ley de gracia, la&lt;br /&gt;gloria de los hombres, el gozo de los ángeles y todo lo&lt;br /&gt;que se contiene en haberse de humanar el Unigénito del&lt;br /&gt;Padre y tomar forma de siervo (Flp., 2, 7) en sus virginales&lt;br /&gt;entrañas.&lt;br /&gt;136. Grande maravilla por cierto, y digna de nuestra&lt;br /&gt;admiración, que todos estos misterios, y los que cada uno&lt;br /&gt;encierra, los dejase el Altísimo en mano de una humilde&lt;br /&gt;doncella y todo dependiese de su fíat. Pero digna y&lt;br /&gt;seguramente lo remitió a la sabiduría y fortaleza de esta&lt;br /&gt;mujer fuerte, que pensándolo con tanta magnificencia y&lt;br /&gt;altura no le dejó frustrada su confianza que tenía en ella&lt;br /&gt;(Prov., 31, 11). Las obras que se quedan dentro del mismo&lt;br /&gt;Dios no necesitan de la cooperación de criaturas, que no&lt;br /&gt;pueden tener parte en ellas, ni Dios puede esperarlas&lt;br /&gt;para obrar ad intra; pero en las obras ad extra contingentes,&lt;br /&gt;entre las cuales la mayor y más excelente fue&lt;br /&gt;hacerse hombre, no la quiso ejecutar sin la cooperación&lt;br /&gt;de María Santísima y sin que ella diese su libre&lt;br /&gt;consentimiento; para que con ella y por ella diese este&lt;br /&gt;complemento a todas sus obras, que sacó a luz fuera de&lt;br /&gt;sí mismo, para que le debiésemos este beneficio a la&lt;br /&gt;Madre de la sabiduría y nuestra Reparadora.&lt;br /&gt;137. Consideró y penetró profundamente esta gran&lt;br /&gt;Señora el campo tan espacioso de la dignidad de Madre&lt;br /&gt;de Dios para comprarle (Ib. 16ss.) con un fíat; vistióse de&lt;br /&gt;fortaleza más que humana y gustó y vio cuán buena era&lt;br /&gt;la negociación y comercio de la Divinidad. Entendió las&lt;br /&gt;sendas de sus ocultos beneficios, adornóse de fortaleza y&lt;br /&gt;hermosura; y habiendo conferido consigo misma y con el&lt;br /&gt;paraninfo celestial Gabriel la grandeza de tan altos y&lt;br /&gt;divinos sacramentos, estando muy capaz de la embajada&lt;br /&gt;que recibía, fue su purísimo espíritu absorto y elevado en&lt;br /&gt;admiración, reverencia y sumo intensísimo amor del&lt;br /&gt;mismo Dios; y con la fuerza de estos movimientos y&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;afectos soberanos, como con efecto connatural de ellos,&lt;br /&gt;fue su castísimo corazón casi prensado y comprimido con&lt;br /&gt;una fuerza que le hizo destilar tres gotas de su purísima&lt;br /&gt;sangre y, puestas en el natural lugar para la concepción&lt;br /&gt;del cuerpo de Cristo Señor nuestro, fue formado de ellas&lt;br /&gt;por la virtud del Divino y Santo Espíritu; de suerte que la&lt;br /&gt;materia de que se fabricó la humanidad santísima del&lt;br /&gt;Verbo para nuestra redención, la dio y administró el&lt;br /&gt;Corazón de María Purísima a fuerza de amor, real y&lt;br /&gt;verdaderamente. Y al mismo tiempo con la humildad&lt;br /&gt;nunca harto encarecida, inclinando un poco la cabeza y&lt;br /&gt;juntas las manos, pronunció aquellas palabras que fueron&lt;br /&gt;el principio de nuestra reparación: Ecce ancilla Domini,&lt;br /&gt;fíat mihi secundum verbum tuum (Lc., 1, 38).&lt;br /&gt;138. Al pronunciar este fíat tan dulce para los oídos de&lt;br /&gt;Dios y tan feliz para nosotros, en un instante se obraron&lt;br /&gt;cuatro cosas: la primera, formarse el cuerpo santísimo de&lt;br /&gt;Cristo Señor nuestro de aquellas tres gotas de sangre&lt;br /&gt;que administró el corazón de María Santísima; la&lt;br /&gt;segunda, ser criada el alma santísima del mismo Señor,&lt;br /&gt;que también fue criada como las demás; la tercera,&lt;br /&gt;unirse el alma y cuerpo y componer su humanidad&lt;br /&gt;perfectísima; la cuarta, unirse la divinidad en la persona&lt;br /&gt;del Verbo con la humanidad, que con ella unida&lt;br /&gt;hipostáticamente hizo en un supuesto la Encarnación, y&lt;br /&gt;fue formado Cristo Dios y hombre verdadero. Señor y&lt;br /&gt;Redentor nuestro. Sucedió esto viernes a 25 de marzo al&lt;br /&gt;romper del alba, o a los crepúsculos de la luz, a la misma&lt;br /&gt;hora que fue formado nuestro primer padre Adán, y en el&lt;br /&gt;año de la creación del mundo de cinco mil ciento noventa&lt;br /&gt;y nueve, como lo cuenta la Iglesia romana en el&lt;br /&gt;Martirologio, gobernada por el Espíritu Santo. Esta&lt;br /&gt;cuenta es la verdadera y cierta, y así se me ha&lt;br /&gt;declarado, preguntándolo por orden de la obediencia. Y&lt;br /&gt;conforme a esto, el mundo fue criado por el mes de&lt;br /&gt;marzo, que corresponde a su principio de la creación; y&lt;br /&gt;89&lt;br /&gt;porque las obras del Altísimo todas son perfectas (Dt., 32,&lt;br /&gt;4) y acabadas, las plantas y los árboles salieron de la&lt;br /&gt;mano de Su Majestad con frutos, y siempre los tuvieran&lt;br /&gt;sin perderlos si el pecado no hubiera alterado a toda la&lt;br /&gt;naturaleza, como lo diré de intento en otro tratado, si&lt;br /&gt;fuere voluntad del Señor, y lo dejo ahora por no pertenecer&lt;br /&gt;a éste.&lt;br /&gt;139. En el mismo instante de tiempo que celebró el&lt;br /&gt;Todopoderoso las bodas de la unión hipostática en el&lt;br /&gt;tálamo virginal de María Santísima, fue la divina Señora&lt;br /&gt;elevada a la visión beatífica y se le manifestó la&lt;br /&gt;Divinidad intuitiva y claramente y conoció en ella altísimos&lt;br /&gt;sacramentos, de que hablaré en el capítulo&lt;br /&gt;siguiente. Especialmente se le mostraron patentes los&lt;br /&gt;secretos de aquellas cifras que recibió en el adorno que&lt;br /&gt;dejo dicho (Cf. supra n.82) la pusieron en el capítulo 7, y&lt;br /&gt;también las que traían sus ángeles. El divino niño iba&lt;br /&gt;creciendo naturalmente en el lugar del útero con el&lt;br /&gt;alimento, sustancia y sangre de la Madre Santísima,&lt;br /&gt;como los demás hombres, aunque más libre y exento de&lt;br /&gt;las imperfecciones que los demás hijos de Adán padecen&lt;br /&gt;en aquel lugar y estado; porque de algunas accidentales&lt;br /&gt;y no pertenecientes a la sustancia de la generación, que&lt;br /&gt;son efectos del pecado, estuvo libre la Emperatriz del&lt;br /&gt;cielo, y de las superfluidades imperfectas que en las&lt;br /&gt;mujeres son naturales y comunes, de que los demás niños&lt;br /&gt;se forman, sustentan y crecen; pues para dar la materia&lt;br /&gt;que le faltaba de la naturaleza infecta de las&lt;br /&gt;descendientes de Eva, sucedía que se la administraba,&lt;br /&gt;ejercitando actos heroicos de las virtudes, y en especial&lt;br /&gt;de la caridad. Y como las operaciones fervorosas del&lt;br /&gt;alma y los afectos amorosos naturalmente alteran los&lt;br /&gt;humores y sangre, encaminábala la Divina Providencia al&lt;br /&gt;sustento del Niño Divino, con que era alimentada naturalmente&lt;br /&gt;la humanidad de nuestro Redentor y la&lt;br /&gt;Divinidad recreada con el beneplácito de heroicas&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;virtudes. De manera que María Santísima administró al&lt;br /&gt;Espíritu Santo, para la formación del cuerpo, sangre pura,&lt;br /&gt;limpia, como concebida sin pecado, y libre de sus pensiones.&lt;br /&gt;Y la que en las demás madres, para ir creciendo&lt;br /&gt;los hijos, es imperfecta e inmunda, la Reina del cielo&lt;br /&gt;daba la más pura, sustancial y delicada, porque a poder&lt;br /&gt;de afectos de amor y de las demás virtudes se la&lt;br /&gt;comunicaba, y también la sustancia de lo mismo que la&lt;br /&gt;divina Reina comía. Y como sabía que el ejercicio de&lt;br /&gt;sustentarse ella era para dar alimento al Hijo de Dios y&lt;br /&gt;suyo, tomábale siempre con actos tan heroicos, que&lt;br /&gt;admiraba a los espíritus angélicos que en acciones&lt;br /&gt;humanas tan comunes pudiese haber realces tan&lt;br /&gt;soberanos de merecimiento y de agrado del Señor.&lt;br /&gt;140. Quedó esta divina Señora en la posesión de Madre&lt;br /&gt;del mismo Dios con tales privilegios, que cuantos he&lt;br /&gt;dicho hasta ahora y diré adelante no son aún lo menos de&lt;br /&gt;su excelencia, ni mi lengua lo puede manifestar; porque&lt;br /&gt;ni al entendimiento le es posible debidamente&lt;br /&gt;concebirlo, ni los más doctos ni sabios hallarán términos&lt;br /&gt;adecuados para explicarlos. Los humildes, que entienden&lt;br /&gt;el arte del amor divino, lo conocerán por la luz infusa y&lt;br /&gt;por el gusto y sabor interior con que se perciben tales&lt;br /&gt;sacramentos. No sólo quedó María Santísima hecha cielo,&lt;br /&gt;templo y habitación de la Santísima Trinidad y&lt;br /&gt;transformada, elevada y deificada con la especial y&lt;br /&gt;nueva asistencia de la Divinidad en su vientre purísimo,&lt;br /&gt;pero también aquella humilde casa y pobre oratorio&lt;br /&gt;quedó todo divinizado y consagrado por nuevo santuario&lt;br /&gt;del Señor. Y los divinos espíritus, que testigos de esta&lt;br /&gt;maravilla asistían a contemplarla, con nuevos cánticos de&lt;br /&gt;alabanza y con indecible júbilo engrandecían al&lt;br /&gt;Omnipotente y en compañía de la felicísima Madre le&lt;br /&gt;bendecían en su nombre, y del linaje humano, que&lt;br /&gt;ignoraba el mayor de sus beneficios y misericordias.&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina Santísima María.&lt;br /&gt;141. Hija mía, admirada te veo, con razón, por haber&lt;br /&gt;conocido con nueva luz el misterio de humillarse la&lt;br /&gt;divinidad a unirse con la naturaleza humana en el vientre&lt;br /&gt;de una pobre doncella como yo lo era. Quiero, pues,&lt;br /&gt;carísima, que conviertas la atención a ti misma y&lt;br /&gt;ponderes que se humilló Dios viniendo a mis entrañas, no&lt;br /&gt;para mí sola, mas también para ti misma como para mí.&lt;br /&gt;El Señor es infinito en misericordias y su amor no tiene&lt;br /&gt;límite; y de tal manera atiende y asiste a cualquiera de&lt;br /&gt;las almas que le reciben y se regala con ella, como si&lt;br /&gt;sola aquélla hubiera criado y por ella se hubiera hecho&lt;br /&gt;hombre. Por esta razón debes considerarte como sola en&lt;br /&gt;el mundo, para agradecer con todas tus fuerzas de afecto&lt;br /&gt;la venida del Señor a él; y después le darás gracias,&lt;br /&gt;porque juntamente vino para todos. Y si con viva fe&lt;br /&gt;entiendes y confiesas que el mismo Dios, infinito en&lt;br /&gt;atributos y eterno en la majestad, que bajó a tomar carne&lt;br /&gt;humana en mis entrañas, ese mismo te busca, te llama, te&lt;br /&gt;regala, acaricia y se convierte a ti todo (Gal., 2, 20), como&lt;br /&gt;si fueras tú sola criatura suya, pondera bien y considera a&lt;br /&gt;qué te obliga tan admirable dignación y convierte esta&lt;br /&gt;admiración en actos vivos de fe y de amor; pues todo lo&lt;br /&gt;debes a tal Rey y Señor, que se dignó de venir a ti,&lt;br /&gt;cuando no le pudiste buscar ni alcanzar.&lt;br /&gt;142. Todo cuanto este Señor te puede dar fuera de sí&lt;br /&gt;mismo te pareciera mucho, mirándolo con luz y afecto&lt;br /&gt;humano, sin atender a lo superior. Y es verdad que de la&lt;br /&gt;mano de tan eminente y supremo Rey cualquiera dádiva&lt;br /&gt;es digna de estimación. Pero si atiendes al mismo Dios y&lt;br /&gt;le conoces con luz Divina y sabes que te hizo capaz de su&lt;br /&gt;divinidad, entonces verás que si ella no se te comunicara&lt;br /&gt;y viniera Dios a ti todo lo criado fuera nada y&lt;br /&gt;despreciable para ti, y sólo te gozarás y quietarás con&lt;br /&gt;saber que tienes tal Dios, tan amoroso, amable, tan&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;poderoso, suave, rico, y que siendo tal y tan infinito, se&lt;br /&gt;digna de humillarse a tu bajeza para levantarte del polvo&lt;br /&gt;y enriquecer tu pobreza y hacer contigo oficio de pastor,&lt;br /&gt;de padre, de esposo y amigo fidelísimo.&lt;br /&gt;143. Atiende, pues, hija mía, en tu secreto a los efectos&lt;br /&gt;de esta verdad. Pondera bien y confiere el amor&lt;br /&gt;dulcísimo de este gran Rey para contigo en su&lt;br /&gt;puntualidad, en sus regalos y caricias, en los favores que&lt;br /&gt;recibes, en los trabajos que de ti fía, en la lucerna que ha&lt;br /&gt;encendido su Divina ciencia en tu pecho para conocer&lt;br /&gt;altamente la infinita grandeza de su mismo ser, lo&lt;br /&gt;admirable de sus obras y misterios más ocultos. Esta&lt;br /&gt;ciencia es el primer ser y principio, la base y fundamento&lt;br /&gt;de la doctrina que te he dado para que llegues a conocer&lt;br /&gt;el decoro y magnificencia con que has de tratar los&lt;br /&gt;favores y beneficios de este Señor y Dios, tu verdadero&lt;br /&gt;bien, tesoro, luz y guía. Mírale como a Dios infinito,&lt;br /&gt;amoroso y terrible. Oye, carísima, mis palabras, mi&lt;br /&gt;enseñanza y disciplina, que en ella está la paz y lumbre&lt;br /&gt;de los ojos.&lt;br /&gt;CAPITULO 12&lt;br /&gt;De las operaciones que hizo el alma santísima de&lt;br /&gt;Cristo Señor nuestro en el primer instante de su&lt;br /&gt;concepción, y lo que obró entonces su Madre Purísima.&lt;br /&gt;144. Para entender mejor las primeras operaciones del&lt;br /&gt;alma santísima de Cristo nuestro Señor, suponemos lo&lt;br /&gt;que en el capítulo pasado, núm. 138, queda advertido:&lt;br /&gt;que todo lo sustancial de este divino misterio, como es la&lt;br /&gt;formación del cuerpo, creación e infusión del alma y la&lt;br /&gt;unión de la individua humanidad con la Persona del&lt;br /&gt;Verbo, sucedió y se obró en un instante; de manera que&lt;br /&gt;no podemos decir que en algún instante de tiempo fue&lt;br /&gt;Cristo nuestro bien hombre puro, porque siempre fue&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;hombre y Dios verdadero; pues cuando había de llegar la&lt;br /&gt;humanidad a llamarse hombre ya era y se halló Dios, y&lt;br /&gt;así no se pudo llamar hombre solo ni en un instante, sino&lt;br /&gt;Hombre-Dios y Dios-Hombre. Y como al ser natural, siendo&lt;br /&gt;operativo se puede seguir luego la operación y acción de&lt;br /&gt;sus potencias, por esto en el mismo instante que se&lt;br /&gt;ejecutó la Encarnación fue beatificada el alma santísima&lt;br /&gt;de Cristo nuestro Señor con la visión y amor beatífico,&lt;br /&gt;topando luego —a nuestro modo de entender— sus&lt;br /&gt;potencias de entendimiento y voluntad con la misma divinidad&lt;br /&gt;que su ser de naturaleza había topado,&lt;br /&gt;uniéndose a ella por su sustancia, y las potencias por sus&lt;br /&gt;operaciones perfectísimas, al mismo ser de Dios, para&lt;br /&gt;que en el ser y obrar quedase todo deificado.&lt;br /&gt;145. La grande admiración de este sacramento es que&lt;br /&gt;tanta gloria, y de más a más toda la grandeza de la&lt;br /&gt;Divinidad inmensa, estuviesen resumidas en tan pequeño&lt;br /&gt;epílogo, como un cuerpecito no mayor que una abeja o&lt;br /&gt;una almendra no muy grande, porque no era mayor que&lt;br /&gt;esto la cuantidad del cuerpo santísimo de Cristo Señor&lt;br /&gt;nuestro, cuando se celebró la concepción y unión&lt;br /&gt;hipostática; y que asimismo quedase aquella gran&lt;br /&gt;pequeñez con suma gloria y pasibilidad, porque&lt;br /&gt;juntamente fue su humanidad gloriosa y pasible, fue&lt;br /&gt;comprensor y viador. Pero el mismo Dios, que en su poder&lt;br /&gt;y sabiduría es infinito, pudo estrechar tanto y encoger su&lt;br /&gt;misma divinidad siempre infinita, que sin dejar de serlo&lt;br /&gt;la encerrase en la corta esfera de un cuerpo tan pequeño&lt;br /&gt;por admirable y con nuevo modo de estar en él. Y con la&lt;br /&gt;misma omnipotencia hizo que aquella alma santísima de&lt;br /&gt;Cristo nuestro Señor en la parte superior de las más&lt;br /&gt;nobles operaciones fuese gloriosa y comprensora, y que&lt;br /&gt;toda aquella gloria sin medida quedase como represada&lt;br /&gt;en lo supremo de su alma, y suspensos los efectos y dotes&lt;br /&gt;que había de comunicar consiguientemente a su cuerpo,&lt;br /&gt;para que según esta razón fuese juntamente pasible y&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;viador, sólo para dar lugar a nuestra redención por&lt;br /&gt;medio de su cruz, pasión y muerte.&lt;br /&gt;146. Para obrar todas estas operaciones y las demás&lt;br /&gt;que había de hacer la santísima humanidad, se le&lt;br /&gt;infundieron en el mismo instante de su concepción todos&lt;br /&gt;los hábitos que convenían a sus potencias y eran&lt;br /&gt;necesarios para las acciones y operaciones, así de comprensor&lt;br /&gt;como de pasible y viador; y así tuvo ciencia&lt;br /&gt;beata e infusa, tuvo gracia justificante y los dones del&lt;br /&gt;Espíritu Santo, que, como dice Isaías (Is., 11, 2),&lt;br /&gt;descansaron en Cristo. Tuvo todas las virtudes, excepto la&lt;br /&gt;fe y esperanza, que no se compadecían con la visión y&lt;br /&gt;posesión beatífica. Y si alguna otra virtud hay que&lt;br /&gt;suponga alguna imperfección en el que la tiene, no podía&lt;br /&gt;estar en el Santo de los santos, que ni pudo hacer pecado&lt;br /&gt;ni se halló dolo en su boca (Is., 53, 9; 1 Pe., 2, 22). De la&lt;br /&gt;dignidad y excelencia de la ciencia y gracia, virtudes y&lt;br /&gt;perfecciones de Cristo nuestro Señor, no es necesario&lt;br /&gt;hacer aquí más relación, porque esto enseñan los&lt;br /&gt;sagrados doctores y los maestros de teología largamente.&lt;br /&gt;Basta para mí saber que todo fue tan perfecto cuanto&lt;br /&gt;pudo extenderse el poder Divino y a donde no alcanza el&lt;br /&gt;juicio humano, porque donde estaba la misma fuente&lt;br /&gt;(Sal., 35, 10), que es la Divinidad, había de beber aquella&lt;br /&gt;alma santísima de Cristo del torrente sin límite ni tasa,&lt;br /&gt;como dice David (Sal., 109, 7). Así tuvo plenitud de todas&lt;br /&gt;las virtudes y perfecciones.&lt;br /&gt;147. Deificada y adornada el alma santísima de Cristo&lt;br /&gt;nuestro Señor con la Divinidad y sus dones, el orden que&lt;br /&gt;tuvieron sus operaciones fue éste: la primera, ver y&lt;br /&gt;conocer la Divinidad intuitivamente como es en sí y como&lt;br /&gt;estaba unida a su humanidad santísima; luego, amarla&lt;br /&gt;con sumo amor beatífico; tras de esto, reconocer el ser de&lt;br /&gt;la humanidad inferior al ser de Dios; y se humilló profundísimamente,&lt;br /&gt;y con esta humillación dio gracias al&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;inmutable ser de Dios por haberle criado y por el&lt;br /&gt;beneficio de la unión hipostática, con que le levantó al&lt;br /&gt;ser de Dios, juntamente siendo hombre. Conoció también&lt;br /&gt;cómo su humanidad santísima era pasible y el fin de la&lt;br /&gt;redención, y con este conocimiento se ofreció en&lt;br /&gt;sacrificio acepto por Redentor del linaje humano y&lt;br /&gt;admitiendo el ser pasible en nombre suyo y de los&lt;br /&gt;hombres dio gracias al Eterno Padre. Reconoció la&lt;br /&gt;compostura de su humanidad santísima, la materia de&lt;br /&gt;que había sido formada y cómo María Purísima se la&lt;br /&gt;administró a fuerza de caridad y de ejercitar heroicas&lt;br /&gt;virtudes. Tomó la posesión de aquel santo tabernáculo y&lt;br /&gt;morada, agradóse de él y de su hermosura eminentísima&lt;br /&gt;y complacióse y adjudicóse por propiedad suya para in&lt;br /&gt;aeternum el alma de la más perfecta y pura criatura.&lt;br /&gt;Alabó al Eterno Padre porque la había criado con tan&lt;br /&gt;excelentísimos realces de gracias y dones y porque la&lt;br /&gt;había hecho exenta y libre de la común ley del pecado en&lt;br /&gt;que todos los descendientes de Adán habían incurrido,&lt;br /&gt;siendo hija suya. Oró por la Purísima Señora y por San&lt;br /&gt;José, pidió la salud eterna para ellos. Todas estas obras y&lt;br /&gt;otras que hizo fueron altísimas, como de hombre y Dios&lt;br /&gt;verdadero y, fuera de las que tocan a la visión y amor&lt;br /&gt;beatífico, con todas y con cualquiera de ellas mereció&lt;br /&gt;tanto que con su valor y precio se pudieran redimir&lt;br /&gt;infinitos mundos, si fuera posible que los hubiera.&lt;br /&gt;148. Y con solo el acto de obediencia que hizo la&lt;br /&gt;santísima humanidad unida al Verbo, de admitir la&lt;br /&gt;pasibilidad y que la gloria de su alma no resultase al&lt;br /&gt;cuerpo, fuera superabundante nuestra redención. Mas&lt;br /&gt;aunque sobreabundaba para nuestro remedio, no&lt;br /&gt;saciaba su amor inmenso para los hombres, si con&lt;br /&gt;voluntad efectiva no nos amara hasta el fin del amor (Jn.,&lt;br /&gt;13, 1) que era el mismo fin de su vida, entregándola por&lt;br /&gt;nosotros con las demostraciones y condiciones de mayor&lt;br /&gt;afecto que el entendimiento humano y angélico pudo&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;imaginar. Y si al primer instante que entró en el mundo&lt;br /&gt;nos enriqueció tanto, ¡qué tesoros, qué riquezas de&lt;br /&gt;merecimientos nos dejaría cuando salió de él, por su&lt;br /&gt;pasión y muerte de Cruz, después de treinta y tres años&lt;br /&gt;de trabajos y operaciones tan divinas! ¡Oh inmenso&lt;br /&gt;amor!, ¡oh caridad sin término!, ¡oh misericordia sin&lt;br /&gt;medida!, ¡oh piedad liberalísima! y ¡oh ingratitud y olvido&lt;br /&gt;torpísimo de los mortales a la vista de tan inaudito&lt;br /&gt;como importante beneficio! ¿Qué fuera de nosotros sin&lt;br /&gt;Él? Y ¿qué hiciéramos con este Señor y Redentor nuestro,&lt;br /&gt;si él hubiera hecho menos por nosotros, pues no nos&lt;br /&gt;obliga y mueve haber hecho todo lo que pudo? Si no le&lt;br /&gt;correspondemos como Redentor que nos dio vida y&lt;br /&gt;libertad eterna, oigámosle como maestro, sigámosle&lt;br /&gt;como capitán, como luz y caudillo que nos enseña el&lt;br /&gt;camino de nuestra verdadera felicidad.&lt;br /&gt;149. No trabajó este Señor y Maestro para sí, ni merecía&lt;br /&gt;el premio de su alma santísima, ni los aumentos de su&lt;br /&gt;gracia, mereciéndolo todo para nosotros; porque Él no lo&lt;br /&gt;había menester, ni podía recibir aumento de gracia ni de&lt;br /&gt;gloria, que de todo estaba lleno, como dijo el evangelista&lt;br /&gt;(Jn., 1, 14), porque era Unigénito del Padre, junto con&lt;br /&gt;ser hombre. No tuvo en esto símil ni lo puede tener,&lt;br /&gt;porque todos los Santos y puras criaturas merecieron&lt;br /&gt;para sí mismos y trabajaron con fin de su premio; sólo el&lt;br /&gt;amor de Cristo fue sin interés todo para nosotros. Y si&lt;br /&gt;estudió y aprovechó (Lc., 2, 52) en la escuela de la&lt;br /&gt;experiencia, eso mismo hizo también para enseñarnos y&lt;br /&gt;enriquecernos con la experiencia de la obediencia (Heb.,&lt;br /&gt;5, 8) y con los méritos infinitos que alcanzó y con el&lt;br /&gt;ejemplo que nos dio (1 Pe., 2, 21) para que fuésemos&lt;br /&gt;doctos y sabios en el arte del amor; que no se aprende&lt;br /&gt;perfectamente con solos los afectos y deseos, si no se&lt;br /&gt;pone en práctica con obras verdaderas y efectivas. En los&lt;br /&gt;misterios de la vida santísima de Cristo nuestro Señor no&lt;br /&gt;me alargaré, por mi incapacidad, y me remitiré a los&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;evangelistas, tomando sólo aquello que fuere necesario&lt;br /&gt;para esta divina Historia de su Madre y Señora nuestra;&lt;br /&gt;porque estando tan juntas y encadenadas las vidas del&lt;br /&gt;Hijo y Madre santísimos, no puedo excusarme de tomar&lt;br /&gt;algo de los Evangelios y añadir también otras cosas que&lt;br /&gt;ellos no dijeron, porque no era necesario para su historia,&lt;br /&gt;ni para los primeros tiempos de la Iglesia Católica.&lt;br /&gt;150. A todas las operaciones dichas, que obró Cristo&lt;br /&gt;Señor nuestro en el instante de su concepción, se siguió&lt;br /&gt;en otro instante la visión beatífica de la divinidad que&lt;br /&gt;tuvo su Madre Santísima, como queda dicho en el&lt;br /&gt;capítulo pasado, núm. 139; y en un instante de tiempo&lt;br /&gt;puede haber muchos que llaman de naturaleza. En esta&lt;br /&gt;visión conoció la divina Señora con claridad y distinción&lt;br /&gt;el misterio de la unión hipostática de las dos naturalezas&lt;br /&gt;divina y humana en la Persona del Verbo Eterno, y la&lt;br /&gt;Beatísima Trinidad la confirmó en el título, nombre y&lt;br /&gt;derecho de Madre de Dios, como en toda verdad y rigor&lt;br /&gt;lo era, siendo madre natural de un hijo que era Dios&lt;br /&gt;eterno, con la misma certeza y verdad que era hombre. Y&lt;br /&gt;aunque esta gran Señora no cooperó inmediatamente a&lt;br /&gt;la unión de la Divinidad con la humanidad, no por esto&lt;br /&gt;perdía el derecho de Madre verdadera de Dios, pues&lt;br /&gt;concurrió administrando la materia y cooperando con sus&lt;br /&gt;potencias, en cuanto le tocaba como madre; y más madre&lt;br /&gt;que las otras, pues en aquella concepción y generación&lt;br /&gt;concurría ella sola sin obra de varón. Y como en las otras&lt;br /&gt;generaciones se llaman padre y madre los agentes que&lt;br /&gt;concurren con el concurso natural que a cada uno le dio&lt;br /&gt;la naturaleza, aunque no concurran inmediatamente a la&lt;br /&gt;creación del alma ni infusión de ella en el cuerpo del hijo,&lt;br /&gt;así también y con mayor razón María Santísima se debía&lt;br /&gt;llamar y se llama Madre de Dios, pues en la generación&lt;br /&gt;de Cristo, Dios y hombre verdadero, sola ella concurrió&lt;br /&gt;como Madre sin otra causa natural y mediante este&lt;br /&gt;concurso y generación nació Cristo hombre y Dios.&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;151. Conoció asimismo en esta visión la Virgen Madre&lt;br /&gt;todos los misterios futuros de la vida y muerte de su Hijo&lt;br /&gt;dulcísimo y de la redención del linaje humano y nueva ley&lt;br /&gt;del Evangelio que con ella se había de fundar, y otros&lt;br /&gt;grandiosos y ocultos secretos que a ningún otro santo se&lt;br /&gt;le manifestaron. Viéndose la prudentísima Reina en la&lt;br /&gt;presencia clara de la Divinidad y con la plenitud de&lt;br /&gt;ciencia y dones que como a Madre del Verbo se le&lt;br /&gt;dieron, humillóse ante el trono de Su Majestad inmensa y&lt;br /&gt;toda deshecha en su humildad y amor adoró al Señor en&lt;br /&gt;su ser infinito y luego en la unión de la humanidad&lt;br /&gt;santísima. Diole gracias por el beneficio y dignidad de&lt;br /&gt;Madre que había recibido y por el que hacía Su Majestad&lt;br /&gt;a todo el linaje humano. Diole alabanzas y gloria por&lt;br /&gt;todos los mortales. Ofrecióse en sacrificio acepto, para&lt;br /&gt;servir, criar y alimentar a su Hijo dulcísimo y para&lt;br /&gt;asistirle y cooperar, cuanto de su parte fuese posible, a&lt;br /&gt;la obra de la redención, y la Santísima Trinidad la&lt;br /&gt;admitió y señaló por coadjutora para este sacramento.&lt;br /&gt;Pidió nueva gracia y luz divina para esto y para&lt;br /&gt;gobernarse en la dignidad y ministerio de Madre del&lt;br /&gt;Verbo humanado y tratarle con la veneración y&lt;br /&gt;magnificencia debida al mismo Dios. Ofreció a su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo todos los hijos de Adán futuros, con los padres&lt;br /&gt;del limbo, y en nombre de todos y de sí misma hizo&lt;br /&gt;muchos actos heroicos de virtudes y grandes peticiones,&lt;br /&gt;que no me detengo en referirlas por haber dicho otras en&lt;br /&gt;diferentes ocasiones (Cf. supra n. 11, 50, 53, 88, 93; antes&lt;br /&gt;p. I n. 233, 334, 438), de que se puede colegir lo que haría&lt;br /&gt;la divina Reina en ésta que excedía tanto a todo lo&lt;br /&gt;demás, hasta aquel dichoso y feliz día.&lt;br /&gt;152. En la petición que hizo para gobernarse dignamente&lt;br /&gt;como Madre del Unigénito del Padre, fue más instante y&lt;br /&gt;afectuosa con el Altísimo, porque a esto le obligaba su&lt;br /&gt;humilde corazón y estaba más de próximo la razón de su&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;encogimiento y deseaba ser gobernada en este oficio de&lt;br /&gt;madre para todas sus acciones. Respondióla el Todopoderoso:&lt;br /&gt;Paloma mía, no temas, que yo te asistiré y&lt;br /&gt;gobernaré, ordenándote todo lo que hubieres de hacer&lt;br /&gt;con mi Hijo Unigénito.— Con esta promesa volvió y salió&lt;br /&gt;del éxtasis en que había sucedido todo lo que he dicho, y&lt;br /&gt;fue el más admirable que tuvo. Restituida a sus sentidos,&lt;br /&gt;lo primero que hizo fue postrarse en tierra y adorar a su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo, Dios y hombre, concebido en su virginal&lt;br /&gt;vientre; porque esta acción no la había hecho con las&lt;br /&gt;potencias y sentidos corporales y exteriores, y ninguna de&lt;br /&gt;las que pudo hacer en obsequio de su Criador, dejó&lt;br /&gt;pasarle ni de ejecutarla la prudentísima Madre. Desde&lt;br /&gt;entonces reconoció y sintió nuevos efectos divinos en su&lt;br /&gt;alma santísima y en todas sus potencias interiores y exteriores.&lt;br /&gt;Y aunque toda su vida había tenido nobilísimo&lt;br /&gt;estado en la disposición de su alma y cuerpo santísimo,&lt;br /&gt;pero desde este día de la Encarnación del Verbo quedó&lt;br /&gt;más espiritualizada y divinizada con nuevos realces de&lt;br /&gt;gracia y dones indecibles.&lt;br /&gt;153. Pero nadie piense que todos estos favores y unión&lt;br /&gt;con la Divinidad y humanidad de su Hijo Santísimo lo&lt;br /&gt;recibió la purísima Madre para que viviese siempre en&lt;br /&gt;delicias espirituales, gozando y no padeciendo. No fue&lt;br /&gt;así, porque, a imitación de su dulcísimo Hijo, en el modo&lt;br /&gt;posible, vivió esta Señora gozando y padeciendo&lt;br /&gt;juntamente, sirviéndole de instrumento penetrante para&lt;br /&gt;su corazón la memoria y noticia tan alta que había&lt;br /&gt;recibido de los trabajos y muerte de su Hijo Santísimo. Y&lt;br /&gt;este dolor se medía con la ciencia y con el amor que tal&lt;br /&gt;Madre debía y tenía a tal Hijo y frecuentemente se le&lt;br /&gt;renovaba con su presencia y conversación. Y aunque toda&lt;br /&gt;la vida de Cristo y de su Madre Santísimos fue un&lt;br /&gt;continuado martirio y ejercicio de la Cruz, padeciendo&lt;br /&gt;incesantes penalidades y trabajos, pero en el&lt;br /&gt;candidísimo y amoroso corazón de la divina Señora hubo&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;este linaje especial de padecer: que siempre traía presente&lt;br /&gt;la pasión, tormentos, ignominias y muerte de su&lt;br /&gt;Hijo. Y con el dolor de treinta y tres años continuados&lt;br /&gt;celebró la vigilia tan larga de nuestra redención, estando&lt;br /&gt;oculto este sacramento en su pecho solo, sin compañía ni&lt;br /&gt;alivio de criaturas.&lt;br /&gt;154. Con este doloroso amor, llena de dulzura&lt;br /&gt;amarga, solía muchas veces atender a su Hijo Santísimo,&lt;br /&gt;y antes y después de su nacimiento, hablándole en lo&lt;br /&gt;íntimo del corazón, le repetía estas razones: Señor y&lt;br /&gt;Dueño de mi alma, hijo dulcísimo de mis entrañas, ¿cómo&lt;br /&gt;me habéis dado la posesión de madre con la dolorosa&lt;br /&gt;pensión de haberos de perder quedando huérfana, sin&lt;br /&gt;vuestra deseable compañía? Apenas tenéis cuerpo donde&lt;br /&gt;recibir la vida, cuando ya conocéis la sentencia, de&lt;br /&gt;vuestra dolorosa muerte para rescate de los hombres. La&lt;br /&gt;primera de vuestras obras fuera de sobreabundante&lt;br /&gt;precio y satisfacción de sus pecados. ¡Oh si con esto se&lt;br /&gt;diera por satisfecha la justicia del Eterno Padre, y la&lt;br /&gt;muerte y los tormentos se ejecutaran en mí! De mi sangre&lt;br /&gt;y de mi ser habéis tomado cuerpo, sin el cual no fuera&lt;br /&gt;posible padecer vos, que sois Dios impasible e inmortal.&lt;br /&gt;Pues si yo administré el instrumento o el sujeto de los&lt;br /&gt;dolores, padezca yo también con vos la misma muerte.&lt;br /&gt;¡Oh inhumana culpa, cómo siendo tan cruel y causa de&lt;br /&gt;tantos males has merecido llegar a tanta dicha, que&lt;br /&gt;fuese su Reparador el mismo que por ser el sumo bien te&lt;br /&gt;pudo hacer feliz! ¡Oh dulcísimo Hijo y amor mío, quién te&lt;br /&gt;sirviera de resguardo, quién te defendiera de tus&lt;br /&gt;enemigos! ¡Oh si fuera voluntad del Padre que yo te&lt;br /&gt;guardara y apartara de la muerte y muriera en tu&lt;br /&gt;compañía y no te apartaras de la mía! Pero no sucederá&lt;br /&gt;ahora lo que al Patriarca Abrahán, porque se ejecutará lo&lt;br /&gt;determinado. Cúmplase la voluntad del Señor.—Estos&lt;br /&gt;suspiros amorosos repetía muchas veces nuestra Reina,&lt;br /&gt;como diré adelante (Cf. infra n. 513, 601, 611, 685, etc.),&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;aceptándolos el Eterno Padre por sacrificio agradable y&lt;br /&gt;siendo dulce regalo para el Hijo Santísimo.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio nuestra Reina y Señora.&lt;br /&gt;155. Hija mía, pues con la fe y luz divina llegaste a&lt;br /&gt;conocer la grandeza de la Divinidad y su inefable&lt;br /&gt;dignación en descender del cielo para ti y para todos los&lt;br /&gt;mortales, no recibas estos beneficios para que en ti sean&lt;br /&gt;ociosos y sin fruto. Adora el ser de Dios con profunda&lt;br /&gt;reverencia y alábale por lo que conoces de su bondad.&lt;br /&gt;No recibas la luz y gracia en vano (2 Cor., 6, 1), y sírvate&lt;br /&gt;de ejemplar y estímulo lo que hizo mi Hijo Santísimo, y yo&lt;br /&gt;a su imitación, como lo has conocido; pues siendo&lt;br /&gt;verdadero Dios, y yo Madre suya, porque en cuanto&lt;br /&gt;hombre era criada su humanidad santísima,&lt;br /&gt;reconocimos nuestro ser humano y nos humillamos y&lt;br /&gt;confesamos la divinidad más que ninguna criatura puede&lt;br /&gt;comprender. Esta reverencia y culto has de ofrecer a Dios&lt;br /&gt;en todo tiempo y lugar sin diferencia, pero más&lt;br /&gt;especialmente cuando recibes al mismo Señor&lt;br /&gt;Sacramentado. En este admirable Sacramento vienen y&lt;br /&gt;están en ti por nuevo modo incomprensible la Divinidad y&lt;br /&gt;humanidad de mi Hijo Santísimo y se manifiesta su&lt;br /&gt;magnífica dignación, poco advertida y respetada de los&lt;br /&gt;mortales para dar el retorno de tanto amor.&lt;br /&gt;156. Sea, pues, tu reconocimiento con tan profunda&lt;br /&gt;humildad, reverencia y culto, cuanto alcanzaren todas tus&lt;br /&gt;fuerzas y potencias, pues aunque más se adelanten y&lt;br /&gt;extiendan será menos de lo que tú debes y Dios merece.&lt;br /&gt;Y para que suplas en lo posible tu insuficiencia, ofrecerás&lt;br /&gt;lo que mi Hijo Santísimo y yo hicimos, y juntarás tu&lt;br /&gt;espíritu y afecto con el de la Iglesia triunfante y militante,&lt;br /&gt;y con él pedirás, ofreciendo para esto tu misma vida, que&lt;br /&gt;todas las naciones vengan a conocer, confesar y adorar a&lt;br /&gt;su verdadero Dios humanado por todos; y agradece los&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;beneficios que ha hecho y hace a todos los que le&lt;br /&gt;conocen y le ignoran, a los que le confiesan y niegan. Y&lt;br /&gt;sobre todo quiero de ti, carísima, lo que al Señor será&lt;br /&gt;muy acepto, y a mí será muy agradable, que te duelas y&lt;br /&gt;con dulce afecto te lastimes de la grosería e ignorancia,&lt;br /&gt;tardanza y peligro de los hijos de los hombres, de la&lt;br /&gt;ingratitud de los fieles hijos de la Iglesia, que han&lt;br /&gt;recibido la luz de la fe divina y viven tan olvidados en su&lt;br /&gt;interior de estas obras y beneficios de la Encarnación, y&lt;br /&gt;aun del mismo Dios, que sólo parece se diferencian de los&lt;br /&gt;infieles en algunas ceremonias y obras del culto exterior;&lt;br /&gt;pero éstas hacen sin alma y sentimiento del corazón y&lt;br /&gt;muchas veces en ellas ofenden y provocan la Divina&lt;br /&gt;justicia que debían aplacar.&lt;br /&gt;157. Esta ignorancia y torpeza les nace de no se disponer&lt;br /&gt;para adquirir y alcanzar la verdadera ciencia del&lt;br /&gt;Altísimo, y así merecen que se aparte de ellos la Divina&lt;br /&gt;luz y los deje en la posesión de sus pesadas tinieblas, con&lt;br /&gt;que se hacen más indignos que los mismos infieles y su&lt;br /&gt;castigo será mayor sin comparación. Duélete de tanto&lt;br /&gt;daño de tus prójimos y pide el remedio con lo íntimo de&lt;br /&gt;tu corazón. Y para que te alejes más de tan formidable&lt;br /&gt;peligro, no niegues los favores y beneficios que recibes,&lt;br /&gt;ni con color de ser humilde los desprecies ni olvides.&lt;br /&gt;Acuérdate y confiere en tu corazón cuán lejos tomó la&lt;br /&gt;corrida (Sal., 18, 7) la gracia del Altísimo para llamarte.&lt;br /&gt;Considera cómo te ha esperado consolándote,&lt;br /&gt;asegurándote en tus dudas, pacificando tus temores,&lt;br /&gt;disimulando y perdonando tus faltas, multiplicando&lt;br /&gt;favores, caricias y beneficios. Y te aseguro, hija mía, que&lt;br /&gt;debes confesar de corazón que no hizo el Altísimo tal con&lt;br /&gt;ninguna otra generación, pues tú nada valías ni podías,&lt;br /&gt;antes eras pobre y más inútil que otras. Sea tu&lt;br /&gt;agradecimiento mayor que de todas las criaturas.&lt;br /&gt;CAPITULO 13&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;Declárese el estado en que quedó María Santísima&lt;br /&gt;después de la Encarnación del Verbo Divino en su virginal&lt;br /&gt;vientre.&lt;br /&gt;158. Cuanto voy descubriendo más los divinos efectos y&lt;br /&gt;disposición que resultaron en la Reina del Cielo después&lt;br /&gt;de concebir al Verbo Eterno, tantas más dificultades se&lt;br /&gt;me ofrecen para continuar esta obra, por hallarme&lt;br /&gt;anegada en altos y encumbrados misterios y con razones&lt;br /&gt;y términos tan desiguales a lo que de ellos entiendo. Pero&lt;br /&gt;siente mi alma tal suavidad y dulzura en este propio&lt;br /&gt;defecto, que no me deja arrepentir de todo lo intentado,&lt;br /&gt;y la obediencia me anima y aun me compele para vencer&lt;br /&gt;lo que en un ánimo débil de mujer fuera muy violento, si&lt;br /&gt;me faltara la seguridad y fuerza de este apoyo para&lt;br /&gt;explicarme; y más en este capítulo, que se me han&lt;br /&gt;propuesto los dotes de gloria que los bienaventurados&lt;br /&gt;gozan en el Cielo, con cuyo ejemplo manifestaré lo que&lt;br /&gt;entiendo del estado que tuvo la divina emperatriz María,&lt;br /&gt;después que fue Madre del mismo Dios.&lt;br /&gt;159. Dos cosas considero para mi intento en los&lt;br /&gt;bienaventurados: la una de parte suya, la otra de parte&lt;br /&gt;del mismo Dios. De esta parte del Señor hay la Divinidad&lt;br /&gt;clara y manifiesta con todas sus perfecciones y atributos,&lt;br /&gt;que se llama objeto beatífico, gloria y felicidad objetiva y&lt;br /&gt;último fin donde se termina y descansa toda criatura. De&lt;br /&gt;parte de los santos se hallan las operaciones beatíficas&lt;br /&gt;de la visión y amor y otras que se siguen a éstas en aquel&lt;br /&gt;estado felicísimo que ni ojos vieron, ni oídos oyeron, ni&lt;br /&gt;pudo caer en pensamiento de los hombres (Is., 64, 4; 1&lt;br /&gt;Cor., 2, 9). Entre los dones y efectos de esta gloria que&lt;br /&gt;tienen los santos, hay algunos que se llaman dotes, y se&lt;br /&gt;los dan, como a la Esposa, para el estado del matrimonio&lt;br /&gt;espiritual que han de consumar en el gozo de la eterna&lt;br /&gt;felicidad. Y como la esposa temporal adquiere el dominio&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;y señorío de su dote y el usufructo es común a ella y al&lt;br /&gt;esposo, así también en la gloria estos dotes se les dan a&lt;br /&gt;los Santos como propios suyos y el uso es común a Dios,&lt;br /&gt;en cuanto se glorifica en sus Santos, y a ellos, en cuanto&lt;br /&gt;gozan de estos inefables dones, que según los méritos y&lt;br /&gt;dignidad de cada uno son más o menos excelentes. Pero&lt;br /&gt;no los reciben más de los Santos, que son de la&lt;br /&gt;naturaleza del Esposo, que es Cristo nuestro bien, que&lt;br /&gt;son los hombres y no los ángeles; porque el Verbo&lt;br /&gt;humanado no hizo con los ángeles el desposorio (Hech.,&lt;br /&gt;2, 16) que celebró con la humana naturaleza, juntándose&lt;br /&gt;con ella en aquel gran sacramento que dijo el Apóstol&lt;br /&gt;(Ef., 5, 32), en Cristo y en la Iglesia. Y como el esposo&lt;br /&gt;Cristo en cuanto hombre consta, como los demás, de&lt;br /&gt;alma y cuerpo, y todo se ha de glorificar en su presencia,&lt;br /&gt;por eso los dotes de gloria pertenecen al alma y cuerpo.&lt;br /&gt;Tres tocan al alma, que se llaman visión, comprensión y&lt;br /&gt;fruición; y cuatro al cuerpo: claridad, impasibilidad,&lt;br /&gt;sutilidad y agilidad, y éstos son propiamente efectos de&lt;br /&gt;la gloria que tiene el alma.&lt;br /&gt;160. De todos estos dotes tuvo nuestra reina María&lt;br /&gt;alguna participación en esta vida, especialmente&lt;br /&gt;después de la encarnación del Verbo Eterno en su vientre&lt;br /&gt;virginal. Y aunque es verdad que a los bienaventurados&lt;br /&gt;se les dan los dotes como a compresores, en prendas y&lt;br /&gt;arras de la eterna felicidad inamisible y como en firmeza&lt;br /&gt;de aquel estado que jamás se ha de mudar, y por esto no&lt;br /&gt;se conceden a los viadores, pero con todo eso, se le&lt;br /&gt;concedieron a María Santísima en algún modo, no como&lt;br /&gt;comprensora sino como viadora, no de asiento pero como&lt;br /&gt;a tiempos y de paso y con la diferencia que diremos. Y&lt;br /&gt;para que se entienda mejor la conveniencia de este raro&lt;br /&gt;beneficio con la soberana Reina, se advierta lo que&lt;br /&gt;dijimos en el capítulo 7 y en los demás (Cf. supra n. 70-&lt;br /&gt;122) hasta el de la Encarnación; que en ellos se declara&lt;br /&gt;la disposición y desposorio con que previno el Altísimo a&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;su Madre Santísima para levantarla a esta dignidad. Y el&lt;br /&gt;día que en su virginal vientre tomó carne humana el&lt;br /&gt;divino Verbo se consumó este matrimonio espiritual en&lt;br /&gt;algún modo, en cuanto a esta divina Señora, con la visión&lt;br /&gt;beatífica tan excelente y levantada que se le concedió&lt;br /&gt;aquel día, como queda dicho (Cf. supra n. 39); aunque&lt;br /&gt;para todos los demás fieles fue como desposorio (Os., 2,&lt;br /&gt;19) que se consumará en la patria celestial.&lt;br /&gt;161. Tenía otra condición nuestra gran Reina y Señora&lt;br /&gt;para estos privilegios: que estaba exenta de toda culpa&lt;br /&gt;actual y original y confirmada en gracia con&lt;br /&gt;impecabilidad actual; y con estas condiciones estaba&lt;br /&gt;capaz para celebrar este matrimonio en nombre de la&lt;br /&gt;Iglesia militante y comprometer todos en ella, para que&lt;br /&gt;en el mismo punto que fue Madre del Reparador se&lt;br /&gt;estrenasen en ella sus merecimientos previstos, y con&lt;br /&gt;aquella gloria y visión transeúnte de la divinidad&lt;br /&gt;quedase como por fiadora abonada de que no se les&lt;br /&gt;negaría el mismo premio a todos los hijos de Adán, si se&lt;br /&gt;disponían a merecerlo con la gracia de su Redentor. Era&lt;br /&gt;asimismo de mucho agrado para el Divino Verbo&lt;br /&gt;humanado que luego su ardentísimo amor y&lt;br /&gt;merecimientos infinitos se lograsen en la que juntamente&lt;br /&gt;era su Madre, su primera Esposa y tálamo de la&lt;br /&gt;Divinidad, y que el premio acompañase al mérito donde&lt;br /&gt;no se hallaba impedimento. Y con estos privilegios y&lt;br /&gt;favores que hacía Cristo nuestro bien a su Madre&lt;br /&gt;Santísima, satisfacía y saciaba en parte el amor que la&lt;br /&gt;tenía, y con ella a todos los mortales; porque para el&lt;br /&gt;amor Divino era plazo largo esperar treinta y tres años&lt;br /&gt;para manifestar su Divinidad a su misma Madre. Y&lt;br /&gt;aunque otras veces le había hecho este beneficio —como&lt;br /&gt;se dijo en la primera parte (Cf. supra p. 1 n. 333, 430)0—&lt;br /&gt;pero en esta ocasión de la Encarnación fue con diferentes&lt;br /&gt;condiciones, como en imitación y correspondencia de la&lt;br /&gt;gloria que recibió el alma santísima de su Hijo, aunque&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;no de asiento sino de paso, en cuanto se compadecía con&lt;br /&gt;el estado común de viadora.&lt;br /&gt;162. Conforme a esto, el día que María Santísima tomó&lt;br /&gt;la posesión real de Madre del Verbo Eterno,&lt;br /&gt;concibiéndole en sus entrañas, en el desposorio que&lt;br /&gt;celebró Dios con nuestra naturaleza, nos dio derecho a&lt;br /&gt;nuestra redención, y en la consumación de este matrimonio&lt;br /&gt;espiritual, beatificando a su Madre Santísima y&lt;br /&gt;dándole los dotes de la gloria, se nos prometió lo mismo&lt;br /&gt;por premio de nuestros merecimientos, en virtud de los&lt;br /&gt;de su Hijo Santísimo nuestro Reparador. Pero de tal&lt;br /&gt;manera levantó el Señor a su Madre sobre toda la gloria&lt;br /&gt;de los santos en el beneficio que este día le hizo, que&lt;br /&gt;todos los Ángeles y hombres no pudieron llegar en lo&lt;br /&gt;supremo de su visión y amor beatífico al que tuvo esta&lt;br /&gt;divina Señora; y lo mismo fue en los dotes que redundan&lt;br /&gt;de la gloria del alma al cuerpo, porque todo&lt;br /&gt;correspondía a la inocencia, santidad y méritos que&lt;br /&gt;tenía, y éstos correspondían a la suprema dignidad entre&lt;br /&gt;las criaturas de ser Madre de su Criador.&lt;br /&gt;163. Y llegando a los dotes en particular, el premio del&lt;br /&gt;alma es la clara visión beatífica, que corresponde al&lt;br /&gt;conocimiento oscuro de la fe de los viadores. Esta visión&lt;br /&gt;se le concedió a María Santísima las veces y en los&lt;br /&gt;grados que dejo declarado (Cf. supra ib.) y diré adelante&lt;br /&gt;(Cf. infla n. 473, 956, 1471, 1523; p. III n. 62, 494, 603, 616,&lt;br /&gt;654, 685). Fuera de esta visión intuitiva tuvo otras muchas&lt;br /&gt;abstractivas de la Divinidad, como arriba se ha dicho (Cf.&lt;br /&gt;supra n. 6-101). Y aunque todas eran de paso, pero de&lt;br /&gt;ellas le quedaban en su entendimiento tan claras aunque&lt;br /&gt;diferentes especies, que con ellas gozaba de una noticia&lt;br /&gt;y luz de la Divinidad tan alta, que no hallo términos para&lt;br /&gt;explicarla; porque en esto fue singular esta Señora entre&lt;br /&gt;las criaturas, v en este modo permanecía en ella el efecto&lt;br /&gt;de este dote compatible con ser viadora. Y cuando tal vez&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;se le escondía el Señor, suspendiendo el uso de estas&lt;br /&gt;especies para otros altos fines, usaba de sola la fe infusa,&lt;br /&gt;que en ella era sobreexcelente y eficacísima. De manera&lt;br /&gt;que, por un modo o por otro, jamás perdió de vista aquel&lt;br /&gt;objeto Divino y sumo bien, ni apartó de él los ojos del&lt;br /&gt;alma por un solo instante; pero en los nueve meses que&lt;br /&gt;tuvo en su vientre al Verbo humanado, gozó mucho más&lt;br /&gt;de la vista y regalos de la divinidad.&lt;br /&gt;164. El segundo dote es comprensión o tención o&lt;br /&gt;aprensión, que es tener conseguido el fin que&lt;br /&gt;corresponde a la esperanza y le buscamos por ella para&lt;br /&gt;llegar a poseerle inamisiblemente. Esta posesión y&lt;br /&gt;comprensión tuvo María Santísima en los modos que&lt;br /&gt;corresponden a las visiones dichas, porque como veía a&lt;br /&gt;la Divinidad así la poseía. Y cuando quedaba en la fe sola&lt;br /&gt;y pura, era en ella la esperanza más firme y segura que&lt;br /&gt;lo fue ni será en pura criatura, como también era mayor&lt;br /&gt;su fe. Y a más de esto, como la firmeza de la posesión se&lt;br /&gt;funda mucho de parte de la criatura en la santidad segura&lt;br /&gt;y en no poder pecar, por esta parte venía a ser tan&lt;br /&gt;privilegiada nuestra divina Señora, que su firmeza y&lt;br /&gt;seguridad en poseer a Dios competía en algún modo,&lt;br /&gt;siendo ella viadora, con la firmeza y seguridad de los&lt;br /&gt;bienaventurados; porque por parte de la inculpable e&lt;br /&gt;impecable santidad tenía seguro el no poder perder&lt;br /&gt;jamás a Dios, aunque la causa de esta seguridad en ella,&lt;br /&gt;viadora, no era la misma que en ellos gloriosos. En los&lt;br /&gt;meses de su preñado tuvo esta posesión de Dios por&lt;br /&gt;varios modos de gracias especiales y milagrosas, con que&lt;br /&gt;el Altísimo se le manifestaba y unía con su alma purísima.&lt;br /&gt;&gt;&gt;sigue parte 7&gt;&gt;&lt;br /&gt;108&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/99439153002901095-7531157166946886623?l=misticaciudaddedios6.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios6.blogspot.com/feeds/7531157166946886623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios6.blogspot.com/2008/12/mstica-ciudad-de-dios-6-parte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/99439153002901095/posts/default/7531157166946886623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/99439153002901095/posts/default/7531157166946886623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios6.blogspot.com/2008/12/mstica-ciudad-de-dios-6-parte.html' title='MÍSTICA CIUDAD DE DIOS 6ª PARTE'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SVgHduT73wI/AAAAAAAAAcw/8wZUyReATxY/s72-c/Image245.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
